Autor Tema: Hoy me ha pasado algo muy bestia  (Leído 18622 veces)

Arawna

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Re: Hoy me ha pasado algo muy bestia
« Respuesta #30 en: 03 de Marzo de 2010, 03:43:51 pm »
Tranquilo Matt, está la novela terminada, registrada y en manos ya de varias agencias literarias y editoriales. Si alguien intenta plagiar algo de lo que he escrito será él el que se lleve una amarga sorpresa :)

Gracias por preocuparte  ;)


Un saludo,

Arawna
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Re: Hoy me ha pasado algo muy bestia
« Respuesta #31 en: 04 de Marzo de 2010, 09:17:48 am »
Lunes 26 de marzo de 2007, 9:52h
Mala noche


He pasado una noche horrible. Los nervios no me dejaban dormir, supongo que un poco por todo: la semana que dejaba atrás, la más extraña de toda mi vida, y la maravillosa noche anterior, en que conocí a Sara.

Cuando por fin he comenzado a conciliar el sueño, a eso de las dos y media de la madrugada, el vecino del tercero ha puesto una película a un volúmen intolerable. Además no era una película cualquiera: juraría por lo que escuchaba que era una de las últimas películas del pervertido de Bigas Luna. Una mierda del calibre de Yo soy la Juani, vamos. Adolescentes folladas, maltratadas y humilladas por machitos de tres al cuarto. He intentado no prestarle atención y me he concentrado en intentar dormir, pero me ha sido imposible. Unos diez minutos después, cabreado, me he levantado, me he puesto unos tejanos y he bajado a hablar con el vecino "cinéfilo".
Cinco minutos después volvía a estar en la cama y ningún sonido perturbaba la paz de la noche. He aplacado los nervios de la única forma que sabía, y cuando he terminado al fin me he sentido relajado. Lentamente he descendido al mundo de los sueños. Debían ser las tres.

El resultado de esta noche ha sido que he dormido solo cinco horas y que me he levantado de muy mala leche y con pocas ganas de trabajar. Para colmo hoy es Lunes y me ha vuelto a sangrar la nariz.
Ahora estoy en la oficina y me siento deprimido. ¿Para cuándo los fines de semana de tres días?


Lunes 26 de marzo de 2007, 16:06h
Que se sepa la verdad


Vaya, vaya. Menuda sorpresa me he llevado.

En el periódico de hoy, que he cogido del bar donde suelo ir a comer, viene una nueva noticia relacionada con el incidente de la estación con los dos guardias de seguridad a los que mandé al hospital. Las familias del chico y de la chica -que estuvo hasta ayer en la UCI del mismo hospital donde murió el sábado uno de los guardias- "han denunciado a los dos guardias de seguridad y a la empresa Renfe por tentativa de homicidio y lesiones. La chica, que aún sigue en el hospital en estado de observación, no recuerda nada de lo sucedido después del golpe en la cabeza que sufrió, que la dejó en estado de coma durante tres días, pero su novio Lorenzo A. Díaz lo recuerda todo bastante bien, y a pesar de no poder describir al hombre que evitó que todo fuera a peor, ha comentado que le gustaría darle las gracias por salir en su defensa. La familia también agradece su ayuda. La últimas palabras que el padre de la chica ha dirigido a nuestro periódico han sido: Debería haber más gente que no se limitara a mirar cuando se cometen injusticias.
La policía ha contrastado las palabras del jóven con los presentes en el altercado y la mayoría apoyan su versión de los hechos. Ni el guardia de seguridad implicado ni sus familiares han querido hacer declaraciones."
La noticia termina así: "¿Estamos ante un asesino desequilibrado o ante un héroe moderno?"

Solo puedo decir -a pesar de que si finalmente me identifican seguramente acabaré en prisión- que me siento aliviado. Aliviado y agradecido. Al fin alguien cuenta la historia completa.
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Matt Murdock

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Re: Hoy me ha pasado algo muy bestia
« Respuesta #32 en: 04 de Marzo de 2010, 02:00:00 pm »
pues si de verdad la estas gestionando para que la publiquen, esto es lo menos inteligente que puedes hacer ;)

Arawna

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Re: Hoy me ha pasado algo muy bestia
« Respuesta #33 en: 04 de Marzo de 2010, 03:45:56 pm »
Matt: ¿tú eres editor?

Otra pregunta: ¿te suena Apocalipsis Z?

Podemos aprovechar para debatir si las editoriales están dispuestas a publicar material que ya ha sido publicado anteriormente y de forma gratuita en la red, pero con que te informes un poco verás que es algo que cada vez sucede más. Además nadie me asegura que vaya a publicarse en papel y a mi me gusta compartir mi trabajo, no veo que tiene de malo el que lo haga.

Si llegado el momento me piden que retire los links de descarga del blog y que borre todos los mensajes que hagan referencia a la historia lo haré, pero hasta entonces deja que la gente se entretenga con mi historia, y de paso que opinen, critiquen, corrijan, etc. Hoy en día para un escritor no hay nada mejor que obtener feedback de lo que escribe casi al mismo tiempo que lo va escribiendo, y si además la historia se va haciendo conocida aunque sea en sectores reducidos pues ya es algo.


Un saludo,

Arawna
« última modificación: 04 de Marzo de 2010, 03:50:14 pm por Arawna »
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Re: Hoy me ha pasado algo muy bestia
« Respuesta #34 en: 04 de Marzo de 2010, 07:43:52 pm »
Lunes 26 de marzo de 2007, 19:35h
Contradicciones


Sorpresa. Sara me ha llamado hace un rato.
Es increíble como puede llegar a cambiar un día que ha empezado como el culo.

