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Superhéroes Ciencia

Superhéroes y Ciencia: Hollywoodland (y II)

por | 15 de abril de 2007

(Continuación). Como al personaje público, a nuestro hombre, en lo privado, tampoco tardaron en presentárseles las penumbras. Ya un año antes de empezar a trabajar en Superman, Reeves, había empezado a salir con una mujer casada, Toni Mannix. Siete años mayor que él y esposa de Eddie Mannix, uno de los vicepresidentes de la Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), relacionado con la mafia. Eran dos secretos a voces, el adúltero y el mafioso, bien conocidos y mejor silenciados. Un asunto delicado.


No obstante, el triángulo amoroso marchaba sin tropiezos. Al menos hasta que en un viaje a Nueva York, en 1958, Reeves conoció a Leonore Lemmon, una joven de la alta sociedad, conocida por su fuerte temperamento y desmedida afición por las fiestas. El amor prendió en la pareja y pronto, Leonore, se mudó a California para vivir junto a su Hombre de Acero. A partir de entonces Reeves empezó a vivir un calvario. Recibía continuas llamadas anónimas, de día y de noche. Le mataron a su perro Sam. En abril de 1959, conduciendo su Jaguar perdió el control y chocó contra un poste; un mecánico declaró que el freno había sido manipulado. Mal asunto.

16 junio de 1959
Fue el día en el que murió el actor. A la 1:59 horas de ese día, la policía recibió una llamada desde el 1579 de la calle Benedict Canyon, en Los Ángeles. En la planta baja se estaba celebrando una fiesta y los invitados llamaban para avisar de que, el anfitrión, se había suicidado en la planta alta. Pero no se trataba de un suicidio más. La victima era George Reeves, Superman. Según contaron se había acostado pronto pero, molesto por el ruido, bajó para pedir algo de silencio. Luego subió y, ya en su dormitorio, se pegó un tiro.

Estos son los hechos tal como los contó Leonore. De esta bala no se libró Reeves. Tras el análisis forense, la policía declaró que había sido un suicidio. En su tercer intento sí había logrado quitarse la vida. Tenía 45 años. La causa del supuesto suicidio bien pudo ser el declive de su carrera y el encasillamiento en el papel de Superman. Una prueba de esto último la dan los titulares que, tras su muerte, decían: “Superman ha muerto” y no “George Reeves ha muerto”. La paradójica mortalidad de un personaje inmortal. Es lo único que impactó a millones de personas. Pobre George.

Sombras de dudas
Sin embargo la investigación policial ofrece puntos poco claros. A saber. La mayoría de los suicidios no se producen en casas llenas de gente. El actor fue encontrado desnudo, de espaldas. No hubo manchas de pólvora en la sien, lo que sugiere que el disparo se efectuó a cierta distancia. Las huellas dactilares de Reeves tampoco fueron encontradas en el arma. Y, por si fuera poco, la policía descubrió moretones en todo el cuerpo. Además la autopsia reveló que había muerto a las 1:15. Hasta las 1:59 que llamaron los invitados ¿qué pasó?

Por último, una versión no confirmada asegura que, unos días después, la policía halló dos orificios de bala en la moqueta que cubría el suelo donde fue encontrado el cadáver. Se habían producido con la misma arma que había matado a Reeves, una Luger automática. Una de las balas había atravesado el suelo y estaba alojada en el revestimiento del salón, en el piso inferior. La otra se encontró en una viga del techo. Pero en el dormitorio sólo se encontró un casquillo. Demasiadas preguntas sin respuestas ¿Fue un suicidio?

Otras versiones
La madre de George se negó a aceptar la versión policial. Mantuvo el cuerpo de su hijo en una cripta temporal durante ocho meses, a la espera de que un investigador privado encontrara alguna evidencia nueva. Pero nada. Ni que decir, que la muerte del actor desató la imaginación de la gente. Sus amigos sostenían que fue asesinado por orden de Eddie Mannix, por la infidelidad de su mujer. Otros decían que fue la propia Toni quien, presa de los celos, contrató a un matón para que lo liquidara. Incluso algunos acusaron a la propia Leonore de haber sido la autora del disparo (o disparos) en un ataque de furia. Él se negaba a casarse con ella ¿Asesinato o suicidio? Enigma.


Lo cierto es que, al final, los cuernos o la depresión pudieron más que la kriptonita y que, casi cincuenta años después, no parece que podamos saber algo más sobre esta tragedia. Cuando la ciencia no puede investigar, sólo de conjeturas se puede hablar.Sin comentario la ridícula idea acerca de una pretendida maldición de Superman, al estilo de la de Tutankamón. Otra memez paranormal que intenta relacionar el parecido de los apellidos de los actores, Reeves y Reeve, y sus trágicas muertes. O los supuestos extraños fallecimientos de otros actores de las distintas versiones radiofónicas, televisivas y cinematográficas del personaje, que en el tiempo han existido. Beocias de magufos. Fraudes de desalmados. Negocios de vividores de la credulidad humana. Ya saben, ficción.

Lo único real de todo es que, en el cementerio de Pasadena (California) hay una urna con un epitafio sencillo y conmovedor: “Para mi querido hijo: Superman”. La mandó inscribir su madre. Dentro están las cenizas de Reeves. A su lado, ahora, reposan las de ella. Amor de madre. Único.

