Anunciarse en Blog de Superheroes

 

Cine de Ciencia

Superhéroes y Ciencia: Actores e inventores

por | 3 de junio de 2007

Tienen el reconocimiento de la sociedad, por sus actividades artísticas. Han llegado a ser famosos, gracias a sus méritos cinematográficos. Pero he aquí que también podrían haberlos sido por sus capacidades inventoras. Les hablo de gente del mundo del cine con la inteligencia, el ingenio y el tiempo suficiente, como para haber inventado algún artilugio. Son artistas-inventores ¿Quién lo hubiera pensado?


Artistas que, además, han tenido otra cualidad: la precaución de ir al registro y patentarlo. Nunca se sabe lo que un invento puede dar de sí. Debieron pensar. Y por ahí, por la ocurrencia de patentar, es por donde nos hemos enterado de su, hasta ahora desconocida, dimensión inventora. Les cuento. Resulta que hay una aplicación en Internet que permite acceder a todas las patentes registradas en la Oficina de Patentes y Registros de los EEUU, desde 1790 hasta la actualidad. Se llama Google Patent. A través de ella podemos conocer la vena inventora de algunos personajes, de los que nunca hubiéramos sospechamos tal capacidad.

Zeppo Marx y la bomba nuclear
Llama la atención la singular creatividad científica de los inventos que patentó el menos conocido de los Hermanos Marx, Zeppo Marx. Estuvo muy poco tiempo ligado al mundo artístico. Lo abandonó para dedicarse a lo que realmente le gustaba: la mecánica. En 1941 fundó Marman Products, una empresa dedicada al diseño y construcción de material armamentístico, para el ejército estadounidense. Un buen negocio en plena Segunda Guerra Mundial.

Zeppo diseñó unas argollas que resultaron ser un eficaz sistema de anclaje de objetos pesados. Motivo por el que fueron escogidas para sujetar en la panza del Enola Gay, nombre del avión B-29 que la transportó, a la tristemente famosa Little Boy. La primera bomba nuclear que se lanzó sobre territorio japonés. La fecha, el 6 de agosto de 1945. La ciudad, Hiroshima. Mató a unas 100 000 personas. Tres días después, el 9 de agosto, la segunda. Su nombre Fat Boy. La ciudad, Nagasaki. Ésta mató “sólo” a 74 000 personas. Días después los japoneses se rendían sin condiciones.

Otro invento
Muy pocos no coincidirán en la idea de que, el invento éste de la argolla, no es el más idóneo para ser recordado. Por eso es justo reseñar que, con fecha 21 de octubre de 1969, Zeppo patentó un tipo especial de reloj de pulsera. Se trataba de un mecanismo capaz de medir el pulso y que, utilizado por personas afectadas de problemas cardíacos, podía detectar cualquier alteración en sus valores. Si no eran los normales, lanzaba una señal de alarma. Un buen invento, sin duda, que podría salvar vidas pero del que, no obstante, no se supo nada más.

Respecto al abandono del grupo, por parte de Zeppo, el genial Groucho lo tuvo claro. A su entender, sin Zeppo, eran un 25% más ricos y el doble de graciosos. Cinismo grouchiano. Ya sabemos como las gastaba el del bigote (“Estos son mis principios. Pero, si no le gustan, tengo otros”). De los inventos, por supuesto que, también, tenía su propia visión: “Supongo que había que inventar las camas de agua. Ofrecen la posibilidad de beber algo a media noche, sin peligro de pisar al gato”. En fin.

Gary Burghoff
Y de un actor casi cómico que inventa un dispositivo bélico, a un actor bélico que inventa un artilugio casi de broma. Gary Burghoff, un discreto actor conocido por su papel de “radar” O´Reilly, en la televisiva serie de M.A.S.H. También él sintió la llamada de la creatividad. Fruto de la misma un complicado sistema, con aparato incluido, para atraer y capturar peces. Todo muy extraño, si bien él se siente muy orgulloso de su “atractor de peces”. De hecho lo patentó el 17 de agosto de 1993. El invento resultó ser tan discreto como la carrera cinematográfica de su autor. Ya lo dijo Antonio Machado, el hermano de Manuel: “El cine, ese invento del diablo” (Continuará)

Escrito por Carlos Roque Sánchez [email protected]

 

Superhéroes y Ciencia: Casino Royale

por | 13 de mayo de 2007

No. Este “Ciencia y Cine” no va de la última versión de la saga bondiana. La del controvertido y rubio protagonista, Daniel Craig, de 2006 Tampoco de la delirante y no oficial de 1967. La que en clave de parodia se tituló Casino Royale, es demasiado para un solo Bond. No. En esta ocasión me remontaré un poco más en el tiempo. En concreto hasta 1954. Año en el que se grabó, por vez primera, una novela de Ian Fleming. Y en el que, también claro, aparece la primera cara de James Bond en pantalla. Porque Sean Connery no fue el primer James Bond. Ni 1962 el año en el que se grabó la primera película, del exitoso 007. Pero vayamos por parte, que principio quieren las cosas.

Casino Royale, 1954
Esta historia empieza en 1981, cuando un meticuloso bondmaníaco encontró una copia en 16 mm, de una película del agente. Él pensaba que era de la parodia de 1967. Así que, cuál no sería su sorpresa al descubrir, que se trataba de un film del agente pero ¡en blanco y negro y de 1954! Era una grabación de la cadena de televisión estadounidense CBS. En concreto del tercer capítulo de Climax Mystery Theater, una serie popular en esa época, dedicado al héroe dado el enorme éxito comercial de la primera novela homónima de Fleming.

