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Superhéroes y Ciencia: El escudo del Capitán América (2)

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(Continuación). Con su blanca estrella centrada sobre un fondo azul y rodeada por tres círculos rojo, blanco y rojo, el escudo constituye el elemento diferenciador de nuestro superhéroe. Bueno, también, está su uniforme. Máscara azul con alitas blancas de águila en los temporales y una ‘A’ blanca en la frente. Camiseta azul con mangas blancas, una gran estrella blanca en el pecho, rayas blancas y rojas verticales en abdomen y espalda. Pantalones azules, guantes y botas rojas. Lo esperable en un superhéroe. Cuestión de imagen.

Pero el uniforme sólo oculta su personalidad. Lo que le termina de convertir en un superhéroe es su escudo. Un arma indestructible, con fantásticas propiedades.

Las propiedades del escudo

Desde la ciencia-ficción son varias pero casi ninguna es explicable por la ciencia. Qué se le va a hacer. No siempre ésta es capaz de llegar donde aquella. Una de ellas es su inusual forma de volar. Que en el cómic se justifica por una extraordinaria aerodinámica, lo que explicaría también la peculiar resistencia que ofrece al aire. Bien, de entrada, el cambio de forma que experimentó, de triangular a circular, ayuda algo pero, la verdad, no mucho. Desde el punto de vista de la Física, no es comprensible su comportamiento como si de un boomerang se tratara, por mucha destreza que el Capitán América tenga en su manejo. Sencillamente, su movimiento va en contradicción física con su forma. Y ni hablar siquiera de los dispositivos electromagnéticos que dispuso en el escudo Iron Man, para que retornara a la mano de Rogers. Una total violación de la Mecánica de Newton y el Electromagnetismo de Maxwell. Mejor no entrar. Al menos por ahora.

Otra propiedad es la alta resistencia a la penetración y la rotura, relacionada con un fuerte enlace metálico. Que va acompañada de una gran capacidad para soportar enormes temperaturas sin cambiar de estado, lo que implica un elevado punto de fusión (PF). Y de una notable posibilidad para absorber todo el espectro de radiaciones electromagnéticas, que está ligada a un determinado comportamiento electromagnético. Estas propiedades se completan con la cualidad de ser capaz de golpear, cuando es lanzado, con aproximadamente un 98 % de su energía, lo que nos habla de una extraordinaria elasticidad.

Demasiadas propiedades (mecánicas y electromagnéticas) juntas quizás. Y algunas de ellas incompatibles entre sí en la naturaleza, según los modelos corpusculares y ondulatorios de la materia, que el hombre maneja. Todo apunta a una escasa probabilidad de existencia real. Sin embargo todas ellas son compatibles en el cómic, merced al genio de su inventor, lo especial de su composición y estructura, y el fortuito modo de su producción. Es lo que tiene la ciencia-ficción, que hace posible lo improbable y, además, no lo tienen que probar.

¿Quién lo diseñó? ¿De qué está hecho? ¿Cómo lo consiguió?

El escudo fue creado por el doctor Myron McLain, un experto investigador metalúrgico contratado por el gobierno estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. Su misión era producir una aleación resistente, que pudiera ser utilizada en el blindaje de los tanques. Empezó trabajando con diferentes aleaciones de vibranium y acero -una aleación a su vez, como sabemos, de hierro y carbono, donde éste no supera el 2% en peso-, pero la verdad sin mucho éxito. Estaba a punto de abandonar esa línea de investigación cuando, en uno de los experimentos, debió ocurrir algo fuera de control. No se sabe que fue, ni que variable del proceso se alteró. El caso es que se desencadenó una nueva reacción química, que condujo a la obtención de un nuevo material. Un producto con extrañas propiedades, del que no se dice nada sobre cómo se obtuvo.

Lo que se cuenta acerca de que el escudo “fue forjado a mano, mediante un proceso de fundición por partículas de cera altamente granuladas en una forma cerámica ultrafina” ¿Qué significa? ¿Qué tiene de realidad científica esa parrafada? Pues, a bote pronto, ninguna. Tiene toda la pinta de ser una milonga pseudocientífica. Es mala ciencia-ficción; un camino que no lleva a ninguna parte. Por otro lado, según el cómic, el accidental experimento no se ha podido reproducir; una nueva limitación explicativa, que nos impide avanzar. Y la composición de la aleación no se puede averiguar, a pesar de los numerosos análisis a los que ha sido sometida. Otro callejón sin salida científica.

Y esto no acaba aquí. Nos queda por averiguar qué es el vibranium ¿Se trata de un mineral? ¿Un metal? ¿Una sustancia simple? ¿Un compuesto químico? ¿Una mezcla homogénea? (Continuará).

Escrito por Carlos Roque Sánchez (croque@supercable.es)

Carlos Roque Sánchez

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