Sara... He preferido no escribir más sobre ella y sobre la noche en que la conocí para no crearme falsas esperanzas, a pesar de que aún permanecen frescos en mi mente el último beso que nos dimos al despedirnos y su imagen alejándose hasta perderla de vista entre la gente. La verdad es que no he dejado de pensar en ella, pero tengo miedo.
Vale, es hora de confesarme: al pensar en una posible nueva relación, no puedo evitar pensar en Susana. Hace dos años y tres meses que me dejó por otro. Un tipo con un buen trabajo, ambicioso, y con los pies en la tierra. Después de seis años se dio cuenta de repente de que no estábamos hechos el uno para el otro, y dos semanas después ya estaba instalada en el piso del otro. Ahora está embarazada de seis meses y es feliz.
En cambio yo no lo he superado aún. No sé si estoy preparado para empezar de nuevo. Susana me destrozó por completo e incineró los restos de lo que yo era, dejando que el viento dispersara luego las cenizas. Me he sentido perdido desde entonces. Hundido y humillado. Solo.

Hasta ahora.
Creo que este don, estos poderes que me hacen distinto, son una espécie de señal. Ha llegado la hora de que tome las riendas de mi vida y haga algo. Por mí y por los demás.
Así que mañana he quedado para comer con Sara. Dice que tiene una sorpresa para mí.
Cuando ha sonado el móvil hace un rato creí que sería Rafa. O mi madre. Estaba totalmente convencido de que no volvería a ver a Sara, tanto que ni pensé en esa posibilidad. Cuando una mujer te dice que ya te llamará ella es mala señal, por bien que te parezca que ha ido todo. Pero me equivocaba. Y me alegro. Creo que esta chica es distinta de todas las que he conocido.
Pero hay algo que me preocupa, que me reconcome por dentro. No sé si es justo dejar entrar a alguien en mi vida en este momento tan extraño.
Sé que me adelanto a los acontecimientos pensando estas cosas, pero no puedo evitarlo. No sé qué pasará mañana, o pasado. Puede que me metan en prisión por asesinato la semana que viene. O puede que realmente me esté volviendo loco y esté imaginando todo. Puede que incluso Sara sea un producto de mi imaginación.
Este mismo blog certifica mis dudas, mi incertidumbre. Mis propias contradicciones me están acorralando.
Quizás debería ir al médico. Puede que esté teniendo alucinaciones a causa de las pérdidas de sangre. Esta tarde he vuelto a sangrar bastante.

Creo que esta noche me costará dormirme otra vez. Mierda.
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Re: Hoy me ha pasado algo muy bestia
« Respuesta #35 en: 05 de Marzo de 2010, 11:20:36 pm »
Martes 27 de marzo de 2007, 16:12h
Cita con Sara


Estoy que no me lo creo. Estas cosas solo pasan en esas películas sensibleras que les gustan tanto a las mujeres. Y que yo no soporto, por cierto.
Sara me ha pasado a recoger por la calle Valencia -cerca de donde trabajo- a eso de las dos del mediodía. Al verla girar la esquina el corazón se me ha acelerado, y cuando me ha reconocido y me ha sonreído casi se me sale del pecho. Ha caminado deprisa hacia mí y al llegar me ha plantado en los labios el beso más dulce que soy capaz de recordar. Me he sentido flotar y me ha venido a la mente la típica escena de dibujos animados en que al protagonista le salen dos pequeñas alas en la espalda y empieza a volar sin darse cuenta. No quiero imaginarme la cara de gilipollas que se me ha debido quedar en ese momento.

Mientras íbamos hacia el lugar donde comeríamos -un restaurante de comida casera muy bueno- me ha preguntado entre risas si me había sorprendido su llamada de ayer.
Me gusta lo directa que es y la facilidad con la que me deja descolocado. No estoy acostumbrado a estar con alguien que diga lo que piensa sin importarle quedar bien o mal, pero me encanta. Es raro que una persona se muestre espontánea, tal cual es, desde el primer momento, aunque viéndola dirías que para ella es lo más normal del mundo.
-Eres la última persona que esperaba que me llamara -le he contestado. Se ha reído y a los pocos pasos se ha parado en la acera al llegar frente al restaurante. Me ha mirado a los ojos cuando me he girado hacia ella y ha dicho tranquilamente:
-¿Cómo no iba a llamarte después de la mejor noche que he vivido?
No he sabido qué decir, no sabía si hablaba en serio o bromeaba. Si se trataba de lo primero era demasiado bonito, y cualquier cosa que dijera seguro que no estaba a la altura, y si se trataba de lo segundo... Como ya he dicho, no estoy hecho a estas situaciones. He conseguido esbozar una sonrisa después de unos segundos en que las dudas han intentado amotinarse y tomar el control, y la he besado de nuevo. Luego hemos entrado.