Fue emitido el 21 de octubre de 1954, a las 20.30 horas de la Costa Oeste. En esta versión, el comportamiento y los modales del espía eran más parecidos a los de un policía de Nueva York, que a los del sofisticado agente albiónico. De hecho, este Bond era miembro de la CIA y no del MI5 británico. Su nombre, sí, Jimmy Bond. En la película, el malvado Le Chiffre está interpretado por el magnífico actor Peter Lorre, a cuyo intrigante personaje de Casablanca, el hierático Rick le espeta: “Si pensase en ti, probablemente te despreciaría”. Un magnífico actor, el tal Lorre, actúe donde actúe y represente el papel que represente.

A pesar de que Climax: Casino Royale, que fue como se tituló, era un telefilme más que notable, lo cierto es que esta primera versión cayó en el mayor de los olvidos. Y allí hubiera permanecido si no hubiera sucedido lo de 1981. Algo parecido a lo que le ocurrió al actor protagonista. El que puso cara al primer James Bond.

Barry Nelson
Barry Nelson era un discreto actor, conocido sólo en los teatros de Broadway, que en la década de los cuarenta marchó a Hollywood, donde logró grabar algunas películas. Sobre todo como galán-pareja de actrices de la talla de Ginger Rogers y Debbie Reynolds. Un actor convincente de gris trayectoria, cuyo rumbo no cambió mucho, tras rodar al agente secreto en 1954. De hecho no lo llamaron ocho años después, cuando se rodó la primera versión cinematográfica. Al poco tiempo declaró: “No empleo mi tiempo lamentándome. Siempre estuve seguro de que Connery sería el Bond perfecto”. Todo un señor.

Para lo que sí lo llamaron fue para hacer un cameo en el Casino Royale de 1967, que él aceptó. En fin. Ironías de la vida. Como también aceptó las discretas colaboraciones que le ofrecieron. En aquel heraldo catastrofista que fue Aeropuerto de 1970, como el capitán del avión siniestrado. En la comedia sentimental de 1972, que llevó por nombre Risas y lágrimas. O en El resplandor de 1980, dando vida al encargado del hotel que contrata al personaje de Jack Nicholson. Ya lejos del cine, Nelson, hizo apariciones en series de televisión de fama como: Canon, Se ha escrito un crimen, Dallas, Vacaciones en el mar, Los Roper, entre otras. Lo que se dice todo un profesional.

El pasado mes de abril, a punto de cumplir los 87 años, nos dejaba Robert H. Neilson, conocido como Barry Nelson y cuya trayectoria artística dio lugar a una anécdota maleva. La que originó un redactor de Associated Press, cuando escribió que en ella había una buena pregunta para el Trivial Pursuit: “¿Quién fue el primer actor en dar vida a James Bond?”. Un pregunta en apariencia sencilla, cuya respuesta muchos creerían saber, pero que en realidad muy pocos acertarían. “Barry Nelson”. Un James Bond algo olvidadito.

Escrito por Carlos Roque Sánchez (croque@supercable.es)

 

Superhéroes y Ciencia: Dos películas sobre Albert Einstein

por | 29 de abril de 2007

Después de todo, desde el punto de vista del cine, sirvió de bien poco la celebración en el 2005 del Año Mundial de la Física. Una fecha con la que se quería conmemorar, tanto el centenario de la Teoría de la Relatividad Especial de 1905, como el cincuentenario de la muerte de su autor, Albert Einstein, fallecido en 1955. Se ve que, por aquél entonces, la industria cinematográfica no consideró oportuno homenajear al mayor genio del siglo XX. Un hecho que, por otro lado, no nos debe sorprender. Desde siempre, el cine ha mostrado nulo interés por las grandes figuras de la ciencia.

Biografías cinematográficas científicas
O si lo ha hecho, ha sido de forma testimonial. Ahí están las biografías sobre el Nobel francés Louis Pasteur; esa gloria estadounidense sin Nobel, T. A. Edison; el gran Galileo Galilei; nuestro nobel S. Ramón y Cajal; o la doblemente laureada con el mismo, Marie Curie. Pero lo cierto es que no hay mucho más. Ésa es la verdad. Debe ser que en las vidas de estos científicos, no ocurrieron acontecimientos de esos que dan bien en la pantalla de cine. Puede que así sea. Aunque también pudiera ser que los guionistas no hubieran investigado lo suficiente. Lo digo porque, por motivos de trabajo, me he acordado de un par de físicos que quedarían en pantalla, que ni pintados: Richard P. Feynmann y Robert Oppenheimer. Sus peculiares vidas y lo extraordinario de sus trabajos científicos, están pidiendo a gritos sendos largometrajes. Ni que decirles tengo que el de Albert Einstein estaría antes que ninguno. Es sorprendente que, hasta ahora, nadie haya pensado en hacer un film sobre él, su vida y su obra, dado el enorme tirón popular del personaje.

Y digo bien hasta ahora porque, con la primavera de este año 2007, han florecido no uno, sino dos proyectos cinematográficos. Aunque tarde, la primavera ha venido y nadie sabe cómo ha sido.