Escrito por Carlos Roque Sánchez croque@supercable.es

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Superhéroes y Ciencia: Sentido arácnido [4]

por | 8 de abril de 2007

Como sabemos, el escritor Stan Lee dotó a su superhéroe Spiderman con una serie de atributos sobrehumanos, merced a la picadura que sufrió el estudiante Peter Parker, por parte de una araña que, de forma casual, había recibido una radiación nuclear. Visto con perspectiva, llama la atención, por un lado, la cantidad de accidentes producidos por el fenómeno de la radiactividad, en los cómics de esta época. Observe que siempre son radiactivos. Y sorprende, por otro, que todos produzcan superpoderes a los humanos irradiados. Una alarmante y suspecta regularidad de la ciencia-ficción, bien lejos de la realidad científica, por desgracia.


No obstante, lo de la radiactividad tiene su razón de ser. No debemos olvidar que la Física Nuclear, en esos años sesenta, era el campo de conocimiento más puntero de la Física. Ya se habían lanzado en Hiroshima y Nagasaki las bombas nucleares de fisión (bombas A), trágico final del supersecreto Proyecto Manhattan, dirigido por el físico R. H. Oppenheimer en Los Álamos. Y se había probado la bomba de fusión o termonuclear (bomba H), mucho más potente y destructiva, creada bajo la dirección del físico E. Teller. Comprensible por tanto.

El extraño sentido, según el escritor
Lo que no resulta tan explicable, es el porqué siempre producían superpoderes en las personas irradiadas. En fin, será cosa de los cómics y de la ciencia-ficción. Pero a lo que íbamos de los superpoderes. El sentido arácnido es uno de ellos, ¿tiene algún tipo de explicación?

Recordemos que es una especie de “sexto sentido”, que avisa a nuestro superhéroe de posibles y potenciales peligros. Lo hace mediante una sensación de hormigueo, en la parte posterior de su cabeza. El lector avisado comparte tal sensación, al reconocer un dibujo que, a modo de ondas, rodea la parte superior del superhéroe. Lo que está bien ideado ¿Cómo se le pudo ocurrir? Por desgracia no se sabe, a ciencia cierta, de donde sacó Stan Lee dicha ocurrencia. Dicen que no se le daba bien cazar arañas, que siempre se le escapaban. Por lo que debió pensar que estaban dotadas de una percepción extrasensorial. No sé.

El extraño sentido, según Peter Parker

Tampoco Peter Parker, como científico en ciernes que es, ofrece una explicación sobre la naturaleza de tan extraño sentido. Él sólo se percata de algunas de las características, de esa especie de respuesta simultánea y clarividente, que su cerebro genera ante una compleja variedad de peligros. Unas veces le avisa, con tan sólo unas centésimas de segundo, antes de una caída, una bala, un ataque, etc. Otras, sin embargo, lo hace con unos minutos de antelación; si bien en este caso Spiderman desconoce la naturaleza de tal amenaza. También, por la intensidad del hormigueo, el superhéroe puede discernir el grado de peligro que corre. Pero se trata, igualmente, de un proceso que sucede de forma inconsciente. Las señales llegan directamente a su cerebro, sin que medie racionalidad alguna por su parte. Él sólo reacciona.

Pero con el tiempo, sí es consciente de que su capacidad receptiva le permite percibir emisiones, cuya frecuencia coincide con la de las ondas de radio. Como sabemos, estas ondas son producidas por dispositivos electrónicos oscilantes –de frecuencia está comprendida entre 3·101 y 3·109 Hz y longitud de onda entre 10 km y 10 cm-, y se emplean en telecomunicaciones, radio y difusión. Una circunstancia que Parker aprovecha para inventar sus propios rastreadores arácnidos.

No obstante su sentido arácnido no es infalible. En caso de sufrir diversos ataques, intensos y simultáneos, su capacidad para realizar maniobras evasivas, en base a este sentido y a su extraordinaria y también arácnida agilidad se resiente. Además, determinados villanos pueden neutralizar esta habilidad sobrehumana, bien por su origen extraterrestre o por haber tenido una relación previa con el superhéroe. Sucede con Venom (Veneno) y Carnage (Matanza).

El extraño sentido, según la ciencia
En la actualidad algunos experimentos parecen probar la posibilidad que tiene el cerebro humano, para detectar los campos electromagnéticos de otros cerebros. Un comienzo para una supuesta telepatía, basado en una consecuencia de la Teoría ElectroMagnética de Maxwell: las corrientes eléctricas variables en el tiempo generan ondas electromagnéticas que pueden ser detectadas. Un ejemplo que podría avalar una prometedora, y sin comprobar aún, ecuación:

CÓMICS + TIEMPO = REALIDAD
tras la que subyace otra más científica y, en parte, comprobada:

CIENCIA-FICCIÓN + TIEMPO = CIENCIA

(Continuará)

Escrito por Carlos Roque Sánchez croque@supercable.es

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Superhéroes y Ciencia: Hollywoodland (I)

por | 1 de abril de 2007

A medio camino entre el misterio y el thriller, la ficción de la película trata sobre la resolución policial de un sucedido real. La muerte del actor George Reeves, que interpretó al primer Superman televisivo, allá por los años 50. Un análisis de los problemas que suscitan la fama pública y la identidad privada en los actores. Un trágico e intrincado argumento en el que se mezclan el poder de los estudios cinematográficos, la ambición personal de sus magnates, el deseo de actrices y actores de convertirse en estrellas y, claro, la lascivia de todos. En definitiva, Hollywood en estado puro.

