Superhéroes y Ciencia: El Increíble Hulk [1]
por Carlos Roque Sánchez | 16:53 - 23 de junio de 2008 | 5 Comentarios |
Lo cierto es que es un superhéroe con poco atractivo físico y, menos aún, psicológico. Una mole de color verde “fosforito”, con un comportamiento un tanto infantil y que se mueve como elefante en cacharrería. Ya entienden. Por donde pasa arrasa. Un destroza todo. Pocos ingredientes, ya ven, para un superhéroe. Pero es que no hay más.
Bueno está lo del “alter ego”. El inteligente y enclenque científico, Bruce Banner, comparte protagonismo con el elemental y verde gigantón. Como un sosia del dicotómico ‘El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde’ de R. L. Stevenson. Un hilo prometedor del que habrá que tirar.
Nacido en pleno dominio social de la física nuclear, la causa de los superpoderes resulta ser, una vez más, algún tipo de radiación. En este caso los más que archiexplotados en el universo Marvel, rayos gammas, ahora producidos en un experimento militar y a los que, por fortuna o desgracia, el Dr. Banner se ve sometido. Como consecuencia de ello lo de siempre. Sufre unos sorprendentes efectos radiactivos cada vez que, y sólo cuando, se irrita. Sí, sólo cuando está furioso. Y este detalle, es de justicia reconocerlo, es novedoso. Muy novedoso. Volveremos sobre él.
Con el fenomenal cabreo se convierte en un hombretón que sobrepasa los dos metros (2 m) de altura y unos novecientos kilogramos (900 kg) de masa. Lo que no está nada mal, teniendo en cuenta que el escuchimizado científico apenas llega al 1,70 m y los 70 kg. Por supuesto su fuerza es extraordinaria, lo que le permite realizar proezas increíbles.
Recorre distancias kilométricas de un solo salto; les estoy hablando de pegar un salto de más de mil quinientos kilómetros (1500 km), como de Sevilla a …, ¿demasiado, no? Levanta cuerpos de masas inimaginables e imposibles para un hombre; en cierta ocasión aguantó sobre sus hombros toda una cordillera, ¿lo pueden creer? O lanza carros de combate a kilómetros de distancia, como si fuera un lanzador de martillo en atletismo. Una pasada de fuerte. Y no queda ahí la cosa.
Cuando choca las palmas de las manos lo hace con una violencia tal, que produce una onda de choque capaz de destrozar cualquier cosa que se le ponga por delante. Un fenómeno físico interesante de estudiar. También destaca su increíble resistencia al daño físico. Soporta los disparos de un cañón de gran calibre y sobrevive a bombas antitanques. Además posee una gran capacidad para tolerar las temperaturas extremas, desde -129 °C hasta unos 5000 °C, sin síntomas de congelación ni abrasión.
Incluso puede sobrevivir en el vacío del espacio, durante cortos períodos de tiempo, sin sufrir cansancio. Y curar partes de su cuerpo, perdidas o dañadas, de forma rápida y eficiente en cuestión de minutos; como una regeneración de tejidos acelerada. Al igual que ocurre con su fuerza física, este factor de recuperación aumenta cuando está enfurecido. Por otro lado, su sistema inmunológico es tan fuerte que le hace inmune a todas las enfermedades e infecciones existentes.
Como pueden ver, no son pocos los fenómenos a los que la ciencia ha de encontrar respuesta. Si es que la tienen
Pues que así, del tirón, son muy pocos los superpoderes que se podrían justificar, aunque fuese mínimamente. Empezando porque, como ya comentamos en Los Cuatro Fantásticos, hay que negar la mayor. Someterse a una elevada dosis de radiación gamma, en absoluto puede reportar beneficio alguno a nadie. Las mutaciones que producen en las moléculas de ADN, contenedores de la información genética de las células, son impredecibles pero siempre mortales y nunca con los efectos asombrosos que les ocurren a superhéroes y supervillanos del mundo del cómic. Para eso son de ficción. (Continuará).



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