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Cine de Ciencia

Superhéroes y Ciencia: Sherlock Holmes (IV)

por | 5 de abril de 2010

(Continuación) Es muy conocido de todos que los relatos de Sherlock Holmes marcaron, en su momento, el inicio de un nuevo género literario: el de la novela policíaca científica.

Un género que tiene basada su trama en la resolución de los casos más intrincados y misteriosos, utilizando para ello la lógica y la ciencia.

Lo que ya no es tan conocido es el hecho de que, tanto la personalidad del detective como el método deductivo que emplea, estaban inspirados en una persona que existió realmente: el doctor en medicina Joseph Bell (1837-1911), el verdadero Sherlock Holmes.

¿Quién fue este doctor? ¿Qué tuvo que ver con Conan Doyle? ¿Cuál es su relación con Holmes?

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Superhéroes y Ciencia: Sherlock Holmes (III)

por | 8 de marzo de 2010

Les hablaba la semana pasada de la existencia de un libro sobre la realidad de la faceta detectivesca del novelista Arthur Conan Doyle.

Lleva por título ‘Conan Doyle, detective’, por subtítulo ‘Los crímenes reales que investigó el creador de Sherlock Holmes’ y su autor es Peter Costello.

Hasta donde sé, se trata del último libro escrito sobre A. C. Doyle. Un volumen en el que se recogen casos reales, en los que el autor escocés ayudó, de cierta forma, a Scotland Yard en la resolución de algunos casos criminales.

Y no sólo lo hizo con por la policía. También fue requerido por periodistas y, a veces, por personas que, considerándose inocentes, habían sido acusadas de algún delito. Cuando no lo hizo por él mismo, por iniciativa propia. ‘Motu proprio’.

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Superhéroes y Ciencia: Sherlock Holmes (II)

por | 1 de marzo de 2010

(Continuación) Por ejemplo no le falta un llamativo disfraz que llevar. Y si no llamativo, el suyo, al menos, no me negarán que es peculiar.

Lo que obliga a preguntarnos, ¿qué hay de cierto en lo que respecta a su gorra de diseño imposible o a su barroca pipa de fumar?

Ni compañeros de aventuras. Ahí están su media naranja, ¿qué me dicen del entrañable Dr. Watson?

O de los Irregulares de Baker Street, ese grupo de pilluelos callejeros que constituyen su particular ejército.

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Superhéroes y Ciencia: Sherlock Holmes (I)

por | 22 de febrero de 2010

Es de esperar por deseable, que el cuasi reciente impulso mediático que el celuloide ha proporcionado, al que está considerado “el detective” por antonomasia, propicie también un gusto por la lectura en el gran público.

Un interés literario doble. Tanto por su ingenioso creador, Sir Arthur Conan Doyle, como por el agudo detective, Sherlock Holmes.

El primer gran detective de la historia. A qué dudarlo.

Y si bien es cierto existen precuelas a considerar, no lo es menos que, éstas, no dejan de ser más que meras aproximaciones y tentativas.

Pocos no estarán de acuerdo en el hecho de que con él, con Sherlock, empieza de verdad el género policíaco.

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Superhéroes y Ciencia: Simpson y Nature [2]

por | 16 de diciembre de 2007

(Continuación) En la anteriormente citada entrevista, el jefe de los guionistas de Los Simpson, Al Jean, manifestaba con cierta amargura: “Ahora la gente considera a los científicos villanos y no les escucha, lo que me parece trágico”. No está falto de razón. Aunque también es cierto que al público, como a él mismo, le gusta que aparezcan “científicos invitados” en los capítulos.

Cuando se le pregunta qué científico de todos los tiempos, le gustaría tener como invitado en el programa, no lo duda: Isaac Newton. Pero ya no vive. Como tampoco Albert Einstein, perfecta personificación de un científico. De entre los vivos, titubea. Prefiere no pronunciarse. No ve ninguna figura comparable a las anteriores, en la actualidad. Si acaso, por aquello del tirón mediático, Stephen Hawking. Por eso lo llevó.