Conocer a una persona tan directa, sincera espontánea y entusiasta me plantea un reto que no sé si estoy preparado para abordar. Deseo en lo más hondo estarlo. Pero sinceramente, no lo sé.
Con Sara me ha ocurrido algo que hacía muchísimos años que no experimentaba. Hemos conectado. Desde el primer momento en que se cruzaron nuestras miradas en la discoteca se creó una conexión entre los dos que no sé bien como explicar. Aquello que surge cuando te presentan a alguien y parece que os conoceis de toda la vida. Y surge una complicidad que va más allá, en la que con solo una mirada, un roce, puedes comunicar mucho más que con palabras.
Y eso me lleva al reto al que me refería: ¿cómo ocultarle lo que me sucede? Y si no se lo oculto, si decido contárselo todo antes de que la cosa vaya a más, ¿me creerá? ¿Me tomará por un loco? ¿Me temerá?
Estaba planteándome todo ésto mientras esperábamos el primer plato y ella estaba en el baño. Tan absorto estaba en mis pensamientos que no me he dado cuenta de que ha vuelto, y su voz me ha hecho regresar al planeta Tierra.
-¿Estás preparado para la sorpresa?
He asentido, desconcertado, y luego he recordado que ayer me habló de una sorpresa. "Adelante" he pensado, "sorpréndeme".
-Quiero que la semana que viene te vengas conmigo de acampada.
Lo ha soltado así, tal cual. Podeis imaginaros como me he quedado: a cuadros.
Desde siempre me ha gustado ir de acampada. Desde bien pequeño mis padres me apuntaron a un centro excursionista y hacíamos salidas cada mes, y después he seguido yendo siempre que me ha sido posible.
He observado su sonrisa perfecta durante unos segundos y me he dado cuenta de lo mucho que me apetecía ir. Tenía pensado quedarme trabajando en Semana Santa, aprovechar para adelantar faena, pero... "Al carajo el trabajo", he pensado, y le he dicho que sí. No podría haberme dado una sorpresa mejor.

Además, me servirá para desconectar realmente de todo. Cuando volvamos ya me plantearé qué hago con mis migrañas, las hemorragias y los poderes.
Lo jodido ahora va a ser la espera. Dios, que semana más larga.
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Re: Hoy me ha pasado algo muy bestia
« Respuesta #36 en: 07 de Marzo de 2010, 12:46:54 pm »
Martes 27 de marzo de 2007, 20:33h
Relaciones


De camino a casa he llamado a Rafa. Lo ha dejado con Marta; es la tercera vez en lo que va de año que tiene que volver a casa de sus padres.
Se me ha puesto a llorar y no he conseguido que dejara de hablar de ella: de lo maravillosa que era y de lo mal que se había portado él... Lo típico. Si Rafa pudiera ver su relación desde fuera como la vemos sus amigos se daría cuenta de que está obsesionado -no creo que realmente esté enamorado ya a estas alturas- con una mujer egoísta y manipuladora. Lo mejor que podría hacer es olvidarla.
Mañana hemos quedado para tomar unas Volls. Eso siempre le anima, aunque solo sea un poco.
Subiendo por la escaleras me ha trepado por la garganta el ya familiar sabor a sangre. Al menos no me ha pillado en el tren.
Esta vez la sangre ha salido más espesa y oscura y ha dejado de manar antes que las otras veces. No sé si es buena o mala señal. Quizás debería buscar en Google sobre estos síntomas. Podría estar muriéndome y yo sin saberlo. Irónico, morirme justo ahora que creo haber conocido a mi media naranja y cuando estoy a punto de convertirme en el primer superhéroe de la Tierra. Suena glorioso, joder.
Ahora que caigo, será difícil ocultar algo así en mitad de la naturaleza, durante tres o cuatro días. Tengo que inventarme algo, y que no suene muy chungo. Lo último que quiero es asustar a Sara.
Después de ducharme he puesto The Book of Secrets de la mágica Lorenna McKennit en la minicadena y me he relajado en el sofá contemplando el mar. Poco después he cerrado los ojos y he dejado que la música me transportara a lugares lejanos, exóticos, donde la magia aún existe.
Y entonces ha sonado el timbre de la puerta, dándome un susto de muerte.

Era mi vecina Magda. Quería saber como estaba. Dice que la dejé preocupada el sábado, al irme de aquella manera. Le he agradecido su interés y le he dicho que estuviera tranquila, que ya estaba mucho mejor, y le he dedicado la mejor de mis sonrisas.
Finalmente ha sonreído también -después de unos instantes de duda, como si me estuviera escrutando mentalmente- y me ha preguntado si quería cenar con ella mañana. He rechazado su invitación contándole a grandes rasgos la situación de Rafa y le he dicho que el Jueves lo tenía libre.
Mientras bajaba las escaleras ha dicho, a modo de despedida:
-El Jueves, pues. Ven a la hora que quieras. Y cuídate, Daniel, haces mala cara.

En cierto modo Magda me da pena. Es una mujer demasiado especial para estar tan sola. Y además aún es joven. Debería salir y conocer gente, aunque no parece que la idea la entusiasme. Dice que prefiere quedarse leyendo. Así que si puedo hacerle compañía y animarla un poco con mis tonterías no seré yo quién se niegue. Intentaré romper poco a poco las absurdas barreras que se ha impuesto; es lo mínimo que puedo hacer para compensarle por sus exquisitos guisos.
Ahora voy a hacerme algo de comer, que mi estómago ya está protestando al pensar en la cena del Jueves.
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Re: Hoy me ha pasado algo muy bestia
« Respuesta #37 en: 07 de Marzo de 2010, 07:18:43 pm »
La historia mola. Ya tengo ganas de que llege alguna otra escena de acción.
Cuando hablas y nadie escucha, deja de hablar y dales una paliza a esos ignorantes.

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Re: Hoy me ha pasado algo muy bestia
« Respuesta #38 en: 08 de Marzo de 2010, 11:23:00 am »
Miércoles 28 de marzo de 2007, 20:16h
Sin argumentos


De nuevo en casa. El último CD de Jack Johnson, In Between Dreams, suena en el ordenador. Suelo escucharlo cuando llego cansado. Solo me bastan un par de canciones acompañadas de una cerveza para sentirme como nuevo.

