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Brass Sun: La rueda de los mundos

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Página de Brass Sun: La rueda de los mundos, de 2000 AD por ECC Ediciones

Edición original: Brass Sun: The wheel of worlds
Fecha de salida: Junio de 2015
Guión: Ian Edginton
Dibujo: I.N.J. Culbard
Formato: Tomo cartoné, 208 páginas
Precio: 20,50 €

Es prácticamente un hecho que al habitual lector de cómics, ya sea de superhéroes o no, le interesa un mínimo la ciencia ficción, el género de aventuras o la fantasía de cualquier tipo. Los cómics y estos géneros van casi siempre de la mano y es fácil viajar de uno a otro ante un abanico de posibilidades ilimitado.

El guionista Ian Edginton y el dibujante I.N.J. Culbard mezclaron un poco de todo hace tres años cuando empezaron una aventura titulada “Brass Sun”, de la que fueron publicando hasta un total de tres episodios que se recopilaron en el “Brass Sun: La rueda de los mundos” que tenemos entre manos. Ciencia ficción con algo de religión de por medio, aventura que bebe de los referentes del género y cierto toque de steampunk para terminar de aliñar el conjunto son algunos de los ingredientes de esta obra que lleva varios años enamorando a sus lectores, pese a estar todavía inconclusa.

La historia la protagoniza una joven llamada Wren que descubre muy a su pesar que el mundo que la rodea está muriendo porque el sol artificial en torno al que gira su sistema solar mecánico se está apagando. En su mundo la gente busca respuestas en una religión totalitaria que niega cualquier cosa fuera de su credo y castiga con la muerte a los herejes, pero para poder solucionar la situación tendrá que hacer frente a sus miedos y dejar atrás todo lo que conoce, embarcándose en un viaje que la llevará a visitar mundos que ni siquiera sabía que existieran y conocer a gente de lo más variopinta.

Y es una idea muy interesante, pero le falta algo más de desarrollo.

Página doble de Brass Sun: The wheel of the worlds

Incluso antes de empezar, en un artículo escrito por el propio Ian Edginton para explicar cómo surgió la idea, queda claro que la historia se escribió prácticamente de un día para otro. Si bien eso es un detalle que sirve para mostrar como de claro lo tenía, también nos deja entrever que el desarrollo podía haber sido mayor y esa misma sensación es la que queda en varios momentos de la lectura.

Página de Brass Sun: The wheel of the worldsNo obstante, la idea es muy buena y está realmente bien pensada, despertando el interés del lector desde el principio. El desarrollo de la trama para terminar buscando las llaves, los diferentes personajes, como se relacionan entre ellos y el eje central de una historia que pretende restaurar el sol artificial son elementos bien pensados que hacen que todo fluya solo, cimentándose en una base desconocida que poco a poco se nos irá revelando. La figura del relojero ciego está presente desde el principio, sobre todo como un mito que ha sido adoptado por la religión del mundo de Wren, y la historia de cómo creó el sistema solar artificial se nos explica en varias ocasiones son sutiles diferencias que vienen marcadas por lo que vamos conociendo sobre la verdad que hay detrás de todo.

El trasfondo creado para cada uno de los mundos visitados crea un ambiente único en el que el poder corrupto se apodera de todo y las intrigas y las traiciones cobran un protagonismo que casi consigue eclipsar la trama principal del cómic, siempre presente. La desconfianza está ahí en todo momento y la vemos desde el principio cuando el abuelo de Wren le revela la verdad, cuando la chica descubre las uniones entre mundos y conoce al jefe de estación y al revisor 17 o al resto de personajes que parecen más preocupados por su propia integridad que por evitar que el sol se apague. El tiempo pasa, las cosas se asientan y la búsqueda continúa, como si se tratara de un épico viaje por todo el universo en busca de las bolas de dragón. Algo que a priori no parece original pero que funciona a las mil maravillas y acompañado por el resto se convierte en una pieza única.

Página de Brass Sun: The wheel of the worldsPero entonces llegan las pegas que ensombrecen el acabado de esta maravillosa historia. Por un lado, que está inconclusa y no parece que haya planes de seguir después de donde acaba el tercer capítulo (recordemos que los tres se recopilan en este tomo). Este hecho hace que aunque la lectura se disfruta desde el principio hasta el final, una vez llegamos a la última página la cara de circunstancia que se queda al ver que no está ni mucho menos acabado puede matar un poco la satisfacción de la lectora. No es que empeore la experiencia pero sí la deja inacabada, igual que la historia. Por ejemplo, sabemos más acerca del relojero ciego y por qué creó ese sistema solar mecánico, explicando además algo sobre la cronología del mundo, pero nunca llegamos a saber quién o qué es Modernidad y qué busca exactamente.

Por otro lado, probablemente el que es el gran problema del cómic que quizás echará para atrás a algunos, es el dibujo. Culbard tiene un estilo raro, muy peculiar y realmente feo. No tiene una técnica definida y en todo momento deja una impresión de que se ha hecho en poco tiempo y sin ganas, por ser demasiado sencillo y carente de cualquier método aprendido en una escuela de arte. No hay detalles. Los contornos están hechos deprisa y corriendo, como si su lema al hacer las cosas fuera el de terminar con un “da igual, así se queda”. Los personajes rozan la caricatura y sus rostros tienen unos rasgos muy exagerados que incluso provocan que a veces no se sepa muy bien si son hombres o mujeres. De hecho, al ver la portada la primera vez pensé que el protagonista era un hombre y me sorprendí al empezar a leerlo.

Página de Brass Sun: The wheel of the worldsLo mismo pasa con la ropa o el pelo de los personajes, que está hecho sin ningún cuidado y de cualquier manera, e incluso con la hierba. Todo está apresurado y se ve que no sabe hacerlo. En general no hay fondos, son planos o con sombras simples (a veces un conjunto de rayas sin más), y cuando los hay es todo lo mismo. Los pone porque necesita un poco de contexto pero no hay trabajo detrás de ellos, es demasiado simplista y la impresión global es la de que el dibujante es realmente vago.

Lo mismo pasa con el entintado o el color, que igual que el dibujo denota una falta de esfuerzo y una técnica ausente que intenta suplirse con un uso apresurado de Photoshop (o el programa que corresponda). La respuesta a todo es la herramienta del bote de pintura y cuando hay que poner sombras se hace con pinceles de tamaño grueso y sin definición, que además dan un efecto rugoso muy raro que hace que la piel de los personajes parezca más irregular que el pelo. Además, las veces que se usa contraste entre los colores no está nada bien aplicado, usando mezclas mal hechas que incluso llegan a molestar por contar con colores mal elegidos que son demasiado vivos.

Básicamente podríamos resumirlo en que el dibujo no está a la altura, en ninguno de los aspectos.

Si sois capaces de perdonar que el dibujo esté muy lejos de ser una maravilla y que la historia no solo no esté terminada sino que no tiene pinta de hacerlo en un futuro próximo, pero os gusta la ciencia ficción, la aventura y los mundos en los que todo es posible, “Brass Sun: La rueda de los mundos” es una genialidad. Y hay que reconocerle que incluso con esas pegas es un cómic que se lee con suma facilidad y es extremadamente atractivo. Con otro dibujo estaríamos hablando de una obra maestra, ahí queda eso.

Javi Garcia

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