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Superhéroes y Ciencia: La capacidad de adherirse (Primera Parte) [8]

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Entre las mutaciones fisiológicas que Peter Parker experimentó al ser picado por la araña alterada genéticamente, y que le confirió características similares a la de las arañas, se encuentra la habilidad de adherirse a cualquier superficie. Ya saben, nuestro joven amigo, se puede colgar del techo como si fuera una lámpara. Subir por una pared a pesar de su verticalidad. Sostener un objeto con cualquier parte de su cuerpo. O coger un balón con solo tocarlo con la yema de un dedo. Una habilidad muy especial, sin duda, ésta de la adhesión, que parece ir en contra de la gravedad ¿Cómo lo consigue?

No parece que la respuesta sea difícil. Es bien simple: pues empleando un pegamento. Evidente ¿no? Pero, claro, ¿cómo se despega para volverse a pegar otra vez? ¡Ummmm! Una demoledora pregunta que nos lleva a un pegajoso, no podría ser de otro tipo, callejón sin salida.

Ciencia-ficción intuitiva
Por suerte hay otra respuesta. La dan los propios redactores de Marvel en el cómic, y aparece en la película de Spiderman del año 2002. Es un auténtico alarde de predicción científica, de buena ciencia-ficción. Es posible que recuerden cómo, en una de las escenas de este film, se ven brotar del cuerpo de nuestro héroe unas microscópicas fibras punzantes. Como ganchitos.


Por supuesto que con ellos sólo, no es posible que se sostenga y agarre. Son demasiado pequeños. La sujeción, por tanto, no puede ser mecánica. La interacción mecánica, sería demasiado débil para ello; máxime cuando las superficies de apoyo son más o menos lisas, sin posibilidad de agarre. No. La adherencia de Spiderman es de naturaleza eléctrica. Se produce mediante una interacción electrostática, mucho más fuerte, entre las fibras de la piel del superhéroe y las superficies con las que entra en contacto. Mas, ¿es posible que esto ocurra de forma natural? Por supuesto que sí.

Aristóteles y los gecos
Trescientos cincuenta años antes de Cristo, el gran Aristóteles ya escribió sobre la sorprendente capacidad del geco (para nosotros, salamanquesa y lagartija). Admiraba sus habilidades para trepar por todo tipo de superficies, incluidas las paredes verticales, y correr cabeza abajo por el techo. Un desafío a la gravedad. Unas cualidades que comparte con animales como hormigas, abejas, cucarachas y saltamontes. Forma parte de la necesaria evolución natural para sobrevivir, que tienen todas las especies vivas. Gracias a ella trepan por los árboles, se esconden bajo las hojas, buscan refugio o localizan los alimentos. Sobreviven.


Una adaptación, por otro lado, que permite a estos pequeños seres sujetar con una gran fuerza (hasta cien veces su propio peso), correr velozmente sobre el techo o la pared (se calcula que a 1 m/s) y desplazarse incluso sobre materiales como el vidrio pulido. Aristóteles no sabía, no podía saberlo, que no eran sus garras, ni sus púas, ni ninguna sustancia adhesiva lo que le permitían hacerlo. Era todo un misterio animal, sin respuesta dentro del por entonces, incipiente cuerpo de conocimientos de la ciencia. De hecho, el asunto no tuvo respuesta hasta hace bien poco.

¿Qué dice la ciencia?
Algo sorprendente. Ya a simple vista se puede observar que en las plantas de sus patas, los gecos tienen unas almohadillas que, vistas de forma más minuciosa, están formadas por millones de micropelos llamados setae. Que a su vez, utilizando la última tecnología cuántica, muestran estar acabados en miles de submicroscópicas terminaciones o fibrillas denominadas espátulas. Una idea de su tamaño nos la da el saber que, en un metro, cabrían dos mil millones (2 000 000 000) de estas espátulas. Gracias a ellas y a su capacidad para electrizarse, es posible que los gecos se adhieran a cualquier superficie.

Es debida a las fluctuaciones de carga eléctrica que, continuamente, experimentan las fibrillas en su movimiento y que hacen que una parte de ellas esté, por ejemplo, ligeramente más cargada de electrones que otra. Adquirirá entonces esa zona, una carga eléctrica parcial negativa que inducirá, en la parte más cercana de la superficie en la que se apoya, una ligera carga parcial positiva. Un fenómeno de influencia electrostática. (Continuará)

Escrito por Carlos Roque Sánchez croque@supercable.es

Carlos Roque Sánchez

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