George Reeves, Superman
Si bien las aventuras de El Hombre de Acero ya eran conocidas del público estadounidense, a través de la radio (de 1940 a 1951) y el cine (17 cortometrajes animados y dos seriales), no fue hasta la aparición de la televisión, cuando el superhéroe caló de forma masiva en el público. Desde que se empezó a emitir la serie Adventures of Superman, en septiembre de 1952, el éxito fue inmediato.

En lo público, Superman, el superhéroe, triunfó. Todo eran luces. Se convirtió en una cita obligada para millones de niños y catapultó a su protagonista, George Reeves, a la categoría de estrella. Los focos hollywoodenses le iluminaban. Hasta la emisión del último capítulo, en abril de 1958, llegó a grabar 104. Un número considerable que se convierte en espectacular, si tenemos en cuenta que hay que sumarle los episodios anteriores que, de manera simultánea, la cadena “ABC” reponía diariamente. Un factor que atraía a nuevos telespectadores, encantados de ver las hazañas del lumínico superhéroe Superman, por un lado, y las patosidades de su “alter ego”, el periodista Clark Kent, por otro. Superman, un icono de “la verdad, la justicia y el estilo de vida americano”. En fin, ya saben del infantilismo estadounidense.

George Reeves, actor
Pero para el actor, no todo eran luces. Muy pronto aparecieron los claroscuros profesionales. Por ejemplo, el contrato televisivo le impedía aceptar otro papel mientras la teleserie estuviese en antena. Un condicionante temporal que ralentizó su carrera como actor. Y eso no fue lo peor. El público cinematográfico no aceptó verle en otro papel, que no fuera el de Superman. Lo que terminó por encasillarlo. Una circunstancia que, la mayoría de las veces, acaba siendo un freno definitivo para un actor. Que fue lo que pasó en nuestro caso. El luminoso éxito como superhéroe se terminó convirtiendo en una oscura condena interpretativa.

Tan oscura que, ya en lo personal, pronto se transformó en penumbras. Entre otras tenía prohibido fumar en público, para no empañar la imagen del superhéroe. Cualquier fumador sabe lo que eso significa. Irritante. Ni ser visto con ninguna de sus novias (los fans pensaban que la única mujer en su vida era Lois Lane). Inhumano. Es más, a veces, cuando iba por la calle, los niños trataban de pegarle patadas en la espinilla para ver si realmente era invulnerable. Humillante. Y así un largo etcétera de prohibiciones e indignidades. Claroscuros personales.


George Reeves, personaje público
Para el personaje público, tampoco eran buenos tiempos. Al no ser contratado para ningún otro papel, su fama como actor disminuyó y con ella su autoestima como hombre. En cierta ocasión sufrió un accidente de coche y, debido a la fuerte conmoción, se desmayó del susto. Una reacción humana, pero no supermánica. Así lo quisieron entender los titulares de los periódicos que se cebaron con él: “Superman se desmaya a la vista de su propia sangre”. Deber informativo y periodismo canalla. Un peligroso binomio. De siempre, la prensa del corazón ha existido. Lo cierto es que con el tiempo, el público no sólo lo ignoró sino que lo denigró. Como es el que paga, puede. Eso dicen, al menos. Aunque todo tiene un límite.

Una noche, en plena calle, fue abordado por un individuo que le apuntó con una pistola. Estaba decidido a pegarle un tiro, para ver si la bala rebotaba. Quería saber si era de verdad Superman. Por suerte, George le convenció de que lo era. Pero que no debía disparar pues la bala, al rebotar sobre él, podría herir a cualquiera. Así se libró de una muerte segura. Pero no de caer en una profunda depresión. Le hundieron la frustración y la tristeza. No se conformaba con ser, sólo, Superman. Qué ironía. El personaje no se sentía valorado. Le diagnosticaron trastorno mental y pasó por dos intentos de suicidio. (Continuará)

Escrito por Carlos Roque Sánchez croque@supercable.es

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Superhéroes y Ciencia: El superhéroe más desgraciado [3]

por | 25 de marzo de 2007

Al principio, el joven Peter considera que sus superpoderes son un pasaporte para la fama y el dinero. Decide utilizarlos en su propio beneficio y se introduce en el mundo de la lucha libre como Spiderman. Un día, tras un combate en el que vence con facilidad, es testigo de un robo pero niega su ayuda al guardia de seguridad, que corre solo tras el ladrón en fuga.
Un comportamiento imposible en Peter, pero posible en Spiderman. El superhéroe se considera una estrella del espectáculo, muy por encima de esas desgracias humanas. Un grave error. Al volver a su casa se entera que un ladrón había entrado en ella, que tío Ben se le había enfrentado y que el ladrón lo había matado. Lleno de ira busca al homicida y, gracias a sus superpoderes, lo encuentra. Descubre que es el mismo que dejó marchar. La tragedia está servida. Es entonces cuando comprende las palabras que su tío le repetía.

