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Superhéroes y Ciencia: Barrabás

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A nadie escapa lo que de delicada tiene la relación ciencia-religión. Dos malos compañeros de viaje si viajan juntos, ya que son inmiscibles como el agua y el aceite. Justo donde acaba uno empieza la otra.
Les cuento esto porque el dúo ciencia-creencia lo podríamos convertir, en este caso, en trío gracias a la magia del cine. Me explico.

La cinta que detuvo al Sol

Sólo una vez en la historia del cine se ha filmado un eclipse real como parte de una escena de una película. El eclipse total de Sol filmado fue el del quince de febrero de 1961 y se pudo observar en Europa. La película fue producida por Dino De Laurentiis, dirigida por Richard Fleischer y estrenada en octubre de 1962, su título “Barrabás”.


La decisión de filmar un eclipse real para la escena de la crucifixión, fue tomada sólo 48 horas antes de que ocurriera el fenómeno. Entre actores y técnicos se movilizaron ochenta personas hasta Roccastrada, a ciento veinte kilometros al norte de Roma. A pesar de los muchos problemas que el director de fotografía, Aldo Tonti, planteó que tendría la grabación, de Laurentis insistió. No le importó que no se hubiera hecho antes, y que se desconociera la reacción que podrían tener los actores. Ni que se trabajara literalmente a oscuras, sin conocer los tiempos de exposición, las velocidades del filme, la escala de imágenes y la luz de fondo más apropiados. Por no nombrar que la escena sería única: si un actor se equivocaba no se podría decir “corten” y repetir. De Laurentis dio prueba una vez más de su fidelidad a una idea : “la acción debe ser lo más real posible”. No es raro que la película se ganara el título no oficial de “la cinta que detuvo al Sol”.

Silencio se rueda

Utilizaron tres cámaras. Una con teleobjetivo para filmar el fenómeno, otra para los acercamientos a la cruz y la figura de Jesucristo, y una tercera, la maestra, para la escena de las cruces y el eclipse en el fondo. El propio Tonti cuenta sus angustias: “Eran las 7:30 a.m. faltaban seis minutos para la totalidad del eclipse, y aún no había podido medir la intensidad de la luz, con el Sol de frente. No tenía ni idea de lo que sucedería. Estaba preocupado”.

“Faltando dos minutos noté que la cámara maestra registraba halos y refracciones ópticas, así que me dirigí hacia Fleischer y le informé que la movería. No dijo nada; simplemente estaba paralizado. Fue el instinto. Moví la cámara para que el eclipse diera exactamente en el centro de la lente, lo que eliminó las refracciones y esperé”. Como confesó con posterioridad uno de los operadores: “ha sido mi más bella escena en 30 años de carrera.”

Escrito por Carlos Roque Sánchez(croque@supercable.es)

Carlos Roque Sánchez

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