Luces y sombras einstenianas
Durante una rueda de prensa, con motivo del estreno de Seduciendo a un Extraño, el actor Giovanni Ribisi reveló que iba a interpretar a Albert Einstein, en un biopic que se iba a rodar sobre el gran físico. Dirigido por la italiana Liliana Cavani, la trama de la einsteniana película arrancaría con la relación del genio y la que sería su primera esposa Mileva Maric, cuyo papel aún no está asignado, y llegaría hasta su muerte. Será interesante ver cómo narra la más que discutible personalidad del hombre y del genio. Un ser en el que la miopía emocional sólo era superada por su clariver científico. Un hombre cuyas palabras y comportamiento públicos se contradecían con sus ideas y actos privados. Una extraña relación de virtudes públicas y vicios privados. Luces relativistas y sombras einstenianas. Humanos claroscuros.

El rodaje comenzará en julio y tendrá lugar en distintos escenarios europeos y americanos. Desde Italia hasta Princeton, ciudad estadounidense donde vivió sus últimos 20 años tras huir del nazismo, pasando por Barcelona, primera ciudad española que visitó, junto a Madrid y Zaragoza, en su viaje de 1923. Una visita que fue posible gracias al buen hacer del físico, entre otros científicos de la época, Blas Cabrera. Por cierto que la actual Ministra de Educación y Ciencia, Mercedes Cabrera, la de la eliminación del cero en las calificaciones de la Educación Secundaria, es sobrina-nieta del físico. No hay dudas de que la especie progresa. Lo que no está claro es que ese progreso implique, necesariamente y siempre, un avance. Misterios evolutivos.

Einstein y Eddington
Será el título del proyecto que sobre Einstein, están preparando la productora estadounidense HBO y la BBC británica. A diferencia del film de la Cavani, éste se centrará en el descubrimiento de la Teoría de la Relatividad General. Aunque aún no se sabe si será un telefilme o una serie, al parecer lo protagonizarán los actores Andy Serkis (“Gollum” de El Señor de los Anillos) que hará de Einstein mientras que David Tennant (último Doctor Who) hará de Eddington. Ambientada en el primer cuarto del siglo XX, el argumento estará basado en la elaboración y desarrollo de la Teoría de la Relatividad General.

Cuando Einstein empezó a trabajar en ella, mientras ocupaba un puesto de técnico en la Oficina Suiza de Patentes. En la introducción de la idea de la curvatura del espacio-tiempo y sus dificultades de aceptación por el mundo científico. Y en las adversidades de la Primera Guerra Mundial, para su propagación y conocimiento mundial. También en el papel del científico británico Sir Arthur Eddington. No ya como astrónomo empírico que comprueba de forma experimental la teoría (famoso eclipse de Sol de isla Príncipe, en 1919), sino como físico que entiende, defiende y propaga la extraña teoría en el mundo anglosajón. De la dificultad cognitiva de la relatividad nos da buena idea la conocida anécdota de Eddington. Al parecer, allá por los años 30, en una entrevista el periodista le interpeló:“He oído que es usted una de las tres personas en el mundo, que entiende la teoría de la relatividad general”. Cuentan que Eddington puso cara de sorpresa y que tardó en contestar. Al inquirirle el entrevistador, respondió: “Es que estoy tratando de pensar quién puede ser la tercera persona”.

Escrito por Carlos Roque Sánchez [email protected]

 

Superhéroes y Ciencia: Casablanca

por | 18 de marzo de 2007

Una extraordinaria historia de amor que transcurre durante la segunda guerra mundial, cuando los nazis dominaban Europa y miles de refugiados huían del yugo alemán. Muchos lo hacían a través de Casablanca. Como el matrimonio formado por el líder de la resistencia francesa Victor Laszlo (Paul Henreid) y su esposa Ilsa Lund (Ingrid Bergman). Una vez en la ciudad, y como otros muchos también, van al “Rick`s Café Americain”, en busca del contacto que les proporcione un salvoconducto. El negocio es propiedad de Rick Blaine (Humphrey Bogart) y en él, su inseparable amigo Sam (Dooley Wilson) toca el piano todos los días. Por supuesto, el corrupto prefecto de policía, Louis Renault (Claude Rains), acude con frecuencia. Sabe lo que se cuece en el mismo. Un grupo peculiar de superhéroes. Una combinación explosiva de sentimientos.

En el Rick´s, Ilsa y Rick se reencuentran. Años atrás fueron amantes y ella lo abandonó. Sin darle ninguna explicación. A pesar de que se amaban. Incomprensible. Un misterio de amor en medio del caos de la guerra. Ha pasado el tiempo, y ella aparece como la señora Laszlo. La mecha está encendida. Aunque él, herido de amor, se ha construido una nueva vida y ella, ahogado su amor por él, se resigna a ser el fiel apoyo de su esposo, entre ellos nada ha cambiado.


Desde la primera escena en que aparecen juntos, todos sabemos que lo suyo, a pesar de los años, sigue vivo. Que por mucho que lo nieguen, los rescoldos de la pasada pasión, han vuelto a avivarse. La leña vuelve a arder. Casablanca. La película de una historia de amor perdido, reencontrado y destinado a perderse otra vez. Casablanca. El mito hecho cine. Una película magnífica.

