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Superhéroes y Ciencia: De la muerte de Gwen Stacy (Tercera Parte) [15]

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(Continuación). Habíamos dejado la entrega anterior en lo inapropiado de la respuesta científico-técnica del binomio Peter Parker-Spiderman. Y eso que es el bando de los buenos. Pues estamos bien. Como consuelo sirva el saber que no queda mejor el de los malos. El que conforman Norman Osborn y su alter ego el Duende Verde.

“¡Idiota romántico!”

Así le espeta el histriónico Duende al atribulado Spiderman: “¡Idiota romántico!”. Una provocación con la que pretende ridiculizarlo por la trágica pérdida, y que no hace más que dejar en entredicho, la formación científica de la que hace gala. Porque continúa diciendo:

“¡Murió antes que tu red la alcanzara¡”
“Una caída desde esa altura mataría a cualquiera… ¡antes de llegar al fondo!”.

Éste es otro para el que la magnitud momento lineal y sus teoremas están de más. Para ellos como si no existieran. Misera física. La respuesta es más propia de gnomos y hadas de cuento infantil, que de un archimalvado duende verde de cómic juvenil.

¿Desde cuando una caída, aunque sea desde 100 m de altura, provoca un shock mortal? ¿Dónde se ha visto eso? Un pensamiento un tanto “verde” para un genio científico como Norman. Aunque sea desde tan alto, ni siquiera la velocidad de caída le sirve de argumento. Sólo hay que hacer los cálculos.

¡Marchando una de Cinemática!

Hagamos el planteamiento más sencillo posible. Supongamos:

– despreciable el rozamiento con el aire (µ = 0),
– una aceleración de la gravedad constante (g = 10 m/s2),
– una trayectoria recta y
– que parte sin velocidad inicial (v0 = 0) en vertical. Aunque Gwen es empujada y adquiere, por tanto, velocidad en su componente horizontal, no la tendremos en cuenta en el cálculo de la velocidad final.

Con estas limitaciones, la desgraciada joven describirá un movimiento de caída libre, recto y uniformemente acelerado (MRUA), cuya velocidad podremos calcular a partir de la ecuación:

v2 – v02 = 2 · g · Δh

con el criterio de signo matemático y tomando el sistema de referencia en la superficie del agua,

v2 = 0 + 2 · (-10) · (-100) = 2000 ► v = – 44,73 m/ s = – 161 km/h

El significado físico del signo menos de la velocidad, es el de indicarnos que el cuerpo se mueve en el sentido tomado como negativo. Que cae, vamos. El valor de su módulo, como vemos, no es nada del otro mundo. Y eso que no hemos tenido en cuenta el rozamiento con el aire, que lo reduce. No insisto más en el cálculo porque, si el mero hecho de caer mata, ¿cómo se explica la supervivencia de miles y miles de paracaidistas, saltadores de caída libre, etc?

No. No tiene sentido. La aprensión que provoca una caída no suele matar a nadie. La caída no es la causante de la controvertida muerte del amor del héroe arácnido, como dice Duende. Éste es otro preámbulo de mala ciencia-ficción. Pero si el fenómeno de la caída no es la causa, ¿qué la mata entonces?

Cuestión de frenada

Ya lo hemos apuntado con anterioridad. La mata el fuerte tirón que sufre su cuerpo, al ser frenada por la telaraña del superhéroe, un instante antes de chocar con el agua. Un mortal frenazo en seco ¡Pero ojo! Si no la hubiera detenido la telaraña de su amado, Gwen, habría muerto por el choque con el agua del río. Otro tipo de frenazo, éste casi en seco, pero igual de mortal.

Aunque no es un hecho muy conocido, la mayoría de las muertes producidas en las caídas desde cierta altura a ríos, embalses, etc no lo son por ahogamiento, sino por la rotura del cuello. La parte más débil del esqueleto humano. Precisamente donde está escrito el famoso “SNAP” (en español sería algo así como “CRAC”) en la viñeta del cómic. Es la onomatopeya del crujido de su cuello al romperse. (Continuará)

Carlos Roque Sánchez

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