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Superhéroes y Ciencia: La capacidad de adherirse (y Tercera Parte) [10]

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(Continuación) Luego el animal no se “despega” de la superficie, como lo hacemos de una cinta adhesiva, es decir, superando la fuerza que lo mantiene unida a ella. En su caso la atracción, simplemente, deja de existir por motivos físicos. Luego en esta interacción eléctrica, da igual que el material esté pulido o no, mojado o seco. Podrá haber atracción. Lo mismo que le ocurre a Spiderman, que se agarra donde sea. En ambos casos, sólo intervienen las moléculas polarizadas y la atracción entre ellas. Al anularse aquellas, deja de existir ésta. Visto así parece que está resuelto el problema, desde el punto de vista físico, una vez más. Bien. Sólo que un detalle parece no encajar, ¿por qué las patas de los gecos no están siempre sucias? De nuevo los peros.

Una cuestión de higiene

Lo digo porque, la propia respuesta anterior, porta la semilla de una nueva pregunta: ¿por qué las patas de estos animales no están cubiertas de suciedad? Es obvio que la misma fuerza que emplean para sostenerse en techos y paredes, adherirán de forma inevitable la basura a sus patas ¿Hay alguna explicación científica? La hay. Desde el punto de vista teórico, un complejo modelo físico-matemático justifica el hecho de que, cuando están separadas de una superficie las setae se limpien solas, al dejar caer la suciedad. Un fenómeno explicado por geometría apolar, que se puede comprobar. Desde el punto de vista experimental, basta con ensuciar las patas de un geco y ver cómo quedan limpias, al cabo de unos cuantos pasos. Acróbatas y limpios. Así son estos animales. Como nuestro superhéroe.

Bioinspiración

Con este término se designa una novedosa tendencia investigadora. La de aprovechar el estudio de los fenómenos naturales, para inspirarse en ellos y usarlos en nuevos avances tecnológicos. Como el del geco, cuyas aplicaciones ya han empezado a aparecer. A mediados de 2003, se desarrolló una “cinta geco”. Estaba formada por millones de fibras diminutas (su longitud es cincuenta veces más corta que el ancho de un cabello humano) y pudo soportar una figura de Spiderman de 15 cm de altura. Una prueba experimental de la hipótesis basada en las fuerzas intermoleculares. Por desgracia el proyecto no pasó a más. No resultaba comercialmente viable por su costo.

Hacia finales de 2005, se anunció la creación de unos nanotubos de carbono de paredes múltiples. Diseñados a semejanza de la estructura, con forma de hongo, de las fibrillas del geco, eran capaces de generar una adhesión del orden de unas doscientas veces mayor que la del animal.


Todo un logro. Según sus creadores, una superficie de este material de apenas un metro cuadrado, podría sostener a un coche familiar en el aire. Aún está en las fases preliminares, pero los primeros resultados son prometedores. Y las aplicaciones inimaginables.

En busca de aplicaciones

Si el material se consigue fabricar a bajo costo y en cantidades suficientes, se podría incorporar a multitud de objetos. En los zapatos por ejemplo, permitiendo y facilitando a las personas subir o bajar pendientes, demasiado pronunciadas para ellas. O en aviones u otros vehículos, como “cinta adhesiva” de emergencia y seguridad. Asimismo se emplearía como materiales de construcción, arneses de seguridad y neumáticos. Otros posibles usos derivarían de su capacidad de ser autolimpiables. Lo convertirían en la sustancia ideal para usar en el material de nanocirugía; en el de los robots que recorran Marte y otros cuerpos celestes; o para los distintos componentes de las estaciones espaciales. Todos son lugares donde la basura no es bienvenida.

¿Y de Spiderman qué?

Pues a la vista de lo visto hasta ahora, no cabe decir otra cosa. Tanto el cómic como la película del 2002, que incluye una escena mostrando unas fibras punzantes microscópicas brotando de sus dedos, tienen un fundamento científico sólido. Una vez más se cumple que:

CIENCIA-FICCIÓN + TIEMPO = CIENCIA

¿Significa que todos podremos ser Spiderman dentro de poco? Como poder, poder, puede ser. Al menos, en lo que concierne a este superpoder. Aunque todavía está por ver que el hombre logre resolver los retos que, la construcción de esta cinta geco le va a imponer a la ingeniería. Pero de resolverlos, no hay duda de que estaríamos en los albores de una generación de hombres-araña. El principio del fin, quizás, ¿de los ascensores? Tiempo al tiempo.

De lo que sí hay bastantes dudas es de que la adquisición de este superpoder implique, per se, una mejora para nuestras vidas. Lo digo porque el pobre Peter Parker no parece ser muy feliz, desde que se convirtió en Spiderman y emprendió su carrera justiciera. Ésa que, tan a menudo, le trae tantos problemas a él y a todos los que le rodean. Por suerte para la trama argumental del comic, estos problemas del joven Parker traspasan la mera acción de la historia y su estupenda dotación de efectos especiales. Lo cargan de un atractivo componente psicológico, al inmiscuirnos en la personalidad de un joven que se está convirtiendo en adulto. El proceso de maduración de un adolescente, con la disyuntiva moral que conlleva: se acaban los juegos y aparece el compromiso. Una sutil metáfora de la adolescencia. Algo nunca visto hasta entonces en un superhéroe.


Escrito por Carlos Roque Sánchez croque@supercable.es

Carlos Roque Sánchez

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