Con unos diálogos insuperables
RENAULT: Pero, ¿porqué demonios vino a Casablanca?
RICK: Mi salud. Vine a Casablanca a tomar las aguas.
RENAULT: ¿Qué aguas? ¿Las del desierto?
RICK: Bueno, me informaron mal.

ILSA: Rick, ¿quién es?
RENAULT: Bueno, está usted en Rick`s, y Rick es … un hombre del que yo me enamoraría si fuera mujer. Un ser extraño, misterioso. Así veo yo a Rick. Pero, qué estupidez hablar a una bella mujer de otro hombre.

RICK: De todos los cafés del mundo, tuvo que elegir el mío.

ILSA: El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos.
RICK: Un día así no se olvida.
ILSA: No.
RICK: Los alemanes iban de gris y tú ibas vestida de azul.
ILSA: ¿Ha sido un cañonazo o el corazón que me late?

RICK: Si no subes a ese avión, te arrepentirás. Quizás hoy no, quizás mañana tampoco, pero pronto lo harás y para el resto de tu vida.
ILSA: ¿Y nuestro amor no importa?
RICK: Siempre nos quedará París. No lo teníamos, lo habíamos perdido. Pero lo recuperamos anoche.
Unos superhéroes con unos diálogos magníficos. Ya les advertí. Unos diálogos que forman parte de nuestras vidas.

Y unas anécdotas estupendas
Algunas inciertas. Como la de que el guión era escrito día a día o que nadie en el rodaje conocía el desenlace de la trama. Nada de eso. El guión estaba elaborado desde el primer día hasta el último, si bien el director, Michael Curtiz, insinuó desconocer su final. Una forma como otra, de mantener en tensión a los actores.
A pesar de lo que se dice, tampoco es cierto que se filmara en Marruecos. La película se rodó íntegramente en unos estudios de Hollywood. Pero tan extendida estuvo la credulidad de que se hizo en Casablanca, que esta ciudad se llenaba de turistas deseosos de entrar en el bar de Rick. Un bar que no existía. Que nunca había existido. En vista de la situación, el ayuntamiento, con buen criterio turístico, construyó los dos bares, el de Rick, y el de la competencia, el “Blue Parrot”, y todos los turistas satisfechos.


Hay otra credulidad errónea. La famosa frase de “Tócala otra vez, Sam” nunca es pronunciada por Bogart. En realidad la frase es “Tócala, Sam. Toca ‘El tiempo pasará`” y la dice Ingrid Bergman. Además Wilson, el cantante pianista, sólo la canta y finge tocarla, pues no era pianista. El acompañamiento del instrumento hubo que incorporarlo después.
Por último, sin comentario a la opinión de algunos sobre la última frase de la película “…este puede ser el principio de una gran amistad”. Para ellos es la confirmación de que Casablanca, es una de las primeras películas sobre homosexuales. En fin. Ya saben lo de la infinitud y la estupidez.

Casablanca, una película ganadora de tres Oscar, una grande entre las grandes del celuloide. “As Time Goes By”, una maravilla de tema musical que nos lleva del presente al pasado, para traernos de vuelta al presente, ahogándonos en el whisky de la nostalgia.

You must remenber this,
a kiss is just a kiss,
a sigh is just a sigh,
the fundamental things apply.
As time goes by.

Escrito por Carlos Roque Sánchez croque@supercable.es

 

Superhéroes y Ciencia: Una verdad incómoda

por | 4 de marzo de 2007

No se equivocaron aquellos críticos que la señalaban como favorita para el mejor documental. “Una verdad incómoda”, la cinta sobre los efectos climáticos protagonizada por Al Gore -vicepresidente de los Estados Unidos durante el mandato de Bill Clinton-, se llevó la estatuilla en la noche de los Oscar. Bien dicho se llevó dos. La otra fue a la mejor canción, pero este Oscar no lo pronosticó nadie. Las cosas de Hollywood.

Del largometraje ni pío, mejor lo ven. Mi opinión es que si Gore, en la frustrada campaña para suceder a Clinton, hubiera puesto el mismo interés y pasión que está poniendo en la apocalíptica defensa de la ecología, otro gallo le hubiera cantado. Si entonces hubiera asumido el papel de predicador itinerante y multimedia que ahora protagoniza, la derrota de Florida, quizá, no se habría producido ¿Es entonces lo ideológico, un mero pretexto para lo político? Aunque no se cansa de decir, por activa y pasiva, que su actual lucha “no es una cuestión política, sino moral”, no deja de sorprender lo oportuno de su mediática aparición. Y qué decir de la parodia con Leonardo di Caprio en el escenario, sobre su posible candidatura presidencial por el Partido Demócrata, a las primarias de 2008. Toda una promoción política, digan lo que digan. Y es que esto es “jolivú” ahora, además, ecológico.


Entre la industria y la política.
Pero convencer al superficial Hollywood para que dé un par de estatuillas, no es lo mismo que convencer a Dallas, por decir, o a Washington. No es relevante que, a muy corto plazo, se tome alguna que otra medida industrial, para una pretendida disminución de la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera. Ya sabemos en qué quedan estas cosas. Mera operación de maquillaje. Pero si no es así, ya puestos, bien podía predicar con el ejemplo la misma industria jolivudense, a la que todos los estudios ecológicos nombran entre las más contaminantes de California. Ahí podríamos ver, cuál es el grado de compromiso de la cinematográfica Academia con la climática crisis. Supuesto y supuesta.