Stephen Hawking en Springfield

El genial físico y cosmólogo, que ha profundizado en el conocimiento sobre el origen del universo y la existencia de los agujeros negros, estuvo como estrella invitada en uno de los capítulos. Una de las escenas refleja a la perfección esa actitud de los ciudadanos hacia la ciencia. En ella aparece Hawking en su silla de ruedas, frente a los habitantes de Springfield y les dice lo que deberían hacer. Es cuando Homer comenta: “¡Sí, Larry Flynt tiene razón!”.

Lo esperpéntico viene porque confunde al científico con el editor y dueño de ‘Hustler’, una revista pornográfica que no tiene nada que ver con los agujeros negros y la física cuántica. O sí, vaya usted a saber. Al fin y al cabo, dicen que el octavo día, Dios creó a Homer Simpson. Y todos tenemos algo de Homer. Pero Hawking no ha sido el único en asomarse a esta irónica serie.

Otros científicos famosos

Entre ellos, el popular biólogo teórico, paleontólogo y divulgador científico estadounidense Stephen Jay Gould. Un agnóstico que no veía conflicto posible entre ciencia y religión, al ocuparse una de explicar cómo funciona el mundo y la otra de su moral. Fue un acérrimo luchador contra cualquier tipo de pseudociencia y el uso de social de la ciencia como fundamento ideológico del poder. Pocos ignoran su ‘tour de force’ sociobiológico con el etólogo británico Richard Dawkins.

Incluso aparece en la serie un nobel. En concreto, el Premio Nobel en Química de 1986 Dudley R. Herschbach, por el desarrollo de la dinámica de procesos químicos elementales. Una serie de investigaciones basadas en una técnica de cruce molecular. Dudley hace entrega del nobel al Profesor Frink, el excéntrico científico del pueblo ficticio donde vive la familia Simpson. El motivo, haber devuelto la vida a su padre muerto. Sin comentario. Se trata del mismo Profesor Frink que en uno de los episodios no se le ocurrió otra cosa, para poner calma en una agitada conferencia de científicos, que gritar: “¡El número Pi es exactamente tres!”. Genial.

Tras la concesión del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2007 a la revista ‘Nature’, compartido con ‘Science’, cabe preguntarse cuándo aparecerá alguna de ella en la famosa serie amarilla. Demos tiempo al tiempo.

“Mmm… Pi”

Hablando del número pi hay una referencia, ésta protagonizada por Apu cuando, al declarar en un juicio como testigo, el abogado le pregunta si tiene buena memoria. El tendero responde: “Sí, he memorizado el número pi con un millón de decimales”. Para hacer esta cita la redacción de la serie llamó a Caltech, el Instituto Tecnológico de California en Pasadena, quería confirmar si este dato de la millonésima de pi era correcto”. Lo era.

En esa misma escena se oye a Homer decir: “Mmm… Pi” y se ve que empieza a babear. La gracia está en que, en inglés, el número Pi se pronuncia igual que pie, que significa torta. Y conociendo su glotonería, no es de extrañar. (Camarero: ¿Qué desea el señor, un filete o dos? Homer: Ambas cosas)

Escrito por Carlos Roque Sánchez [email protected]

 

Superhéroes y Ciencia: Simpson y Ciencia [1]

por | 25 de noviembre de 2007

Son como de la familia. No en vano llevan ya entre nosotros veinte años. Los mismos que han cumplido desde que los creó Matt Groening en 1987. Los Simpson, los mejores dibujos animados de todos los tiempos, al decir de muchos. Una serie a la que su humor e inteligencia (“Si cierro los ojos, no tiene porqué estar pasando”), ironía e irreverencia (“Mi personaje de ficción favorito es Dios”), sarcasmo y constantes guiños al espectador (“Ohh Marge, mi gran reina… y Lisa, mi amada princesa… y como olvidarme del niño rata”) y los distintos niveles de lectura que puede ofrecer, hacen que pueda ser disfrutada por todos los públicos. Aunque todos miráramos el mismo episodio, cada uno veríamos uno distinto, en función de nuestra edad y formación.