“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”
Con ellas intentaba inculcarle el sentido del deber y Peter, mejor dicho Spiderman, lo convierte en su lema. Nace el superhéroe con las extraordinarias habilidades heredadas del artrópodo radiactivo: agilidad inaudita, sentido del equilibrio excepcional, capacidad de trepar por muros completamente verticales, aumento “proporcional” de la fuerza, posibilidad de realizar las más increíbles acrobacias con total facilidad, “sexto sentido” que le avisa de los peligros a modo de sentido arácnido, etc. Unos poderes potenciados con una serie de artilugios de su invención, tales como un fluido que se convierte en largos hilos e incluso en una tela de araña. Todo para defender su nuevo sistema de valores, al servicio de la lucha contra el crimen.

Una desinteresada y loable labor que, paradójicamente, sólo le genera sinsabores. No deja de recibir críticas negativas, está siempre bajo sospecha pública continua, sus intervenciones suelen ser sometidas a un receloso escrutinio. Un cúmulo de contrariedades, impropias en un superhéroe, que le hacen lamentarse de su suerte, al menos, tres veces por capítulo. Es cuando comprendemos que Spiderman, es simplemente un ser humano que intenta ser un héroe. Esa es su miseria y su grandeza. Es un héroe de andar por casa. El nuevo superhéroe.

No hay superhéroe sin traje
Para proteger su alter ego, Spiderman utiliza un vistoso traje de llamativo diseño que, al igual que ocurre con otros superhéroes, le permite mantener el anonimato y su doble identidad. Mientras Peter Parker trabaja como fotógrafo para el Daily Bugle, Spiderman persigue a delincuentes y supervillanos como el Doctor Octopus, el Duende Verde y Electro.

Aunque los detalles y proporciones han cambiado a lo largo de los años, en lo esencial, el traje de Spiderman se ha mantenido. Está fabricado en color azul y le cubre todo el cuerpo. Encima lleva una especie de botas rojas con unas marcas de telaraña. En un tejido igualmente rojo y con el mismo patrón de telaraña, cubre abdomen, pecho, hombros y cabeza, así como las manos y brazos. El resto, es decir, espalda, costados y por la parte inferior de los brazos es de color azul. En la espalda muestra una gran araña roja y un pequeño emblema de araña negro en el pecho. La máscara tiene dos grandes ojos blancos con el borde en negro, que le permiten ver pero que oculta sus ojos. Un bonito disfraz.

“¡Yo soy un policía, no un insecticida!”
En realidad, la primera película de Spiderman cumple ahora treinta años. Fue en 1977, un año antes del estreno de la gran superproducción Superman, cuando se rodó un episodio piloto para televisión, junto a dos episodios más. No resultó lo que se esperaba porque fueron reciclados como filmes de serie B y distribuidos directamente para el cine. El personaje lo encarnaba Nicholas Hammond, uno de los niños de Sonrisas y lágrimas, y pasó por las pantallas con más pena que gloria. Efectos especiales pobres y poco imaginativos, guiones flojos y actores mediocres fueron, a qué dudarlo, la causa de semejante desinterés por parte del público. Nada que ver con la zaga que se inició en 2002. Una frase pronunciada por el jefe de policía en la película, nos da una idea de la sociología que acompañaba al nuevo héroe y cómo debió afectar a su psicología de joven héroe. La frase quedó para el anecdotario oficial: “¡Yo soy un policía, no un insecticida!”. Sin comentarios. (Continuará)

Escrito por Carlos Roque Sánchez croque@supercable.es

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Superhéroes y Ciencia: Spiderman, un superhéroe atípico [2]

por | 11 de marzo de 2007

Como simple mortal que es, Stan Lee, encarna al superhéroe en el cuerpo de un adolescente tímido, poco seguro de sí mismo y propenso a cometer errores. No muy distinto a cualquiera de los muchos chicos de todo el mundo. Pero esto es sólo apariencia. Desde el principio, el joven está agobiado con problemas personales, familiares y escolares, aunque lo sobrelleva con un fino humor. Un humor irónico, a modo de pequeño y cómplice guiño del guionista hacia el lector. Ese es el fondo.

Como superhéroe de cómic, cuentan que se lo imaginó al contemplar una mosca moviéndose por la pared. Así fue como le vino la inspiración; al menos eso dicen. Sería un joven capaz de trepar por los muros, si bien cambió de animal. No sería una vulgar mosca, sino una araña. Había nacido Spiderman, el Hombre Araña. Mientras, en el resto del mundo, los nuevos aires de cambio traían el movimiento hippy y el soviético G. Titov, a bordo del Vostok 2, se convertía en el segundo cosmonauta que surcaba el espacio. También nacían The Beatles y la Luna se presentía ya a tiro de piedra. Eran unos tiempos en lo que todo era posible. O lo parecía.