Por otro lado. Una cosa es aparecer en una película, protagonizando un ruborizante y autohagiográfico papel, como si fuera lo único que queda entre un agónico hoy y, poco menos que, la extinción de la especie de un cercano mañana. Todo por mor del desprecio hacia la salud ambiental de las malvadas administraciones de Reagan y Bush, por supuesto. Y otra bien diferente, les decía, justificar como político en Washington, por qué entre 1993 y 2001 no hizo nada al respecto, cuando era el vicepresidente designado por Clinton para la cuestión medioambiental.

Qué dirá. Probablemente ni mus. De hecho, la peliculita de marras, permanece silente sobre ese periodo de tiempo ¿Se le habrá pasado? Lo cierto es que el político, por aquellos entonces, estaba bastante ocupado en recaudar dinero de las, ahora perversas y antes benéficas, compañías petroleras y tabaqueras. Será por eso, entonces. Escalofriante hipocresía. Es lo que tiene cuando se dice una supuesta verdad incómoda. Que atrae a muchas incómodas mentiras ya dichas.

Y a todo esto qué dice la Ciencia.
Pues que nunca en la historia del hombre, ha faltado un susto apocalíptico que llevarse al cuerpo. Hace dos o tres décadas se trataba del “invierno nuclear”, se acordarán ¡Qué frío! Después fue la “lluvia ácida”, encargada de dejar nuestros bosques y praderas peladitas de vida. Ya. Luego vino el “agujero de ozono” sobre la Antártica ¿Qué pasó con él? Y así otros muchos, que recordar no quiero. Lo cierto es que son recurrentes, cíclicos, como los viejos milenarismos. Ahora toca el “cambio climático”. Sus únicos argumentos, un compendio de anécdotas enlazadas: el florecimiento de cerezos en New York, la no hibernación de los osos en Moscú, la falta de nieve en Suiza, etc. Una retahíla de sucedidos curiosos que salvan, un poner, un noticiario televisivo. Una muestra de periodismo débil que no profundiza más allá.


La ciencia sí. Y nos dice que sólo se puede hablar de cambio climático cuando los promedios medidos, se repiten con mayor frecuencia e intensidad que en tiempos pasados. Unos tiempos que no son ni un día, ni un mes, ni un año. Sino decenas de años, siglos. J. A. Maldonado y M. Picazo en sus informativos, no se cansan de repetir que, a veces, la situación meteorológica es rara, pero no única. Que ya se ha dado en otros años, sólo que lo hemos olvidado. Pues nada. Yo recuerdo, de pequeño, haber oído a mis abuelos decir que el tiempo estaba loco. Ya porque el verano hubiera sido más lluvioso o frío de lo habitual, ya porque el invierno hubiera sido más seco o templado que otras veces. Ahora sé no estaba loco, era por el cambio climático. Pandilla de ignaros.

Escrito por Carlos Roque Sánchez [email protected]

 

Superhéroes y Ciencia: Agitado, no revuelto (y II)

por | 18 de febrero de 2007

(Continuación) La Royal Society delegó el trabajo en Quest Internacional (QI), una compañía especializada en el estudio de olores y sabores de diferentes sustancias. Sin duda, con su capacitación profesional podrían descubrir la química y física que subyacen en la preparación de un martini.

Lo primero que hicieron los investigadores fue un rastreo literario sobre su composición. En las novelas de James Bond, escritas por Ian Fleming, encontraron diferentes preparaciones. La más repetida implicaba que el vodkatini tuviera la composición ya indicada, que se preparara agitado y no revuelto, se sirviera muy frío y en una copa de champán honda, con una larga y delgada rodaja de limón. Otra cosa es como quedó en el cine.

En manos de físicos y químicos
Con esta información se pusieron manos a la obra, ahora ya, en el laboratorio. Al finalizar las investigaciones, el doctor F. Scanlan de QI, encargado de comunicar los resultados, hizo saber que:

1. La composición química del martini es la misma, se agite o se revuelva el combinado. Por el contrario, su sabor sí cambia con la forma de prepararlo.

2. Si sólo se le agita en la coctelera, se posibilita que: a) los distintos componentes se mezclen de una forma suave, lo que hace que el hielo no se rompa y que la bebida presente un aspecto transparente; b) el proceso de enfriamiento se realice de forma lenta y se prolongue así su frescor; c) penetre aire dentro de la mezcla, lo que facilita una mejor disolución del vermouth y, en la boca, la mezcla tenga una textura más suave. Justo como le gusta al superhéroe.

3. Pero si se prepara revuelto, en una batidora, la violencia de este método hace que: a) se rompa el hielo, por lo que el martini presenta un aspecto nebuloso; b) se enfríe de forma brusca y, por tanto, se caliente antes; c) no penetre tanto aire, por lo que dará una sensación al paladar más pesada. Ergo, aunque químicamente es la misma bebida en ambos casos, no resulta así en el paladar. Que es, al fin y al cabo, lo que cuenta.

Ya lanzados los científicos, incluso, se atrevieron a ofrecer una fórmula para el martini de 007. Una composición para la mezcla perfecta de bebidas. Tomen nota: tres partes de ginebra Gordons, una parte de vodka y media de vermouth Lillet. Al parecer, el equipo de biotecnólogos detectó que, las naturales propiedades antioxidantes que tienen estas bebidas por separado, se incrementan al ser mezcladas, y más aún, si se las agita. Una explicación, quizás, del extraordinario vigor, en todos los sentidos, de Bond.