Además, y motivo por el que viene a esta sección de ‘Ciencia y Cine’, la serie se ha convertido en uno de los mejores programas televisivos de divulgación científica. Así como lo leen y, por supuesto, por méritos propios. Porque ¿En qué otra serie de TV han visto ustedes que aparezca Stephen Hawking, como si fuera lo más natural del mundo? ¿Que un padre regañe a su hija por ir en contra de las leyes de la termodinámica? ¿O que un niño como Bart descubra un cometa, aunque sea por accidente?

Sólo en la famosa familia amarilla de la tele, cuyos miembros demuestran tener unos curiosos conocimientos científicos. Si bien es cierto que no todos por igual. Las cosas como son.

Los cerebros grises

En cualquiera de los casos, ¿de dónde viene este interés simpsoniano por la ciencia? Lógicamente de sus guionistas. Ellos son el nexo entre la familia más popular de Springfield y la ciencia. Algunos tienen formación científica -son licenciados en Física, Matemáticas, etc- y todos comparten la idea de que el humor debe llegar a todas partes, incluida la misma ciencia. Lo que se plasma en bastantes capítulos de la serie, que vienen aderezados con chistes sobre matemáticas, biología o física (“En la vida hay tres tipos de personas: los que saben contar y los que no”).

Los guiños científicos no escasean y aciertan a mostrarlos de una manera que es de agradecer. Ponen especial interés, cuando analizan una cuestión científica, en ofrecer las dos versiones del asunto, para así permitir a los telespectadores formarse su propia opinión. Nada más científico que esta postura, bastante inusual por otro lado, en los medios de comunicación. Un mérito de los guionistas, los grandes olvidados de esta historia, los cerebros anónimos.

Lisa, la escéptica

Un buen ejemplo de lo que les digo es ese capítulo en el que en el que Lisa protesta contra la inclusión del Creacionismo en la escuela. En él, ella afirma que el Creacionismo no es ciencia, sino una credulidad que se ha demostrado, además, errónea. A diferencia de la Teoría de la Evolución, que está sólidamente fundada desde el punto de vista científico. De modo que no están en el mismo plano de racionalidad, por lo que no se pueden ni comparar. Hasta nombra a Juan Pablo II, no les digo más.


No hay que esforzarse mucho para comprender que la niña es la voz de los guionistas, sobre todo en temas científicos. Al decir del propio Groening: “Lisa es la única que, tal vez, sea capaz de encontrar una salida… al menos de la ciudad de Springfield”. Junto a su padre forman los dos extremos de la cultura. Él, un símbolo del estadounidense ignorante (“Lisa, cariño los vampiros no existen, son seres imaginarios como los duendes, los gnomos o los esquimales”) e indolente (“Es mejor ver hacer cosas que hacer cosas”). Ella, tan inteligente, tan sensible y tan racional. Una pequeña Lulú, de sólo ocho años, peinada como una estrella de mar y a la que le gusta tocar el saxo barítono. Un ejemplo de cordura.

La película

Tras el éxito televisivo, lo de la película se veía venir. Y, natural, con carga científica. La trama es ambiental, perdón, medio ambiental. Una parodia del film de Al Gore sobre el cambio climático. En una conferencia que Lisa da -de título “La verdad irritante”, en clara burla al goriano documental-, trata de informar a la población acerca de la realidad de la situación. Como suele ocurrir en la vida, las palabras de la niña no son escuchadas y ella queda como una persona impopular entre sus conciudadanos. No dice lo que ellos quieren oír. Y ya se sabe.