Hoy he salido del trabajo un poco antes. No he podido terminar la maquetación de la revista en la que estoy trabajando, pero tengo hasta mañana al mediodía para entregarla. Espero llegar a tiempo.
A las seis de la tarde -más los diez minutos de rigor- Rafa se ha reunido conmigo en el Menta Negra. Me ha parecido que estaba más animado.
Hemos pedido dos cervezas y unas bravas y me he quedado mirándolo, a la espera de que empezara a contarme su versión de los hechos y me repitiera unas treinta veces lo imbécil que era y que no se merecía a alguien como Marta. En efecto, no se la merecía. Se merece a alguien mejor.
Pero esta vez Rafa me ha sorprendido. Ha sonreído un poco, apesadumbrado, y me ha dicho que no quería volver a hablar de ella. Nunca. Que hoy hablaríamos de mí y de lo que me estaba sucediendo últimamente.
Ha sido como si me quitaran un enorme peso de varias toneladas de encima.

-¿Cómo te encuentras? -ha preguntado. Directo al grano. No sería él si se hubiera andado con rodeos. Aquella pregunta significaba que se estaba reponiendo rápidamente; quizás fuera verdad que había terminado para siempre con Marta, aunque no lo tengo tan claro.
Le he contestado con un: "No me encuentro mal", y luego le he contado todo lo ocurrido desde el Jueves. También le he hablado de Sara.
Se ha alegrado por mí sinceramente, a pesar de la situación que está pasando. Es mucho más fuerte de lo que aparenta.
Después de un intensivo interrogatorio sobre Sara, tres Volls más tarde, ha vuelto sobre el “Tema”:
-Bueno, ví lo que hiciste a esos seguratas. Estaba allí. Pero aun así lo que tú crees que pueden ser poderes podría ser causado por algo menos... -se ha llevado la botella a los labios mientras buceaba en su mente en busca de las palabras adecuadas-. Menos fantástico -ha añadido dejándola sobre la mesa, como si con ése gesto reafirmara su declaración.
-¿Cómo qué?
-Como un subidón de adrenalina.
Sabía que me saldría con eso. Yo también lo he pensado. El ser humano, cuando es sometido a situaciones extremas es capaz de segregar grandes cantidades de adrenalina que le permiten realizar proezas sobrehumanas. Se han dado casos en que, por ejemplo, una persona ha levantado un coche a pulso durante unos segundos para sacar a alguien de debajo. Hay muchos casos parecidos, y están comprobados científicamente.
-¿Y qué me dices de que se me hayan curado las heridas de una pelea en dos días escasos, sin dejar ninguna marca?
"Esta vez te tengo" recuerdo haber pensado.
Pero no hay que subestimar a Rafa. Tiene argumentos y salidas para todo. Lástima que no sea capaz de aplicárselas a sí mismo. Se habría ahorrado cuatro años de comer mierda.
-No estaba allí y no sé lo graves que fueron esas heridas. Quizás no fueran más que magulladuras. Tú mismo me dijiste que no tienes ni idea de lo que pasó allí dentro. El shock podría hacer que exageraras las cosas un poco. O las hemorragias y las migrañas que dices que tienes a menudo desde hace una semana. Lo siento pero eso no podemos tomarlo como prueba por ahora. Creo que deberías ir al...
-¿Y qué quieres que haga? ¿Que me tire a la vía del tren a ver qué pasa? -le he interrumpido, algo mosqueado. Me ha dejado sin argumentos. No quería ni pensar en que tuviera razón. Y mucho menos quería que me arrebatara la posibilidad de destacar sobre los demás. De marcar la diferencia.
Me ha observado durante unos minutos en silencio, mientras yo apuraba mi cerveza. Yo tampoco tenía nada que decir.
Al salir del bar parecíamos una pareja recién peleada. Iba a despedirme sin más cuando me ha dicho, con esa sonrisa suya enigmática, que significa que le ha venido a la mente la idea que necesitábamos:
-Llamaré a Xavier.
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Re: Hoy me ha pasado algo muy bestia
« Respuesta #39 en: 08 de Marzo de 2010, 08:39:19 pm »
Miércoles 28 de marzo de 2007, 22:13h
Artes marciales


He aquí la "genial" idea de Rafa:

Xavier es un colega de metro noventa y algo y un poco más de cien kilos. Puro músculo y nervio, y mucha mala leche. Lleva desde los siete años practicando todo tipo de artes marciales. Empezó, creo, con el judo, para pasarse luego al taekwondo al comprobar que allí no se daban patadas ni puñetazos. En el momento en que se dio cuenta de que ya no podía mejorar más se dedicó al kárate, del cual es tercer dan y profesor en una escuela de artes marciales de Mataró. También se ha dedicado al kickboxing, al muai-thai, e incluso asistió durante un año o dos a clases de ninjutsu. Una puta máquina de matar, vamos.
Una noche, debe hacer unos cuatro años, entraron un grupo de gitanos del barrio de Cerdanyola de Mataró en su escuela y se llevaron todas las copas y cinturones ganados a lo largo de muchos campeonatos. Recuerdo cuando se enteró al día siguiente. Estaba furioso, histérico, y golpeaba inconscientemente con su puño derecho la pared que tenía más cerca. Xavier prefería que le robaran todo su dinero antes que aquello. Todos pensamos que se le pasaría. Total, era imposible recuperarlo. ¿Quién se mete en el barrio gitano a reclamar algo que le han robado?
Xavier se metió. Y el cabrón consiguió que le devolvieran todo lo que se habían llevado. Nunca nos contó -ni a nosotros ni a nadie que sepamos- qué es lo que pasó allí. Y quizás sea mejor no saberlo.
Pues bien, Rafa quiere que luche con él para comprobar si realmente tengo poderes. No sé, casi prefiero la idea de arrojarme a la vía del tren. Al menos sería algo rápido.