Pero, ¿porqué nuestro agente secreto preferido toma los martinis de vodka? ¿Cuál es la razón de que, en algunas circunstancias, añada unos granos de pimienta a la copa? ¿Que pinta en todo esto Dimitri Mendeleyev, padre de la tabla periódica de elementos químicos? Tin tararan tan tantantan tin.

Escrito por Carlos Roque Sánchez croque@supercable.es

Noticias Relacionadas:

Ciencia y Cine: Agitado, no revuelto (I)

 

Superhéroes y Ciencia: Agitado, no revuelto (I)

por | 11 de febrero de 2007

Junto con la inicial e iniciática escena cinematográfica de la mirilla telescópica, aquella en la que pide su martini (agitado, no revuelto) constituye ya todo un clásico bondiano. La primera, en la que un cañón de pistola sigue a un elegante señor de mediana edad que camina sobre un fondo blanco y que, en un repentino escorzo gira y dispara, necesita de poca explicación. La sangre resbala sobre la pantalla y todos sabemos que va a comenzar la acción. La otra, la del combinado alcohólico, quizás necesite de algún apunte científico e incluso sociológico. Vamos pues.

El primer hombre martini

Así, con minúscula de combinado. No con mayúscula de marca. Conviene no confundir. Es lo primero que hay que decir acerca de la bebida de nuestro héroe. Lo que él toma es un martini, es decir, un combinado. Mientras que Martini es una marca de vermouth -un vino reposado en hierbas, especie de kina- como también lo es Cinzano, y otras más, y a lo que mucha gente llama, equivocadamente, un martini.

Ya metido en faenas aclaratorias, decirles que hay muchas clases de martinis: dry, gibson, Manhattan, fashion, etc. El de Bond es seco, no lleva ginebra sino vodka y lo toma sin aceituna; es un vodka martini o vodkatini (vodka, vermouth). Ah, se me olvidaba, el vermouth ha de ser de la selecta marca Lillet.

Como bien se sabe, la escena en la que el agente secreto pide su famoso combinado, se repite en todas las películas de la serie. Por eso es el primer “hombre martini”. El irónico 007 suele salpicar los diálogos de esta escena, con auténticas perlas lingüísticas. Veamos tres. En Nunca Digas Nunca Jamás (1983), un maduro Sean Connery con bisoñé acaba de ser salpicado por la sexy y mortal Barbara Carrera. Imperturbable el agente le espeta: “Pero mi Martini aún está seco”. Y aprovecha para iniciar un flirteo: “ Mi nombre es James”.

Una frase que le suele dar un excelente resultado donjuanesco, salvo en Vive y deja morir (1973) donde encuentra la mejor réplica hasta el momento: “Los nombres son para las lápidas, Mister Bond”. Aplastancia lapidaria, se llama. Creo que es en Otro día para morir donde, al servirle una azafata el consabido martini en plena turbulencia aérea, él le dice: “Por suerte me gusta agitado”. Agitado pero no revuelto ¿Por qué?

Royal Society of London

Nada menos que la más antigua sociedad científica del Reino Unido, y una de las más antiguas de Europa (fue fundada en 1660) decidió, hace unos años, investigar las diferencias entre ambas formas de preparación martinera. La “Royal” es una honorable y prestigiosa institución científica a la que han pertenecido científicos de la talla de R. Boyle, T. Willis, R. Hooke, I. Newton, H. Davy, T. H. Huxley, William Thomson, A. Huxley, W. Crookes, J. J. Thomson, E. Rutherford, y un largo etcétera. Por lo que su dictamen entre agitado y revuelto, tiene un peso intelectual que no se puede dejar de lado.

¿Por qué lo prefería agitado, el más famoso agente al servicio de Su Graciosa Majestad? ¿Cambia acaso su composición? ¿Tiene un sabor diferente preparado así? ¿Existe alguna explicación científica? (Continuará).

Escrito por Carlos Roque Sánchez [email protected]

 

Superhéroes y Ciencia: Salto a la gloria (y III)

por | 30 de diciembre de 2006

Es conocida la relativa indiferencia -casi temerosa precaución, mejor- con la que Ramón y Cajal recibió, de madrugada, la noticia de la concesión del Premio Nobel de Fisiología y Medicina de 1906 (¡Silveria, es la hecatombe!).

Con ironía, años después, se referiría a él, como el flotador que se echa al náufrago cuando ya está llegando a la orilla. O sea que está claro lo que pensaba del asunto. Que a buena hora, mangas verdes. Una postura que contrasta, y mucho, con la de la sociedad de la época que vivió el acontecimiento.

Muy necesitada de iconos que le permitieran recuperar el orgullo patrio perdido, puso su nombre a los productos más dispares; entre ellos: Anís Cajal, Jabón Cajal Perfumado, Caramelos Don Santiago, Taberna El Microscopio. Es en este contexto donde tiene cabida la famosa y profética frase de Cajal: “Este país no tiene arreglo”.

Cajal y la NASA

Pero no todo ha sido así en el mundo. La NASA, en su programa Ciencias de la Vida, denominó “Década del cerebro” al periodo comprendido entre 1991 y 2000. Y para proceder a su clausura, dedicó a Cajal, al que reconoce como “Padre de la Moderna Neurociencia”, un completo laboratorio, el Neurolab, en el trasbordador espacial Columbia.

