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Superhéroes y Ciencia: Ciencia-ficción y Ciencias Sociales (VI)

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(Continuación) Y en el otro extremo de esa evolución de la que les escribía hace unas entregas, se encuentra el superhéroe que les traigo a este negro sobre blanco bloguero.

Un personaje más de este mundo de los cómics que conserva muchas de las peculiaridades de los superhéroes clásicos, entiéndase: capacidad de volar, superfuerza, visión de rayos X, inmunidad a los proyectiles, etcétera.

Y, naturalmente: capacidad de sacrificio, nobleza, sentido del deber, generosidad, vocación de servicio, responsabilidad, altruismo, honradez,…

Es decir lo esperable y esperado por, y para, ese público entre infantil y juvenil, al que estaba destinado. Para él y su idealista escala de valores. Recuerden si no.

Quién de pequeño no quiso ser Superman, tener sus superpoderes, y con ellos dedicarse a salvar a la gente. Yo al menos lo quise. No tengo ningún pudor en reconocerlo.

Como también reconozco que hoy día, con el paso de los años, ya no lo veo así. Casi suscribo en su totalidad una cita del escritor estadounidense Philip K. Dick (1928-1982), la que dice: “Sería un desperdicio que los humanos tuviéramos superpoderes. Sólo los utilizaríamos para fines mediocres, cuando no criminales”.

Si lo piensa, es más que probable que usted también la comparta. Bueno, o no. Lo dejo aquí. Me lo cuentan si lo ven pertinente.

Conservadurismo en retroceso

O llevar (vuelvo a la escala de valores) la ropa interior por fuera. Ya saben por donde voy. Bueno, esto último no. No en mi caso, al menos. Ni de pequeño, ni ahora. Que conste.

En definitiva, que marchando una de alineamiento físico y otra de lisura psicológica, a partes iguales.

O en síntesis, que ingenuidad en estado puro, y en los tiempos que corren (que corrían, les hablo de los años ochenta del siglo pasado).

Sin embargo, del conservadurismo que les apunto, ya había indicios en aquellos tiempos, que hacían pensar que dejaría de estilarse.

Un conservadurismo les decía que, no obstante, no le impide mostrar una nueva cara de los superhéroes. Una vuelta de tuerca más en esta dinámica de ficción, que le cambia la forma sin que se vea afectado el fondo.

Una habilidad. Pues es sabido que todo ha de cambiar para que nada cambie. En este caso un giro hacia la comedia.

Eso es lo que representa nuestro personaje de hoy, el protagonista de una serie de televisión.

El gran héroe americano (la serie)

Ese era el nombre de la serie televisiva que se estrenó en los EEUU a comienzos de 1981, y que a España llegó en 1984. Tres (3) temporadas y cuarenta y cinco (45) capítulos del, para mí, superman más torpón que, vestido de rojo y con rizos rubios, haya existido.

Un superhéroe con pinta de todo, menos de ser una amenaza para los malvados. Porque nuestro personaje viene a ser una versión torpe de Superman (no sabía volar y mucho menos aterrizar). Una adaptación cómica que lo humaniza.

Es ahí donde radicó su éxito. En ese detalle de cambiar acción por comicidad. Por si no lo recuerdan les resumo el argumento.

La serie está basada en las peripecias que vive durante un viaje por el desierto, el profesor Ralph Hinkley, al que unos extraterrestres, que aterrizan con su nave espacial, le entregan un traje que le confiere algunos superpoderes.

Lo que se conoce como un encuentro en la tercera fase con regalito incluido. Y con él puesto puede volar, ver a través de las paredes o ser inmune a las balas, entre otros.

El asunto de los superpoderes

Una original forma de adquirir poderes sobrehumanos, bien diferente de la de los superhéroes serios, recuerden: viajes espaciales, origen extraterrestre, radiactividad nuclear, mutación genética o alta tecnología.

En esta ocasión su origen es de naturaleza alienígena. (Continuará)

Carlos Roque Sánchez

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