Con motivo del estreno de esta primera película, el jefe de los guionistas de Los Simpson , Al Jean, licenciado en Matemáticas por Harvard, fue entrevistado para la prestigiosa revista científica ‘Nature’, que le dedicó dos páginas. No olvidemos que es la publicación en la que sueñan aparecer todos los científicos del mundo. Todo un reconocimiento. (Continuará)

Escrito por Carlos Roque Sánchez croque@supercable.es

 

Superhéroes y Ciencia: Vuelve Indiana Jones

por | 14 de octubre de 2007

Con su cuarta entrega y lo hace por donde solía. Nada ha cambiado para este incombustible aventurero cinematográfico. Ahora con su nueva película, Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull, que tiene previsto el estreno para el 22 de mayo de 2008.

Llega veintisiete años después de quitarle el Arca de la Alianza a los nazis, En busca del Arca perdida (1981); veinticuatro de buscar niños raptados, Indiana Jones y el Templo maldito (1984); y diecinueve de beberse el agua del Grial, Indiana Jones y la Última Cruzada (1989). Vuelve a sus orígenes el arqueólogo más famoso y lo hace en busca de una misteriosa calavera de cristal ¿Qué se sabe de esta extraña pieza?

La Calavera del Destino

Según el aventurero británico F.A. Mitchell-Hedges, el 1 de enero de 1924, su hija Anna la encontró en las excavaciones que se realizaban en Lubaantun, una ciudad maya del sur de Belice. Justo el mismo día que cumplía 17 años, una curiosa casualidad. La llamó la Calavera del Destino y está formada por dos bloques de cuarzo, cráneo y mandíbula, mide 13,3 cm de alto y tiene una masa de unos 5 kg. Al decir de Mitchell-Hedges, la calavera de cristal de roca tenía al menos 3600 años de antigüedad, procedía de la Atlántida y, en hacerla, se debieron emplear unos 150 años. Tanta tardanza había sido motivada porque fue construida frotando, manualmente con arena, un inmenso bloque de cristal de roca hasta que finalmente quedó el cráneo. Un ingente trabajo para varias generaciones de hombres.

Eso es al menos, lo que contaba este británico que, por cierto, no era ni arqueólogo ni científico. Quizás por eso no decía nada sobre la fuente de esos datos relacionados con su origen, antigüedad y construcción. Un comportamiento poco científico el suyo y una extraña actividad la de los atlantes. De acuerdo con la leyenda, difundida también por el propio Mitchell-Hedges, la calavera era utilizada por el gran sacerdote de los mayas, en la celebración de ritos esotéricos. Con ella invocaba a la muerte que, al parecer, siempre acudía. De modo que venía a ser como la encarnación de todo mal. Una maléfica leyenda, ¿pero qué hay de verdad en toda esta historia?

En busca de la verdad oculta

Para empezar sorprende que, a pesar de ser descubierta por su hija, supuestamente en 1924, él no la mencionara, de pasada y en apenas un reglón de su autobiografía, hasta 1944. Un suspecto descuido. También llama la atención que tanto padre como hija, se hayan negado siempre a ceder la pieza para que fuera examinada en un laboratorio. Una suspecta negativa. Lo que no pudieron impedir es que, a principios de los años 80, se rastrearan los más que suspectos orígenes del cráneo cristalino. Se encontraron detalles sorprendentes.

De entrada, los arqueólogos que sí excavaron en Lubaantun, nunca la han mencionado en sus publicaciones. No aparece en ningún documento, escrito o gráfico, que dicha calavera fuera descubierta allí. Es más, tampoco aparece en ninguno de ellos que Anna, quien supuestamente la encontró, hubiera estado ni un solo día allí ¿Entonces cómo la encontró? Lo que sí descubrieron los investigadores fue un documento de la famosa tienda de subasta Sotheby’s de Londres. En él se acredita que en 1944, F.A Mitchell-Hedges, ¿le suenan el año y el nombre? pagó 400 libras por ella a su propietario, un tal Sydney Burney. Blanca y en vasija. Pero, ¿de dónde la había sacado Burney?