Despegó el 16 de Abril de 1998 de Cabo Cañaveral, llevando a bordo varios dibujos originales de Cajal y doce de sus preparaciones más representativas. Un merecido homenaje, con el que Cajal alcanza las estrellas y se proyecta en el futuro. Sin duda, el XXI será el siglo del cerebro y de sus ciencias. Esperemos que lejos de los errores y olvidos, de la ignorancia y de la ingratitud, tan próximos siempre. (Las ideas no duran mucho, hay que hacer algo con ellas).

Serendipia cinematográfica

Hace unos meses la Filmoteca valenciana compró, a distintos particulares, unos rollos de películas de los años veinte, de las que desconocía sus contenidos. Al ser visionadas, una de ellas resultó ser especialmente importante. Su contenido trataba sobre la cultura, la educación y la investigación científica en la España de la época y en ella aparecen personalidades como Benito Pérez Galdós, Ramón Menéndez Pidal, Américo Castro, Dámaso Alonso, Juan Negrín, el físico Enrique Moles y el escultor Victorio Macho, entre otros. Muy interesante.

Todo un documento gráfico de la época del que se especula pudo haber sido distribuido, en principio, por escuelas y centros de formación y, después, ocultado por motivos ideológicos. También, por algunos de los rótulos que aparecen en ella, que podía formar parte de una serie. Quien sabe. Queda mucho por investigar, por lo que conviene ser prudente.

Como todo el material de la época, está grabado en un soporte de nitrato que, como es bien sabido, resulta ser muy frágil. Se trata de un compuesto altamente combustible y muy sensible a los cambios de temperatura. Por ello, su descubrimiento ha sido vital. Muy oportuno. (El hombre es un ser social cuya inteligencia exige para excitarse el rumor de la colmena).

Imágenes de Ramón y Cajal

Pero la película, además, es muy sorprendente. Durante seis minutos de la película aparece el mismo Ramón y Cajal. Son las únicas imágenes que se conservan en movimiento del Nobel. Distintas escenas en las que, primero, se observa al científico sentado en un banco leyendo una revista de la Residencia de Estudiantes. Después, y según reza un rótulo, el Premio Nobel “paternalmente” y con “gracejo” charla con sus discípulos. En las últimas tomas se puede contemplar al científico mirando por su microscopio y analizando las neuronas, que el propio documental define como “los hilos telegráficos de la conciencia”. También se muestra una escultura en su honor, realizada por Victorio Macho. Todo un retrato del genio-actor. Un verdadero superhéroe.

Puede ampliar esta lectura en pág 3 y 6 del periódico Montequinto del Nuevo Siglo, Primera Quincena de Diciembre. http://www.sevillametropolitana.com/publicos/principal.php?periodico=1

Escrito por Carlos Roque Sánchez (croque@supercable.es)

Noticias Relacionadas:
Ciencia y Cine: Salto a la gloria (I)
Ciencia y Cine: Salto a la gloria (II)

 

Superhéroes y Ciencia: Salto a la gloria (II)

por | 17 de diciembre de 2006

Pero he aquí que nuestro superhéroe obliga a Kölliker (Antonio Alfonso Vidal) a mirar por el microscopio, y éste queda impresionado por las imágenes de las neuronas y sus sinapsis. Aquí se produce el punto de inflexión para la ciencia española. El gran pope germano-suizo de la histología, interesado por el trabajo del humilde español. Lo nunca visto.

Sorprendido le pregunta todos los detalles de la investigación: tiempo empleado, número de investigadores dedicados a esta labor, recursos económicos invertidos, etc. La respuesta de Cajal le deja atónito. Lo ha hecho solo, durante diez años y, todo, lo ha pagado de su bolsillo. Aquí, en este momento, es cuando se produjo el auténtico Salto a la Gloria. (La gloria, en verdad, no es otra cosa que un olvido aplazado).

La forja de un genio
Para asistir al mencionado congreso berlinés, Cajal, tuvo que ser animado, casi obligado se diría, por su esposa, familiares y alumnos. No quería ir. Se escudaba en mil pretextos: su falta de retórica, el escaso nivel de su investigación, su poca capacidad expositiva, etc. Algunos lo llaman modestia.

Pero el caso es que fue. Es la parte buena de la cosa. La mala, que su modestia no fue el único escollo que tuvo que superar. Una vez en Berlín, los desagravios se sucedieron unos tras otros. Casi no le dejaron entrar al congreso; le tocó intervenir al final de una interminable jornada, lo que tampoco pudo ser ya que la pospusieron por un concierto. Y cuando, por fin, realizó su exposición, los colegas le ignoraron: uno se puso a jugar a las casitas, otro a mirar por la ventana, otro al reloj, etc. Sorprendente aunque lógico.

No eran más que, previsibles consecuencias para una España ignorada por el resto del mundo. Una España inmersa en un aislamiento internacional, del que no acababa de salir. Una España con un, en este caso, justificado complejo de inferioridad en todos los órdenes, políticos, científicos y tecnológicos. Pero, y esto es lo bueno que tiene la ciencia, las pruebas estaban allí. Y ellas son los únicos jueces. (Nos desdeñamos u odiamos porque no nos comprendemos. Porque no nos tomamos el trabajo de estudiarnos).