Comienza la Spidermanía
En un principio el héroe no gustó en Marvel. Le veían muchos inconvenientes: 1) las arañas no son animales que caigan, precisamente, bien a las gentes; 2) era muy heterodoxa la idea de un héroe adolescente, con una vida personal tan agitada; 3) además los jóvenes solían hacer de ayudantes de los héroes, no de los propios héroes de la historia. No. La gente no iba a comprar las aventuras de un adolescente problemático y sensiblero con un alter ego arácnido. No era negocio.

Sin embargo decidieron probar e incluyeron una historia en una revista poco rentable, que iba a ser cancelada, Amazing Fantasy. Contra pronóstico la prueba resultó todo un éxito. El guión de Stan Lee y los dibujos de un extraordinario Steve Ditko, causaron furor cuando aparecieron en el número 15 de la revista. Poco importó que comenzara con una periodicidad bimensual, el éxito de ventas hizo que pasara a ser mensual al poco tiempo. Pleno editorial.

Corría el ferragosto de 1962. Comenzaba la Spidermanía. Hoy día, cada ejemplar de ese mítico número 15 de Amazing Fantasy, me cuentan que se cotiza a 30.000 euros. Quien sabe. Es el precio que hay que pagar por el valor de la fama. En otro orden de cosas, por esos mismos días, la actriz Marilyn Monroe nos dejaba. Dicen que ya no tenía valor para pagar el precio de la fama. Que le agobiaba la mitomanía cinematográfica y le suicidaban los barbitúricos. Valor y precio.

Peter Parker, el joven
En la historia, Peter Benjamin Parker, es hijo de dos agentes de la CIA que mueren en una misión, motivo por el que queda al cuidado de sus tíos Benjamin y May, que viven en Forest Hills un barrio de Queens, Nueva York. Con el tiempo, el niño se convierte en un joven estudiante, amante de la ciencia, miope, enclenque, tímido y bastante inadaptado, de 16 años. Que debe soportar las bromas de sus compañeros de colegio, ya que la fuerza física no es lo suyo. Pero que, intelectualmente, tiene un cerebro brillante, con grandes aptitudes para la Física, Química y Biología. Un perfil humano poco abundante, es cierto, pero nada extraordinario.

Todo empieza a serlo cuando, presenciando una exhibición científica, el joven Peter es picado por una araña que había sido expuesta, de manera accidental, a unos experimentos radiactivos. Ya es casualidad, digo yo, pero vamos a lo que vamos. El líquido inoculado causa en el joven una serie de mutaciones fisiológicas, que le van confiriendo unas características, supuestamente, similares a las de una araña. Su fuerza, agilidad y velocidad aumentan de manera proporcional a las de una araña de su tamaño. Desarrolla un “sentido arácnido” que le avisa de peligros inminentes. Adquiere la habilidad de adherirse y desplazarse por cualquier muro o pared. Fisiológicamente su nuevo organismo tiene la capacidad de curar las heridas muy rápidamente, siempre que sean de gravedad media a moderada. Y además pierde su miopía. Nunca una picadura de araña dio para tanto.

Si a esto añadimos que, gracias a su privilegiada inteligencia (en esto no tiene nada que ver la arácnida picadura), se las ingenia para construir un mecanismo que le permite lanzar un viscoso producto químico, a modo de telaraña. Entonces no se puede pedir más. Con tantas habilidades especiales, el joven Parker ha adquirido poderes sobrehumanos. Él no lo sabe, pero va camino de convertirse en un superhéroe. El más desgraciado de los superhéroes (Continuará)

Escrito por Carlos Roque Sánchez croque@supercable.es

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Superhéroes y Ciencia: Superhéroes encantados de serlo [1]

por | 25 de febrero de 2007

A finales de los años cincuenta y década de los sesenta del pasado siglo XX (Edad de Plata de los cómics), los superhéroes de DC Comics estaban más que perfilados. Eran adultos, con personalidades ya formadas, y psicológicamente maduros. Personas hechas y derechas, lo que permitía que todo el desarrollo de la trama aventurera del cómic se centrara en la lucha del superhéroe con los villanos de turno. Eso era lo que interesaba en aquella época. La acción por la acción.

Se trataba de unos superhéroes que habían adquido sus poderes de una forma un tanto increíble, esa es la verdad. Aunque tampoco lo es menos, el hecho de que el asunto en sí no parecía importarle lo más mínimo al lector. Lo que sí era importante es que los superhéroes no tenían ninguna duda en que debían utilizarlos y que, además, sabían cómo hacerlo. Los habían recibido para combatir el crimen y debían salvaguardar a la humanidad de cualquier mal. Era lo natural, lo esperable en ellos. Para eso eran hombres y mujeres portadores de una ética insobornable y una moral intachable. Entre sus filas, seguro que los conoce: Superman, Flash, Aquaman, la Mujer Maravilla, Batman, etc. Todos encantados de haberse conocido, felices de ser como eran. Y, claro, sin ningún inconveniente en ponerse unos uniformes de vistosos colores (azul, rojo, verde y amarillo), enfundarse en apretadas y llamativas mallas y ponerse sugestivos antifaces. En fin, dejaremos este asunto aquí. Al menos por ahora.