Hay más de una calavera

La Calavera del Destino no es única en su género. En 1898, el Museo Británico adquirió una en Tiffany’s, Nueva York, por 120 libras a un comerciante de antigüedades francés, Eugène Boban, que afirmó procedía de Mesoamérica. Análisis realizados con microscopía electrónica de barrido, encontraron unos surcos regulares que sólo podían ser hechos mediante un pulido mecánico. Nunca de forma manual. También revelaron que el cuarzo de la calavera era de cristal brasileño. Un material nunca encontrado en Mesoamérica y sí en la Alemania del siglo XIX. En 1960, la Institución Smithsoniana adquirió en México otro cráneo, presumiblemente, azteca. Al ser examinado en 1992 se concluyó que había sido fabricado recientemente, y comprado a Boban, sí el marchante de antigüedades francés. Él aseguró haberlo adquirido en… sí, Alemania, como otras tantas.


Lo mismo se puede decir de todas las calaveras que se han podido investigar hasta ahora. Todas fueron adquiridas a Boban en Alemania. Algo olía a podrido, arqueológicamente hablando, en esa Alemania del siglo XIX. En 1959, Mitchell-Hedges moría sin confesar cómo la había obtenido y negándose a que la analizaran científicamente ¿Por qué? Su hija, tres cuartos de lo mismo. Estos estafadores siempre reaccionan de la misma forma, al sentirse acorralados por la verdad. Mercanchifles ganapanes.

Escrito por Carlos Roque Sánchez [email protected]

 

Superhéroes y Ciencia: Sangre, sudor y lágrimas

por | 15 de septiembre de 2007

Según nos dicen los Evangelios, la noche antes de su crucifixión Cristo, sabedor de su muerte, sudó sangre mientras oraba en el Huerto de los Olivos ¿Es un acto sobrenatural o se puede sudar sangre? La afirmación evangélica, sagrada y reveladora para los creyentes, no tiene porqué ser milagrosa. No es una cuestión de fe en sí.


Desde hace años este fenómeno es conocido en medicina como hematohidrosis. Sucede cuando los vasos capilares del rostro se rompen al contraerse y dilatarse de forma extrema, produciéndose hemorragias en la capa epidérmica más próxima a las glándulas sudoríparas. Las causas pueden ser varias: un agotamiento o miedo extremos, gran ansiedad, estrés, debilidad física, graves heridas, etc. Así la sangre se mezcla con el sudor y brota por la piel. Por tanto, en principio, sudar sangre es sólo un síntoma del Cristo hombre. No del Hijo de Dios.

Tan conocida es esta sintomatología médica que ha servido, incluso, de inspiración en la literatura de misterio. En concreto, Edgar Allan Poe empleó la hematohidrosis en “La máscara de la muerte roja”, una novela donde las víctimas de una extraña plaga medieval exudaban su sangre por los poros del rostro. Ciencia ficción de la buena.

¿Se puede llorar sangre?

Pues sí. Las personas sí pueden llorar sangre. También lo hacen las ratas, bueno, no exactamente. Se lo explico. Las ratas no expulsan auténtica sangre. Se trata de un fenómeno llamado cromodacriorrea y las lágrimas sólo están teñidas de color rojo. La ticción es debida a la porfirina, un compuesto segregado por la glándula harderiana, que está situada tras la cavidad ocular. Es la única causa conocida entre los animales irracionales.

En el caso de los seres humanos, hasta donde me he podido informar, existen dos posibles orígenes para este anómalo y desconocido fenómeno. Son escasas, por suerte, y privadas las personas que lo padecen, pero el cine ha hecho pública a una de ellas. Es un personaje muy conocido: el villano de ‘Casino Royale’, la última película de 007.

El malvado LeChiffre

Ni los hombres por ser santos ni las ratas lo hacen, pero él sí. LeChiffre. Un malo que mola mucho, con su cicatriz y un extraño síntoma: llora sangre. No es un malhechor al uso. No es un loco. Ni es un megalómano. Tampoco es un científico con ansias de dominar el mundo. No tiene en sus manos alta tecnología para vender a Korea y desatar un holocausto nuclear. No. Es más sencillo que todo eso.