Aún recuerdo cuando, hace unos diez años, me tocaba pelear contra Xavier. En esos momentos odiaba la hora en que decidí apuntarme a kickboxing. Lo único que podía hacer era darle la espalda, cubrirme, y recibir, y con suerte dejar escapar algún golpe traicionero que pocas veces lograba dar en el blanco.
Ahora me planteo realmente las palabras de mi amigo. Quizás mi mente lo ha exagerado todo y sigo siendo el mismo de siempre.
Quizás Rafa tiene razón. Siempre la tiene...
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Re: Hoy me ha pasado algo muy bestia
« Respuesta #40 en: 09 de Marzo de 2010, 08:53:06 am »
Jueves 29 de marzo de 2007, 16:55h
Estrés


Vaya día más asqueroso.
Te levantas ya estresado, pensando en la de trabajo que tienes por delante y sin ningunas ganas de hacerlo. Llegas a la oficina y el estrés flota ya en el ambiente a pesar -o como consecuencia- de llegar el primero.
Y empieza el suministro de estrés. El de la mañana, que te quita la modorra a hostias. Luego llega el del mediodía, que sólo te permite comerte un bocadillo delante de la pantalla de ordenador. Y para terminar el de la tarde, que lucha porque te quedes un rato más.
Odio los días de entrega, pero en especial odio los que además preceden a Semana Santa, Navidad, y Agosto. En esos días todo el mundo parece volverse loco de repente y recordar que tienen cosas que presentar pasadas las vacaciones, o nuevas líneas de negocio que inaugurar en breve, para lo que necesitan a un diseñador o a un profesional del marketing. Y entonces me llaman a mí.
Coges el teléfono y sigues trabajando mientras escuchas la verborrea al otro lado y asientes de vez en cuando. No puedes dejar lo que estás haciendo porque cada minuto cuenta y la hora de entrega se aproxima peligrosamente. Cuando el cliente termina su exposición le dices -en el mismo tono suplicante de un niño pidiendo perdón a su madre al comprender que se ha portado mal- que la semana que viene te has cogido vacaciones, y que ya le llamarás para quedar y hablar en detalle del tema en cuanto vuelvas.
Cuelgas y sigues trabajando.
El estrés sigue a tu lado, por encima y dentro de ti. Y no te abandona al salir del trabajo, ni cuando coges el tren. Solo consigues librarte de él al cruzar el umbral de tu hogar, como si le estuviera prohibido por antiguas leyes arcanas el entrar sin ser invitado; como si se tratara de un vampiro.


Viernes 30 de marzo de 2007, 24:07h
En casa


El jodido día que he sufrido ha quedado finalmente relegado al olvido al llegar a casa esta tarde. Ha sido meter la llave en la cerradura y sonar el móvil. Era Sara. Al ver su nombre en la pantalla se me ha movido algo en lo más hondo del estómago, y al escuchar el timbre alegre de su voz me ha parecido que hacía un millón de años que no hablaba con ella. El puto estrés no me ha dejado darme cuenta hasta ese instante de lo que la he extrañado estos dos días escasos que hacía que no la veía ni sabía de ella.
Hemos hablado un poco de nuestra próxima escapada y de poco más aparte de las tonterías que solo dos enamorados encuentran interesantes y que no pienso reproducir aquí. A pesar de ello, cuando me he dado cuenta había pasado una hora y media y he recordado mi cena con Magda. En ese momento no tenía ningunas ganas de despegarme del teléfono, aunque mis tripas ya empezaban a protestar.

Me ha costado demasiado despedirme a pesar de la promesa de Sara de que mañana me volvería a llamar, y eso ha hecho que me empezara a rallar. Por suerte, la exquisita cena de mi vecina y una agradable aunque instrascendente charla me han hecho olvidar mis preocupaciones por un rato.

 Ahora me acostaré y espero no dar demasiadas vueltas en la cama. Mañana promete ser otro día duro y necesito estar al cien por cien.
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Re: Hoy me ha pasado algo muy bestia
« Respuesta #41 en: 09 de Marzo de 2010, 09:25:31 pm »
Viernes 30 de marzo de 2007, 18:40h
No pensar


Otro día estresante en la oficina.
Aunque tener tanto trabajo no es malo. Evita que pienses. Y en mi situación casi es lo mejor que me podía pasar.
Sara me ha llamado al mediodía. Esta noche nos veremos para preparar un poco la aventura de la semana que viene. Por lo que he podido llegar a deducir va a ser algo bastante improvisado. Coger el coche, hacer kilómetros y pararnos donde nos apetezca. No me parece mala idea, hace tiempo que no hago algo así.

Igual que hace tiempo que no peleo contra Xavier -ni contra nadie exceptuando los dos incidentes de la semana pasada-. Mañana por la tarde, unos diez años tarde, habrá llegado el momento de la revancha. O el momento de volver dolorosamente a la realidad. En fin, ya se verá. Para qué preocuparse.