Y otros que no lo están tanto
Pero las cosas iban a cambiar para la DC Comics. De eso se encargó su principal competidor, la entonces Timely y posteriormente Marvel Comics. Y el cambio le vino de donde menos lo esperaban. No del superhéroe, sino del humano. Si hay algo que va a diferenciar a los personajes de la DC de los de Marvel, es que éstos son unos seres desgraciados con sus superpoderes, mejor dicho, unos infelices debido a ellos. Con amargura, se quejan de que no han tenido suerte. Ninguna. En absoluto.

No ven sus superpoderes como una bendición de los dioses. Por el contrario, se lamentan de su mala suerte. De hecho deploran sus destinos personales. No hay más que pensar en Hulk, en algún que otro componente de la Patrulla X o en La Cosa de Los Cuatro Fantásticos. Por ejemplo, el bueno de Ben Grimm, cuando la radiación cósmica lo convierte en esa enorme y anaranjada complexión rocosa conocida como La Cosa, no salta precisamente de alegría. Está de todo, menos encantado con su fuerza sobrehumana y su aspecto físico. Deplora y maldice, una y otra vez, el hecho de convertirse en un bloque andante. No hay nada que desee más que volver a ser Ben. Y así toda la zaga marveliana de superhéroes. Ésa es la diferencia con la pandilla de DC. Bueno, una de las diferencias, la primera.

Si bien el lamento es una característica común a todos ellos, no se equivoque. Si hay un superhéroe, en la galaxia de los cómics, que esté más descontento que ninguno con su circunstancia. Uno que se queje más que nadie, con diferencia. Uno que se lamente de su destino en la vida, hasta la extenuación. Éste no es otro que… Spiderman.

Unos superhéroes distintos
Mas vayamos por parte, que principio quieren las cosas. Estamos a comienzos de la década de los sesenta, del siglo XX. Un aspirante a escritor, uno más, mientras lo consigue, se gana la vida en la empresa Timely, propiedad del marido de una prima suya. Escribe guiones de cómics de superhéroes y, aunque su nombre es Stanley Lieber, los firma bajo el seudónimo de Stan Lee. Lo cierto es que no le va mal. Acaba de crear un grupo de superhéroes muy novedoso para la época, los 4 Fantásticos, que han sido acogidos muy bien por el público. Después vendría El increíble Hulk y otros más. No, nada mal. Pero a Stan Lee le ronda una idea por la mente. Quiere crear un superhéroe distinto a todos. Un personaje atípico, que rompa con los moldes establecidos. Y se lo imagina. (Continuará)

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Superhéroes y Ciencia: Superman (6)

por | 18 de noviembre de 2006

De la kriptonita del cómic

Se trata de un material ficticio, que representa el talón de Aquiles de nuestro superhéroe. Desde el principio, sus “padres literarios” tuvieron claro que los poderes no podían ser ilimitados. Si no, qué iban a hacer los malhechores frente a él. Nada. No habría uno que le durara más de dos viñetas, menos una aventura y, menos aún, una saga aventurera de casi cincuenta años ya. Por eso se inventaron la kriptonita.

Lo que no llegaron a tener claro es si, desde el punto de vista científico, se trata de un mineral, un compuesto químico o una sustancia simple (que no son lo mismo, aunque parezcan igual). O, al menos, si lo tuvieron claro, no se han dignado aclararlo en todo este tiempo. Por lo que lo desconocemos. Lo que sí sabemos es que procede de la explosión del planeta Kryptón y que tiene unas peligrosas propiedades radiactivas. Son sus radiaciones, precisamente, lo único a lo que Superman es vulnerable, pudiendo incluso llegar a matarlo, si el tiempo de exposición era lo suficientemente largo. Precaución.

Conviene resaltar que esta radiactividad, en contra del parecer general, no es selectiva. No afecta sólo al superhéroe. Todos los kriptonianos y, también, los terrícolas sufren sus perjudiciales efectos. Lex Luthor perdió su mano (la derecha, creo recordar) por los efectos de la radiactividad que generaba un anillo que llevaba puesto, qué paradoja, para mantener alejado a Superman. Bueno, poco más que decir de ella, salvo que he contabilizado hasta diez (10) tipos de kriptonitas diferentes, por su color y efectos. Desde la verde, la más común, hasta la carmesí, pasando por la roja, la lenta, la dorada, la sinética, la azul, la plateada, etc.

Al kriptón científicoÉste sí es un material real. Se trata de una sustancia simple química de fórmula Kr (g). Un gas incoloro, inodoro e insípido, de bajo poder radiactivo y que se encuentra en nuestra atmósfera en un muy bajo porcentaje, donde fue descubierto en 1898. Su nombre proviene del griego kryptós (oculto), dado lo difícil que resultó su identificación en la atmósfera, por su rareza.

También se encontró como uno de los productos de las reacciones de fisión nuclear del uranio, U (s), que se realizaron a partir de los años treinta del siglo pasado, en plena Era Nuclear (véase CyC: “¿Quién mató a John Wayne, I y II”). Este redescubrimiento científico de la sustancia, junto a su exótico nombre, pudo ser la causa de que los creadores del superhéroe se fijaran en él, para dar nombre al planeta de KalEl y a su radiactivo material.