Le salen mal sus trapicheos en la bolsa y pierde un dinero que no es suyo, con el consiguiente cabreo de sus dueños, que ya se lo imaginan son de coco y huevo y quieren que se lo devuelva ¿Solución? Jugar y ganar una partida de poker, en la exclusiva timba de un superlujoso casino de Montenegro. Y hasta aquí les puedo contar de la ficción peliculera. Pero a lo que íbamos. En los momentos de tensión de la partida, a LeChiffre le sangra un ojo, ¿es esto posible? ¿Qué dice la ciencia al respecto?


Dice que sí. Que una de las posibles razones sería porque padeciera de dacriohemorrea: emisión de sangre mezclada con lágrimas, de etiología postraumática o tumoral. El malo en la ficción podría supurar sangre en la realidad, a causa de un tumor en el lagrimal. Un historial médico conocido. La otra posible causa estaría relacionada con una infección africana: sería una víctima del ébola. En 1976 los primeros médicos que estudiaron el virus en Zaire, manifestaron que los afectados parecían zombis que se desangraban por todos los orificios corporales, incluidos los ojos. Como el malandrín de LeChiffre de Casino Royale. Ahí está. Un ejemplo de buena ficción científica. Que como todo lo bueno cuesta sangre, sudor y lágrimas. Es un dicho.

Escrito por Carlos Roque Sánchez croque@supercable.es

 

Superhéroes y Ciencia: Más artistas inventores

por | 30 de agosto de 2007

Marlon Brando (1924-2004)

Casi todo el mundo lo tiene considerado como uno de mejores actores de todos los tiempos, si no el mejor. Pero muy pocos saben que le gustaba tocar un instrumento de percusión, el bongó o conga. Un tambor con el que se acompañan diferentes ritmos afroamericanos. Una afición que le llevó a tomar durante su juventud, lecciones del legendario Tito Puente nada menos, unido a la genial Celia Cruz ¡Azúcar! En Brando su amor por el bongó llegó a ser pasión. Hasta inventó un dispositivo para tensarlo, un tensor de bongó. Sí. Seguro que usted no tenía ni idea.


El tensor bonguero no era mejor que otros muchos ya existentes, pero él se empeñó en patentarlo poco antes de morir, en 2002 (“Le haré una oferta que no podrá rechazar”). Como para negarse.

Julie Newmar (1935)

Aunque conocida como actriz y bailarina, a Julie Newmar la fama le vino vía televisión. Sobre todo por su sensual papel de Catwoman, en la famosa serie de televisión del superhéroe Batman, de 1966. Un personaje que apareció por primera vez en 1940, en el cómic de Batman de DC Comics. La mítica serie basada en el hombre murciélago, que nació en el ya legendario nº 27 de la revista Detective Comics. Un objeto de culto entre los aficionados.

Desde entonces la poderosa y sensual mujer con poderes de gato, ha maullado mucho en cómic, televisión y cine. Y lo ha hecho con diferentes caras y cuerpos. En cine, tres actrices la han interpretado: Lee Meriwether, en los años 70, cuando la serie de TV Batman; Michelle Pfeiffer, en Batman Returns de 1992; y Halle Berry, en Catwoman de 2004. Una felina que ha sido tanto superheroína como delincuente, algo insólito en los superhéroes.

Pero no es su faceta de actriz lo que trae, a este negro sobre blanco, a la Newmar. Esta leyenda de Hollywood y de la televisión patentó, en 1975, un nuevo tipo de leotardos: los pantis. Pero empecemos por el principio que comienzos quieren las cosas. Nuestra sexy actriz intervino de forma activa, en el diseño de los trajes de Catwoman para la serie de televisión. Ella definió el tipo de vestimenta y su diseño que llamó “curvy look”.