Nota importante: he decidido que cuando pase Semana Santa iré al médico. Aunque solo sea por no tener que gastarme el sueldo en ropa. Esta mañana he manchado dos camisas y un pantalón antes de salir de casa y encima he perdido el tren.

Voy a seguir trabajando un rato más. Ya me han llegado las últimas correcciones.
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Re: Hoy me ha pasado algo muy bestia
« Respuesta #42 en: 10 de Marzo de 2010, 09:50:50 am »
Sábado 31 de marzo de 2007, 16:29h
Perro Negro


Estoy hecho mierda. Apenas he dormido.
Y encima de camino a casa me he metido en otro follón. Si no tengo poderes, esta tarde después del combate con Xavier me como mi colección de cómics entera, lo prometo y dejo constancia escrita.

He pasado la noche en el piso de Sara, haciendo el amor y ultimando los preparativos para el viaje a ninguna parte –más lo primero que lo segundo-. Sus compañeras se fueron ayer a sus respectivos pueblos a pasar las vacaciones, así que lo hemos tenido para nosotros solos.
Hemos decidido que cogeremos el coche el martes bien temprano, compraremos mapas en la primera área de servicio que encontremos, y empezaremos a explorar España aprovechando que ninguno de los dos ha viajado demasiado por el país. Marcaremos algunos lugares y a partir de ahí improvisaremos.
Estoy deseando que llegue ya el día.

No sé que tienen las estaciones de tren pero últimamente parecen atraer los problemas. O quizás sea yo. Sea como sea, después de dejar a Sara en la Fnac, al llegar a la estación de Plaza Catalunya he visto como un jóven de color, enorme y al parecer furioso, corría hacia dos chicos que andaban tranquilamente. Al llegar junto a ellos ha gritado algo que no he entendido y le ha dado una bofetada brutal a uno de los dos, que ha resonado por todo el recinto. El chaval ha ido a parar al suelo y el otro, después de unos segundos de vacilación, se ha interpuesto entre los dos sin demasiada convicción, con miedo. El negro le sacaba dos cabezas y no dejaba de gritar, fuera de sí.
Desde donde yo estaba podía ver toda la estación y también las escaleras: no había ni un guardia de seguridad y el resto de la gente, como de costumbre, se han limitado a mirar, sorprendidos.
El tipo ha seguido gritando algo incomprensible, y apartando sin dificultad al chico que se había puesto en medio ha empezado a patear al del suelo, que intentaba alejarse de allí a rastras; por su expresión parecía que aún no entendía lo que le estaba pasando.
Unos segundos después, entre el amigo y otros dos jóvenes -más valientes que sensatos- han cogido a aquel mastodonte por detrás y lo han apartado. Éste ha escupido sobre el que se retorcía en el suelo y ha seguido gritando cosas en algún idioma africano mientras le obligaban a retroceder. Por unos segundos ha parecido que la cosa se iba a calmar y he empezado a relajarme.

Y entonces ha aparecido por las escaleras un grupo de negros, bajando los escalones de tres en tres. Vestían como el que gritaba: americanas de colores, cadenas, anillos, piercings, boinas y pantalones militares, y zapatillas deportivas de marca. Todos eran corpulentos y casi todos superaban el metro ochenta de estatura. Impresionaban bastante.
Rápidamente han avanzado entre gritos hacia el lugar del incidente y han rodeado al grupo de jóvenes, que inmediatamente han soltado al negrazo que tenían sujeto y han retrocedido hasta la pared que tenían a su espalda. Sus caras han perdido el color en unos segundos. Estaban acojonados.
La gente que iba llegando a la estación se mantenía alejada, observando, o pasaban de largo ignorando -consciente o inconscientemente- lo que estaba sucediendo.
Los hermanos eran nueve, y no parecían tener intención de irse a casa y olvidar lo que fuera que había ocurrido. Parecían bastante cabreados. Indignados.
Lentamente, intentando no hacerme notar, me he acercado a ellos. El que parecía el cabecilla estaba hablando a los chavales, que ahora sudaban además de temblar y mantener sus miradas clavadas en el suelo. Al parecer, el chico que ahora apenas se aguantaba en pie y se cubría el rostro con una mano temblorosa, había mirado “demasiado” a la novia del agresor, el cual se había ofendido y había procedido a darle una lección.
El amigo del que se había llevado las hostias ha mirado al grupo de mastodontes que tenía delante en actitud desafiante y ha dicho:
-Ésto es España. Es un país libre y no está prohibido mirar.
"Puto bocazas. La has cagado" he pensado justo antes de que la primera hostia le cruzara la cara. Parecía el típico universitario idealista, y si nadie hacía nada pronto, quizás se convertiría en un universitario idealista muerto. Pero lo peor aún estaba por llegar. El idiota ha intentado devolver el golpe. En vano, por supuesto.
Y entonces ha empezado una batalla campal muy desigual en que las moles de piel oscura repartían leches a placer. Los otros, pobres, recibían mientras intentaban salir de allí. Un guardia de seguridad, que ha aparecido al oír el alboroto, se ha quedado mirando con la boca abierta, y se encogía de hombros cuando alguien le decía que hiciera algo.
Y ya no he podido aguantar más. He corrido hasta allí y he cogido al primer bruto con el que me he topado por el cuello, que se ha vuelto y me ha mirado sorprendido. Una patada en los cojones lo ha dejado retorciéndose en el suelo mientras me lanzaba sobre el siguiente. Y en ese momento he perdido el control.
Dos o tres minutos después los hermanos que seguían en pie han abandonado el lugar. Tres de ellos estaban inconscientes a mis pies.
Y entonces todo ha parecido detenerse a mi alrededor y todos los sonidos se han apagado, excepto el de mi respiración irregular. Los colores se han convertido en grises y entonces ha aparecido el negro más grande que he visto en mi vida bajando las escaleras sin ninguna prisa, como si se moviera a cámara lenta.
Lo único que le distinguía de sus compañeros -aparte de su impresionante tamaño- era que llevaba un traje negro de calidad y un elegante sombrero de copa.
Al llegar frente a mí -después de lo que me ha parecido una eternidad- me ha saludado quitándose el sombrero de la cabeza perfectamente rasurada y me ha mostrado una enorme sonrisa llena de dientes perfectos. Entonces he sentido un frío intenso y un miedo brutal que me han paralizado por completo. Acercando su rostro a menos de un centímetro del mío y mirándome a los ojos, ha dicho, con una voz profunda y sin mover los labios:
-Soy Perro Negro, y he venido a advertirte: no deberías meterte donde no te llaman. Por esta vez lo dejaré pasar, pero te recomiendo que te mantengas lejos de mi gente a partir de ahora.
Luego ha desaparecido repentinamente -como si nunca hubiera estado allí- y el mundo ha vuelto a ponerse en marcha y ha recuperado los colores. Entonces me he dado cuenta de que la mayor parte de la gente que había presenciado el incidente me observaba; no tengo claro de si lo hacían con miedo, respeto o agradecimiento por haber ayudado a esos chicos. Probablemente fuera una mezcla de todo ello.
Me he asegurado de que los chavales estaban bien y he decidido irme antes de que llegara la policía.
Nadie ha intentado detenerme.
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Hasta ayer era un tipo de lo más normal. ¿Qué me está pasando?

