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Los hijos del crepúsculo

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Portada de Los hijos del crepúsculo

Edición original: The Twilight Children núms. 1 a 4 USA
Fecha de salida: Abril de 2016
Guión: Gilbert Hernandez
Dibujo: Darwyn Cooke
Formato: Tomo cartoné, 128 páginas
Precio: 14,95 €

Colgamos la capa por un momento para poner nuestra atención en la primera colaboración que hicieron Gilbert Hernández y el ya fallecido Darwyn Cooke, “Los hijos del crepúsculo”, una novela gráfica algo diferente que se nutre del misterio y la magia para crear una atmósfera en la que cualquier cosa es posible. La obra, publicada por Vertigo originalmente y en España por ECC, se aventura a contarnos lo insólito de la aparición de una esfera de luz en un pueblo costero y sus extrañas consecuencias. Algunos de los habitantes del pueblo, lejos de sorprenderse por esa peculiar aparición, acostumbrados a este tipo de sucesos, se comportan como si fuera lo más normal del mundo hasta que las apariciones empiezan a ser más frecuentes y las consecuencias mucho más notorias.

Las cegueras intermitentes, las desapariciones inesperadas, los fenómenos meteorológicos impredecibles o las pérdidas de memorias son solo algunas de las consecuencias provocadas por razones desconocidas, a lo que se suma la llegada de nuevos visitantes al pueblo: un científico en busca de respuestas, agentes del gobierno que llegan para recabar información y una misteriosa joven de cabello blanco de la que nadie sabe nada. Pero no olvidaremos que se llama Ela.

Muchos frentes abiertos, aparente e inquietante calma en el pequeño pueblo y una enorme cantidad de preguntas a la que los habitantes no pueden o no quieren responder es con lo que se plantea un desafío al lector, que deberá armar las piezas y encontrarle un sentido a todo o al menos disfrutar del viaje.

Viñeta de Los hijos del crepúsculo

Como premisa, la historia es realmente interesante y nos recuerda a grandes clásicos modernos del cómic de ciencia ficción, incluidos los grandísimos trabajos de Léo en “Los mundos de Aldebarán”, salvando las distancias. Ese aura de misterio que envuelve a un grupo de gente normal, con sus taras y sus pasados dispares, le da mucha vida y color a un cómic que despliega un enorme potencial desde el principio.

Página de Los hijos del crepúsculoSegún vamos pasando las páginas el misterio va creciendo y la forma en la que los locales y los visitantes se aproximan al problema solo sirven para mostrarnos que ninguno tiene la menor idea de lo que está ocurriendo. El único que parece saber algo es Bundo, el borracho del pueblo, aunque después de lo ocurrido con su familia nadie va a creer nada de lo que cuente el pobre viejo. Al mismo tiempo, otros personajes se apresuran en establecer vínculos y en tomar decisiones precipitadas que crean una dinámica algo tóxica entre ellos pero que dentro del cómic funciona muy bien para aportar algo más de salsa en los mometos de investigación y mayor calma.

Hernandez traslada bien el suspense al lector, con toques de humor bien conseguidos y cierta relajación en algunos momentos, y durante buena parte del cómic mantiene el misterio bien candente, haciendo que las preguntas no paren de llegar y, ávido de encontrar respuestas, se siga adelante con la lectura. Y es aquí donde nos encontramos con el mayor problema si lo que uno espera es que, al final, haya una respuesta a todos los enigmas planteados. No vamos a destripar el final, porque esta no es la intención de la reseña, pero sí que podemos avanzar que la resolución es algo tosca y demasiado conveniente, restando enteros al conjunto de una obra que hasta entonces había sabido mantener el tipo y crear grandes expectativas con muy poco.

Página de Los hijos del crepúsculoEn lo que respecta a la parte de Darwyn Cooke, artista del cómic, ninguna queja. El dibujante utiliza su estilo característico para animar la villa en la que trascurre la historia con mucha gracia y elegancia. Es un estilo simple pero con mucha personalidad y desbordante de trabajo y buenos detalles, quedando patentes en la sencillez y eficacia de las composiciones y el acierto con el que se han escogido cada una de las escenas de las viñetas, siempre llenas de movimiento y expresividad. La llegada de la chica del pelo blanco rompe todos los esquemas en la historia y ese mismo desconcierto se traslada al lector con el dibujo gracias a la mirada perdida del personaje, su inocencia y ese halo de misterio que la rodea. El trabajo está más que bien hecho y es uno de los puntos más fuertes del cómic.

Dicen que a veces lo importante de un viaje no es el destino sino el propio viaje, y en “Los hijos del crepúsculo” tenemos un claro ejemplo de esa máxima. Desde el planteamiento del gran misterio que rodea a las esferas luminosas, el interés del gobierno y la llegada de Ela los autores nos mantienen pegados al cómic con ganas de descubrir qué hay detrás de los haces de luz. Es posible que la resolución no termine de convencer a todo el mundo, pero de alguna forma había que cerrar esta historia autoconclusiva. Si, como digo, valoramos el viaje y no el destino final, la experiencia merece la pena por lo diferente de la apuesta y lo interesante de la premisa original. Es una buena recomendación si lo que se busca es refugiarse en una lectura agradable alejada del ajetreo y la acción superheroica.

Javi Garcia

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