Suya fue la idea del relumbrante cinturón dorado alrededor de las caderas, en vez de en la cintura. Sabía que así resaltaba sus formas. Vaya si las resaltaba. También tenía claro que los leotardos de la época no favorecían el trasero de la mujer, pues lo aplastaban. Todo lo contrario de lo que ella deseaba. Así que buscó una solución. Cortando los leotardos de forma sesgada, en diagonal al hilo de la tela y haciendo la costura central elástica, las nalgas quedaban resaltadas. Todo un acierto. Cuando fue a patentar el panti lo hizo con el nombre de “body perfecting hose” (medias que perfeccionan el cuerpo), pero la Oficina de Patentes de USA decidió que era más ajustado al efecto producido el de “cheeky derriere” (trasero descarado). Y así quedó.

Jaime Lee Curtis (1958)

Puede parecer, a primera vista, la típica actriz de cine al uso. Hija de dos mitos, Janet Leigh y Tony Curtis, no es de extrañar la vocación de actriz y el éxito profesional. Baste recordar su protagonismo en Mentiras Arriesgadas (1994) o en el clásico de terror Halloween (1978). Pero aquí acaba el tópico. Porque, lo que ya no es tan usual es que, también, esta mujer destaque como afamada escritora de cuentos infantiles, con una extensa obra publicada. No. No lo es. Como tampoco es frecuente que esté en posesión del título de Lady Haden-Guest, al ser baronesa por casamiento con el barón Haden-Guest. Un título que, discretamente, no suele usar cuando se encuentra en Estados Unidos. Artista, escritora, aristócrata y sencilla. Una rara combinación.


Pero lo que ya no es esperable de una mujer que es todo lo anterior, es que sea… ¡inventora! Sí como lo leen. El 28 de junio de 1988, la Curtis patentaba unos pañales que ella misma había diseñado. Inventiva de artista. Consistía en un pañal de tela, de quita y pon, con un receptáculo en el que se pueden guardar toallitas húmedas para la limpieza del pequeño. Instinto maternal. Perfecto. Al fin y al cabo, no hay nada como una madre. Y si además es baronesa, escritora y actriz. Va a ser cierto que no sabemos tanto de los famosos como pensamos.

Escrito por Carlos Roque Sánchez [email protected]

 

Superhéroes y Ciencia: Hedy Lamarr

por | 8 de agosto de 2007

Si ha cumplido ya el medio siglo de edad, es probable que le suene el nombre y que reconozca la fotografía de la actriz. Nacida en Austria, Hedwig Eva Maria Kiesler era hija de un banquero y, desde muy joven, ya mostró cualidades de “ingeniera”. Con cuatro años desmontó el reloj de oro de su padre, con la intención de montarlo de nuevo. Al menos lo intentó. Cosas de niñas. Pero el caso es que ya apuntaba una osada y talentosa precocidad. Una peculiaridad que se confirmaría con el tiempo. Para empezar, con tan solo 15 años, inició los estudios de ingeniería. Una carrera algo insólita en aquella época para una mujer. Tras tres años de estudios los abandonó por una repentina pasión: el cine.


Tanta pasión le puso que, en 1932, con 19 años, protagonizó el primer desnudo de una mujer en una película comercial, Éxtasis. Ya les hablé de su precocidad. No les digo la que se formó. Fue tal el escándalo en toda Europa, que se tuvo que retirar del cine. Entonces, su padre, le arregló un casamiento con un rico industrial alemán pronazi. Pero a Hedwing no le gustaron ni el hombre, ni sus ideas políticas. Además, obsesionado con su belleza, la mantenía, prácticamente, secuestrada. Sólo podía salir con él o con alguien de su confianza. No. Tampoco le gustaba el esposo.