Arawna

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Re: Hoy me ha pasado algo muy bestia
« Respuesta #43 en: 10 de Marzo de 2010, 07:11:25 pm »
Domingo 1 de abril de 2007, 13:15h
Confirmación

Confirmado. Las dudas se han disipado y un futuro incierto me aguarda.

Quedamos ayer a las 18:00h en la escuela de Xavier, en Mataró. Mientras Rafa conducía hacia allí su viejo Golf me dijo que Xavier no sabía nada. Le había dicho que yo me estaba planteando volver a apuntarme a clases de artes marciales y que quería comprobar con él si había perdido mucho. Menudo chiste, no sé como Xavier se tragó aquella patraña, y mucho menos como accedió. Hace más o menos diez años que aparte de caminar por la montaña no hago ningún tipo de ejercicio, y es algo que todo el que me conoce sabe perfectamente.

Sea como sea, llegamos a la escuela puntuales. Xavier nos esperaba junto a la puerta, bajo el rótulo negro donde se veía un serpenteante dragón chino de color verde y unas enormes letras amarillas que decían: Dragon Martial Arts. Escuela Tradicional de Artes Marciales. Había cerrado la escuela esa tarde para que pudiéramos estar solos. Creo que se olía algo.
Cuando le dijimos que lo que necesitábamos realmente era que yo subiera al ring con él le dio un ataque de risa que duró un par de minutos que se hicieron eternos. Se detuvo al darse cuenta de que nosotros ni siquiera sonreíamos.
-¿Puedo saber por qué quieres que te destroce esta tarde, Dani? -me preguntó, intentando contener otro ataque de risa. Estaba pensando en qué responderle cuando Rafa dijo:
-Daniel cree que tiene poderes. Yo le he visto hacer algo fuera de lo normal, pero aún no estoy convencido. Queremos que luches con él para comprobar si es verdad.
Xavier nos miró a los dos con una media sonrisa que parecía indicar que no sabía si reirse de nuevo o empezar a pensar que nos habíamos vuelto locos o que íbamos hasta las trancas de mierda.
Pasaron unos segundos en silencio, en que él nos miraba como si se encontrara de repente ante dos desconocidos y nosotros lo mirábamos a él, intentando confirmarle con nuestro silencio y nuestra expresión grave que no le estábamos gastando ninguna broma.
Finalmente dijo, sin convicción:
-Esto va en serio..., ¿no?
Asentimos los dos a la vez. Xavier bufó, se encogió de hombros y nos dijo que le siguiéramos a los vestuarios.