Ciencia, Cine y Fotografía
En las preparaciones cajalianas se podían ver, de manera inequívoca, cómo las neuronas son elementos celulares individuales (Teoría Neuronal). Que contactan unos con otros, sí, pero que no se unen formando una red continua (Teoría Reticular), tal y como se pensaba. Una maraña, difícil de desentrañar. Por eso, el mundo científico se rindió al científico español. El único que encontró la clave, al descubrir el “hueco” donde se cocina el pensamiento. Es justo reseñar aquí el importante papel que jugó el método de coloración a base de sales de plata (Ag), utilizado por Cajal pero inventado por el científico italiano C. Golgi, con quien compartió el Premio Nobel de Fisiología y Medicina de 1906.

Por último, reseñar un acierto cinematográfico. En la película, para cambiar de escena en el tiempo, se utiliza como recurso la fotografía. No sólo es muy adecuado porque, con ella, se ensamblan acontecimientos de la vida de Cajal, cargados de fuertes contrastes, y consiguiendo así una interesante agilidad narrativa. Sino porque el genio era un gran aficionado a la fotografía, y si él hubiese visto la película, a buen seguro que habría sido un detalle de su agrado. (Continuará)

Puede ampliar esta lectura en pág 3 y 6 del periódico Montequinto del Nuevo Siglo, Primera Quincena de Diciembre. http://www.sevillametropolitana.com/publicos/principal.php?periodico=1

Escrito por Carlos Roque Sánchez ([email protected])

Noticias Relacionadas:

Ciencia y Cine: Salto a la gloria (I)
Ciencia y Cine: Salto a la gloria (y III)

 

Superhéroes y Ciencia: Salto a la gloria (I)

por | 10 de diciembre de 2006

Es el título de la película biográfica con la que, supuestamente, se homenajeó al eminente histólogo y Premio Nobel de Fisiología y Medicina de 1906, Santiago Ramón y Cajal. Un film más sobre un superhéroe sólo que, en este caso, éste es real y español. Medicina y Cine. Arte y Ciencia. Humanidades.


Dirigida por León Klimowsky y realizada en 1959, se presentó en el Festival de Cine de San Sebastián, donde ganó el premio a la mejor película española. Se estrenó, comercialmente, el 11 de febrero de 1960 en el cine Capitol de Madrid. (Al carro de la cultura española le falta la rueda de la Ciencia). Su protagonista, Adolfo Marsillach, recibió el Premio Zulueta como mejor actor. La excelente interpretación y el extraordinario parecido físico con Cajal le marcaron. Años más tarde volvería a interpretar al mismo personaje, en la serie Ramón y Cajal (1980), dirigida por José María Forqué y producida por la televisión pública española (TVE).

Cine y Política
El rodaje, llevado a cabo entre enero y abril de 1959, no se vio exento de dificultades. No eran pocas las diferencias existentes entre los puntos de vista de los guionistas cinematográficos y los censores ministeriales, encargados de su autorización. Éstos pensaban que, el guión, no se adaptaba, exactamente, a las expectativas propagandísticas que el régimen franquista tenía del género biográfico. Por lo que eran más de la opinión de engrandecer la figura del personaje biografiado, aun sacrificando la verdad histórica. Ya se sabe que la historia la escriben los vencedores. Al final llegaron a un acuerdo.

No obstante, a la película, le negaron la calificación de “Interés Nacional”, por lo que no recibió las importantes subvenciones que tal categoría implicaba. Este tipo de censura cinematográfica, en este caso del régimen franquista, sigue vigente en nuestro cine actual, sólo que ahora lleva otro nombre. Vista hoy, se la puede considerar una buena película, máxime teniendo en cuenta los medios empleados y el momento histórico en que se rodó. A nadie extrañará que la figura de Don Santiago se utilizara con fines propagandísticos, tanto para el consumo interno como para la exportación. O que la enumeración de sus méritos personales, en la entrega del premio Nobel, pareciera más bien la narración de las grandezas de España. En fin. Hoy como ayer. (Lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo, en vez de aprovecharlo como aviso de nuestra ligereza o ignorancia).

Ciencia y Cine
Por comentar algo de la película, escogeré una escena que es lugar común en estos casos. El archiconocido enfrentamiento académico, de 1889, con el eminente histólogo R. A. von Kölliker, en el Congreso de Anatomía de Berlín. Allí fue invitado Cajal, para exponer sus muestras microscópicas de la estructura del sistema nervioso central. Aquellas en las que mostraba que tal sistema no está formado por una red celular continua, como sostenían la gran mayoría de científicos de la época, Teoría Reticular, sino por unidades celulares independientes, Teoría Neuronal.

Una idea que se consideraba descabellada y que todos ridiculizaban. Bueno, casi todos. Ramón y Cajal supo ver en el tejido nervioso cosas que otros no lograban ver. Y además interpretar lo que veía, de una manera que los demás no entendían. Es lo que tienen los genios. (He aquí una evidencia que también es una norma). (Continuará)

Puede ampliar esta lectura en pág 3 y 6 del periódico Montequinto del Nuevo Siglo, Primera Quincena de Diciembre. http://www.sevillametropolitana.com/publicos/principal.php?periodico=1

Escrito por Carlos Roque Sánchez(croque@supercable.es)

Noticias Relacionadas:

Ciencia y Cine: Salto a la gloria (II)
Ciencia y Cine: Salto a la gloria (y III)