América, América
El poco afortunado enlace duró un tiempo. No obstante fueron unos años, los del matrimonio, que ella no desaprovechó. En su “reclusión marital” reanudó los estudios de ingeniería. Pero la situación no podía durar. En una rocambolesca historia, digna de una película de aventuras, la joven escapó de su marido. Huyó primero a París, luego a Londres y finalmente a los Estados Unidos. Allí, Edwing retomó su carrera de actriz, ya con el nombre de Hedy Lamarr. Un par de docenas de películas, que podríamos calificar de discretas, configuran su trayectoria artística. Nada resaltable, salvo su extraordinaria belleza. Sucesora de la rubia Jean Harlow, a mediados del siglo XX encarnó un nuevo canon de belleza. Una mujer morena, enigmática y elegante. En los años cuarenta era conocida como “la mujer más bella del mundo”. Representaba la voluptuosidad, el exotismo y la sofisticación que cualquier mujer del mundo deseaba tener.

Una actriz inventora
Pero Hedy no sólo tenía belleza y talento artístico. No olvidemos sus conocimientos de ingeniería, adquiridos en la vieja Europa, y su inteligencia natural. Ambos los empleó para combatir a los nazis. Desarrolló un sistema de comunicaciones por radio, que no podía ser interceptado por el enemigo, al estar cambiando de frecuencia continuamente. Un invento muy interesante para los espías, ya que dificultaba su localización. Lo registraba el 11 de agosto de 1942, como “sistema de comunicaciones secreto”, el mismo día que los EEUU entraban en la Segunda Guerra Mundial. Al poco tiempo, Hedy, cedía los derechos de la patente al ejército estadounidense. En dicho documento aparece la inscripción H.K Markey et al. Las iniciales H.K. son las de Hedwig Kiesler, siendo Markey el apellido de casada que tenía por aquella época. Su patriótica aportación fue conocida y el 1 de Octubre de ese mismo año, el New York Times se hacía eco de la noticia. Actriz, ingeniera, inventora y patriota. Arte, ciencia, ingenio y amor por el país en una sola persona. Sorprendente. Y además era una mujer. Insólito.

El conmutador de frecuencias, no fue lo único que inventó la Lamarr. Entre otros ingenios se encuentran un collar para perros con propiedades fluorescentes, una técnica de alisamiento del cutis y un sistema de control remoto de torpedos. Sin embargo, casi todos los inventos, debido a su alto nivel científico por un lado, y al bajo desarrollo tecnológico de la época por otro, no pudieron ser llevados a la práctica en su momento.

Precursora de la telefonía 3G
Tuvieron que pasar quince años para que, tras las lógicas y obligadas innovaciones tecnológicas, se encontraran las primeras aplicaciones a la conmutación de frecuencias. La primera de ellas se produjo durante la crisis de Cuba de 1962; la empleó la Marina en el control remoto de boyas rastreadoras. También fue incorporada en algunos de los ingenios utilizados en la guerra del Vietnam. Y, más adelante, en el sistema de defensa por satélite (Milstar).

En los años ochenta, con la irrupción masiva de la tecnología digital, la conmutación de frecuencias pudo implantarse en la telefonía móvil celular y, más en general, en la transmisión de datos sin cable. Un campo en el que queda mucho por experimentar. Ya en los años noventa y principio del siglo XXI, con el desarrollo de las redes informáticas inalámbricas y el abaratamiento de costes, el invento de Hedy de los años 40, se convirtió en la base, no sólo de la telefonía móvil celular 3G, sino de, prácticamente, todos los sistemas de comunicación digital inalámbrica modernos, como el Wifi, Wlan o el BlueTooth. Sabido es que, el pasado, siempre ha tenido mucho futuro.

Reconocimientos
Entre los distintos reconocimientos y premios que la Lamarr recibió, destaca el prestigioso EFF Pioner Award que la Electronic Frontier Foundation concede cada año. El de 1997 fue para ella. Según cuentan, cuando le comunicaron la concesión del premio, se quedó impertérrita y exclamó, escuetamente: “it’s about time”. No está mal como respuesta. Tenía 84 años. Tres años después moría. Mujer, científica, actriz e inventora. Un ser singular, con una vida de cine.

Escrito por Carlos Roque Sánchez croque@supercable.es