Diez años después volvía a enfundarme mis viejos guantes gastados, que aún conservaba como recuerdo, unas espinilleras, y un protector bucal. Me sentí ridículo, a la vez que gilipollas. Xavier, además, me obligó a ponerme un casco protector. La verdad es que no recuerdo que los usáramos cuando hacíamos kickboxing.
Rafa se acercó a él y escuché que le decía que no se contuviera. "¡Qué cabrón!", pensé. "Realmente quiere comprobar si tengo poderes, y si no los tengo quiere quitármelo de la cabeza de una vez por todas."
Subimos a las colchonetas y Xavier se colocó en posición. Yo lo miré y le imité, inseguro. "Ya no me acuerdo de nada. Me va a pegar una paliza" pensé. Me estaba acojonando. Tener a un tío como él delante, sabiendo que de un momento a otro va a dejar caer una lluvia de golpes sobre ti, intimida. O mejor dicho, hace que te cagues de miedo. "Puede que lo haya imaginado todo. Puede que no tenga una mierda..."
Y entonces, cortando mis pensamientos con un puñetazo, avanzó hacia mí. Su puño me golpeó en el puente de la nariz y me aturdió. No había pegado con todas sus fuerzas a pesar de las palabras que le había dirigido Rafa. Se contenía. Evidentemente no se creía nada de lo que le habíamos dicho y se estaba tomando aquello como una broma.
De todas formas aquel primer golpe me dolió como mil demonios. Retrocedí un par de pasos alzando los brazos para cubrirme y entonces me ensartó con un gancho de izquierda en el estómago que me levantó del suelo varios centímetros.
A mi espalda podía oír a Rafa maldiciendo en susurros.
Xavier retrocedió para darme tiempo a reponerme, y quitándose la férula de la boca preguntó si ya había tenido bastante. Miró a Rafa, encogiéndose de hombros y volvió a mirarme, esperando una respuesta. No debería haber sonreído. Aquella mirada condescendiente me dolió más que todos los puñetazos y patadas que pudiera recibir.
-Ponte la puta protección -dije, señalándolo. Ya no sentía miedo. Ya no me intimidaba su altura. Ni sus músculos. Tampoco me intimidaba la interminable colección de copas, cinturones, medallas y títulos que se agolpaban en las vitrinas que nos rodeaban.
Se colocó la férula de nuevo y se puso de nuevo en posición. Entonces ataqué yo. Esquivó mis primeros ataques con facilidad y consiguió conectar tres o cuatro golpes que apenas noté.
Rafa se movía a nuestro alrededor, observando aquello con temor.
Nos movíamos sobre las colchonetas a una velocidad impresionante, cada vez más rápido. Xavier ya no conseguía conectar sus golpes y le estaba costando cada vez más esquivar los míos. No sé cuánto duró aquello -según Rafa estuvimos danzando más de cinco minutos-, pero terminó en el instante en que conseguí conectar mi primer y único golpe. Un gancho de derecha penetró su guardia y le dio de lleno en la mandíbula. Se derrumbó cuan largo era, atontado y agotado.
Había noqueado a uno de los campeones de España y Europa de kárate y kickboxing.

Xavier se quitó los guantes, el casco y la férula, y me miró desde el suelo. Pronto sus labios formaron una sonrisa y adelantó el brazo para que le ayudara a levantarse. Una vez en pie, mirándome a los ojos, dijo:
-No sé que es lo que ha pasado hoy aquí. Pero te aseguro que ha sido uno de los combates más duros de toda mi vida. Eso no ha sido suerte, has vencido porque eres más rápido y más fuerte que yo.
Luego nos fuimos los tres a cenar y a tomar unas copas. Xavier tenía derecho a que le explicáramos lo que me estaba sucediendo. Además estaba impaciente por saberlo todo con pelos y señales. No nos hicimos de rogar.

Al despedirnos, Xavier -que es un auténtico fanático de los cómics de superhéroes- me dijo:
-No olvides lo que dijo el tío Ben a Peter Parker: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.”
Nos reímos los tres con ganas y cada uno se fue a su casa.

Llevo dándole vueltas a esa frase desde ayer: no creo que sea tan fácil como en los cómics.
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Arawna

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Re: Hoy me ha pasado algo muy bestia
« Respuesta #44 en: 12 de Marzo de 2010, 10:56:01 am »
Lunes 2 de abril de 2007, 22:28h
Aventura improvisada


Ya tengo listo el equipaje. ¡Mañana a las 8:00h comienza la aventura!
He quedado con Sara una hora después junto al Arco de Triunfo de Barcelona, y de allí nos iremos hacia el sur siguiendo la costa por la C-32. Ya tenemos reservada la primera noche en un hostal de Cuenca que tiene buena pinta y no es demasiado caro. Nos llevaremos la tienda de campaña por si acaso, pero la idea es intentar pasar las noches en hostales que vayamos encontrando y que no sean muy caros.
La ruta circular que hemos trazado pasa luego por Burgos, Vitoria, Pamplona y de vuelta a Barcelona, aunque está abierta a la improvisación, así que si vemos algo desde la carretera o en algún mapa que nos parezca interesante nos detendremos.
También me gustaría ver Toledo, más que nada para confirmar que existe realmente, pero queda algo apartada, así que ya veremos; según como vayamos de tiempo.
Espero que mi viejo Peugeot 205 aguante el trote al que lo vamos a someter en estos cuatro o cinco días. Me ha llevado a todas partes sin darme ningún problema desde que lo compré de segunda mano hace siete años, y ya tenía nueve... Si resiste, en cuanto lleguemos lo jubilo, se merece ya un descanso tanto como yo me merezco un coche nuevo.

Por cierto, aún no sé qué le contaré a Sara si me empieza a sangrar la nariz durante el viaje. Demasiadas cosas en la cabeza y demasiado trabajo en la oficina han conseguido que me olvidara completamente del tema hasta ahora. Aunque pensándolo bien, ¿no es un viaje improvisado? ¡Pues ya improvisaré! ¡A los superhéroes se les da bien eso!
Tengo la sensación de que ésta será una gran aventura en la que tendré la oportunidad de profundizar más en la relación -si es que se la puede llamar así tan pronto- que acabo de iniciar. Estoy entusiasmado con la idea de recorrer lugares nuevos para los dos al tiempo que nos vamos conociendo el uno al otro.
Sólo espero no meterme en problemas. Intentaré mantenerme al margen de cualquier movida. Estoy realmente decidido a dejar en casa las migrañas, las hemorragias nasales, el estrés del trabajo y mis poderes recién adquiridos. Voy a ser una persona normal por una semana más, y cuando vuelva ya pensaré qué hacer con todo ello.
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