Pero en realidad, y a efectos prácticos, la sustancia kriptón es un gas inerte que tiene múltiples y beneficiosas aplicaciones: está en el interior de nuestras lámparas fluorescentes; forma parte de los sistemas de iluminación de los aeropuertos, por su elevado alcance; se emplea en las lámparas incandescentes de los proyectores de cine; el láser de Kr se usa en medicina para cirugía de la retina del ojo, etc. Como ven, nada que ver con la maldita kriptonita. De la realidad a la fantasía. (Continuará)

Escrito por Carlos Roque Sánchez(croque@supercable.es)
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Superhéroes y Ciencia: Superman (5)

por | 29 de octubre de 2006

Más ciencia para Superman

A todos nos resultan familiares las impactantes escenas de astronautas moviéndose en la Luna o “flotando” ingrávidos en una estación espacial. A primera vista, la realidad de ambos fenómenos físicos parecen credibilidad científica, a la imaginaria existencia de los superhéroes y sus milagrosos prodigios sobrehumanos. No obstante, por desgracia, sólo lo parece. Lo cierto es que, la visión que tiene la ciencia es más bien escéptica, en lo que respecta al mundo de los superhéroes. No niega su posible existencia, pero sí la considera muy improbable. No en vano, son varios los principios, teorías y leyes científicas que violan con sus hazañas. Veamos.

Como en la Luna

Si nos fijamos en la primera de las escenas del principio observamos que, en ellas, los astronautas son capaces de dar saltos enormes sin impulso apenas, o de sostener objetos densos sin gran esfuerzo. Una prueba evidente de que la gravedad lunar es mucho menor que la terrestre (aproximadamente una sexta parte) y un aparente argumento científico a favor de Superman. Que sería como un astronauta en la Luna pero con más energía. No obstante, siendo cuidadoso en la observación, caemos en la cuenta de que los astronautas no andan sobre la Luna. No pueden hacerlo, dada la baja gravedad lunar. Por poco que levanten un pie para andar, este hecho se convierte en todo un pequeño salto. Así que avanzan a saltitos, que es como los vemos, brincando de un sitio a otro. Y que es como Superman debería moverse en la Tierra. Cosa que no hace, pues lo vemos caminar.

Sometido a la ingravidez

Respecto a la segunda escena, de todos es sabido que la ingravidez termina debilitando el cuerpo, dado que es necesario hacer sólo un mínimo esfuerzo para llevar a cabo cualquier actividad. Es esta falta de ejercicio la que hace que la masa muscular de los astronautas disminuya y que, éstos, vuelvan debilitados después de una salida espacial, como bien sabemos. Pues bien, si los efectos son apreciables en los seres humanos, al verse sometidos a unos valores de gravedad inferiores a los terrestres, en estas estancias que tan sólo duran unas semanas, qué debilitamiento no tendría que haber experimentado nuestro Superman, que lleva años fuera de Krypton. Tendría que haber perdido su masa muscular ya en la adolescencia y, por ende, con ella su superfuerza. Algo que, como en sus andares, tampoco pasa. Nada más que hay que ver su musculado cuerpo de adulto.

Como se puede ver, estudiado con un mínimo de rigor, la ciencia hace muy improbable no sólo la existencia de organismos vivos [cyc08: Superman (4)], tipo humanoide, en Kryptón, sino el valor de la fuerza supermánica que el cómic otorga a nuestro héroe en la Tierra. Ciencia y superhéroes no parecen compatibles. (Continuará)

Escrito por Carlos Roque Sánchez(croque@supercable.es)

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Superhéroes y Ciencia: Superman (4)

por | 12 de octubre de 2006

La superfuerza del héroe

Todos tenemos grabado en nuestra retina la escena del pequeño y sonriente Clark, sosteniendo con sus manos la camioneta y salvando la vida de su asombrado y asustado padre adoptivo. Sabemos, o creemos saber, cual es la razón de tan extraordinaria acción: la gravedad del planeta Kryptón. Unas 14 veces superior a la de la Tierra [cyc04: Superman(2)], lo que conferiría a Superman su fuerza sobrehumana. Todo parece estar claro desde el punto de vista científico, sin embargo, hay bastantes flecos escépticos que recoger. Por ejemplo.

El niño y el camión

Es cierto que, debido a esa diferencia de gravedad planetaria, la masa que el pequeño kryptoniano podría levantar sería, del orden de, unas 14 veces superior a la de cualquier niño terrestre. También lo es el hecho de que, dada la edad en la que transcurre la escena, aquella bien podría ser de unos 10 kg (se trata de un niño de 4 o 5 años). Ambas circunstancias juntas nos dan, para el infante Clark, una fuerza capaz de levantar, alrededor de, 140 kg de masa. Una superfuerza a considerar, sin duda, pero insuficiente para levantar a la vieja camioneta que debía pesar, a ojo de buen cubero, más de dos toneladas. Un grueso error de cálculo.

Por otro lado, para que un cuerpo pueda sostener a otro, ha de tener de masa corporal un porcentaje de la del cuerpo que sostiene. Considerando que éste fuera del 75% y dado que el camión tiene más de dos toneladas, a pesar de la ventaja gravitatoria debida al cambio de planeta, nos darían unos 105 kg de masa para un niño de 4 años. Demasiado gordo tal vez ¿Cómo aguantaba la sillita donde se sentaba? ¿Qué decir de la cuna? Y lo que es peor, ¿qué nefastas consecuencias se derivarían de tal masa corporal para sus, humanas no lo olvidemos, estructuras ósea y muscular e, incluso, órganos internos? Es improbable que lograra vivir con semejante sobrepeso y, mucho menos que, además, tuviera superpoderes. Muy improbable. Otro sí, retrocediendo en el tiempo, ¿cómo pudo sobrevivir el neonato Kal-el en su planeta natal, donde la gravedad era 14 veces superior y, por tanto, catorce veces más pesado? Imposible, no hay cuerpo que lo aguante.(Continuará)


 

Superhéroes y Ciencia: Superman (3)

por | 19 de septiembre de 2006

Rumbo a la Tierra

El propio Jor-El, padre de Superman, nos dice en el relato dónde se encuentra Kryptón y la astronómica distancia que tendrá que recorrer su hijo Kal-El, futuro Superman, hasta llegar a la Tierra. Y no está, precisamente, a la vuelta de la esquina, pues ha de atravesar, nada más y nada menos, que seis (6) galaxias. Si consideramos ciertos datos cosmológicos, como el tamaño de las galaxias y la distancia entre ellas; algunas consideraciones de física relativista, como el límite de la velocidad de la luz (unos 300 000 km/s), la dilatación del tiempo a velocidades cercanas a la misma y los años que parece tener Superman al llegar a la Tierra; y las últimas aportaciones termodinámicas sobre el supuesto mecanismo criogénico que debe llevar la nave, para congelar a su ocupante y sumergirlo en hibernación. Teniendo en cuenta todos estos considerandos, lo cierto es que se obtienen unos resultados más bien sorprendentes. Uno de ellos, la duración del viaje. No en vano Kryptón está a tres millones de años-luz de la Tierra, lo que hace que, para un observador externo a la nave, aquél sea de, prácticamente, unos 10 millones de años. Algo humanamente inabordable desde el punto de vista temporal y que plantea dos grandes interrogantes: ¿Cómo sabía Jor-El qué especie animal poblaría la Tierra cuando su hijo llegara, estando tan, tan lejos? ¿Cómo llegó Superman tan niño a la Tierra, después de estar tantos, tantos años viajando?

Rappeliana premonición

Todos sabemos que la luz proveniente del Sol tarda unos ocho minutos en llegar hasta nosotros, no es instantánea aunque sí lo más rápido que se conoce en el universo conocido. Es decir, que cuando el sabio científico Jor-El enfocó su telescopio hacia la Tierra, lo que pudo contemplar fue el aspecto que tenía el planeta tres millones de años atrás, que es lo que había tardado la luz en llegar hasta al telescopio. Y claro, por esos tiempos no existía, todavía, ninguna civilización humana, por la sencilla razón de que no existíamos los seres humanos como tal. Como mucho, unos primates terrestres de los que surgirían los homínidos y de entre éstos, al final, los Cromagnon que prevalecerían ante los Neanderthal. Un camino evolutivo entre millones posibles.

¿Cómo supo Jor-El la dirección que tomaría, algo tan aleatorio como, la evolución de las especies? No se sabe. Pero, desde mi punto de vista, hay una explicación. Más que una genialidad científica, lo que este buen hombre tuvo fue una premonición esotérica. Una visualización tipo Rappel que le puso en aviso sobre la supremacía humana (como los kryptonianos, qué suerte) en el planeta Tierra, para cuando su hijo arribara, precisamente, en Smallville, EEUU de América, allá por los años treinta. Qué puntería, oiga.

Deformación espacial o hiperespacio

En lo que respecta a una explicación científica del tema del transporte intergaláctico, como puede imaginar, tampoco faltan dificultades y problemas. Casi mejor tirar de algunas de esas Cosmogonías del Futuro elaboradas por la ciencia ficción. Es un asunto de complejidad casi insuperable, a menos que se encuentre algún truco pseudotecnocientífico para solventarlo. Hablo de buena ciencia ficción, muy lejos del patético e ikerizado Cuarto Milenio (tito tatin totin totin).

Y lo bueno es que existe un truco, uno además bueno. Una solución incorporada desde hace tiempo a las convenciones implícitas de la ciencia ficción, que es todo un clásico: el hiperespacio. Un tipo distinto de espacio en el que las naves pueden tomar una especie de atajo, para ir de un punto a otro del espacio normal, tardando por tanto menos. Un atajo que se produce porque este hiperespacio tiene más dimensiones, por lo que puede ser “doblado”. De modo que, dos puntos distantes en nuestro espacio tridimensional resultan ahora cercanos en éste por ser un espacio tetradimensional. Nos puede servir de modelo comprensivo para este atajo espacial del hiperespacio, el acercamiento que experimentan los vértices opuestos de un folio -separados por su diagonal cuando está extendido (espacio normal)- si los aproximamos, disminuyendo la distancia entre ellos (hiperespacio). (Continuará)

Escrito por Carlos Roque Sánchez(croque@supercable.es)

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