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Superhéroes y Ciencia: La tela de araña, 1962 [5]

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Como bien sabemos, el escritor Stan Lee complementó las sobrehumanas capacidades de Spiderman, adquiridas por la picadura de la araña radiactiva. Lo hizo con un sorprendente fluido que el joven Peter no sólo inventó sino que fabricó. Una especie de revolucionario hilo, a semejanza de la seda de araña, dotado de unas sorprendentes propiedades, que nuestro superhéroe utilizaba de formas muy diferentes. Por ejemplo, para balancearse entre los rascacielos persiguiendo malhechores. Una científica forma de darle sobrehumana rapidez en el aire a sus movimientos. Bien pensado.

Pero en lo que no cayó el guionista, y deja en el aire, es cómo un simple estudiante de bioquímica, es capaz de semejante investigación científica. Un detalle que, paradójicamente, no pareció preocupar nunca al lector medio del cómic. Lo que le vino muy bien a Marvel, pues la libró de tener que dar explicaciones científicas sobre tan peculiar fluido.

Hilo de seda artificial

Lo que hace que, del peculiar fluido, se desconozca todo sobre su naturaleza y estructura química. Sin embargo, de la lectura del cómic se pueden deducir algunas de sus propiedades. Se le supone un polímero complejo y sintético similar al nylon que, mientras no esté en contacto con el aire, permanece en estado líquido y es muy adhesivo. Por el contrario, en contacto con aquél, la larga cadena de polímeros se trenza y forma, merced a las interacciones electrostáticas, una fibra filamentosa extremadamente flexible y resistente. Una nueva sustancia química artificial, lo suficientemente fuerte y elástica, como para usarla en las circunstancias más duras y versátiles. Como fino hilo con el que desplazarse entre los rascacielos de New York; como red para atrapar a sus enemigos; como escudo con el que proteger; o como arma capaz de asumir múltiples formas y funciones. Una maravillosa y artificial telaraña humana a imagen de las naturales telarañas arácnidas. Química humana frente a biología animal. Tecnología frente a Naturaleza.

Pero con unas diferencias. Una. Las telarañas de Spiderman desaparecen al cabo de unas horas. Bueno, en realidad se desmoronan, pierden rigidez y se transforman en polvo. Pero no desaparecen. Sólo es un intento de no generar excesiva basura y dejar la ciudad perdida de hilos. Quizás una anticipada postura ecologista del cómic. Dos. El estudiante Parker puede modificar la fórmula original, adaptándola a cada necesidad específica. Por eso en unas ocasiones la telaraña conduce la electricidad, y en otras es usada como aislante. Por último. Nuestro superhéroe no es una araña. Su cuerpo humano no puede expulsar las telarañas. Necesita, por tanto, de un dispositivo mecánico para dispararlas. Un lanzatelarañas.

Lanzatelarañas tecnológico
Uno de los elementos más característicos de Spiderman. Dos dispositivos metálicos colocados en sus muñecas y ocultos debajo del traje. Con ellos dispara a alta presión los delgados y útiles hilos, a través de una válvula rotatoria con varios orificios. Los disparadores están en las palmas de las manos y se activan con los dos dedos corazón, debiendo hacerse de forma simultánea. Una buena medida precautoria, pues así evita disparos producidos por golpes accidentales. No hay que olvidar que es mucho lo que golpea y golpean a nuestro superhéroe.

Naturalmente, estos dispositivos deben ser cargados de forma regular. Lo hace con unos cartuchos de níquel, que el superhéroe lleva en un cinturón, de latón y cuero ligero, con capacidad para treinta. Un dispositivo mecánico. Una tecnología por tanto, en su conjunto, de tipo físico-químico. Adecuada a los años sesenta pero que, en la actualidad, resulta no sólo obsoleta, sino ridícula. Sobre todo si es para un superhéroe de la categoría de Spiderman.

Hilo de seda natural
Por eso, en la película Spiderman del año 2002 la versión cambia. No es la azarosa picadura de una araña, accidentalmente radiactiva, la que desencadena todo el fenómeno spidermánico. En esta ocasión, la superaña picadora formaba parte de una investigación de ingeniería genética, y había sido sometida en un laboratorio a una mutación. De modo que es otra la naturaleza científica del fenómeno. Ya no es la radiactividad la causa de los superpoderes, sino la genética. No en vano, el siglo XXI será el siglo de la Biogenética, como el XX lo fue de la Física Nuclear, entre otras físicas. Ciencia ficción acorde con los tiempos. Una más que correcta actualización.

Lo que implica que la araña, ahora, le transmite a Spiderman también, la capacidad de producir la telaraña. Ya no es artificial, humana y química, sino natural, arácnida y biológica. Con la picadura, las células epiteliales de las muñecas del superhéroe se modificaron genéticamente, siendo capaces de fabricar, de forma natural, las proteínas que constituyen la tela de araña. No está mal imaginada la modificación orgánica. Pero queda el asunto de por dónde y cómo la dispara. Lo digo porque las arañas utilizan, como conducto expulsor de su red orgánica, perdón, el ano. Una localización que, por fortuna, no desarrolla el joven Peter, al tenerlos en sus muñecas. Una suerte, sin duda.

En cualquiera de los casos, ¿es más fantasiosa la solución biogenética de este siglo, que la radiactiva del pasado?

Escrito por Carlos Roque Sánchez croque@supercable.es

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1 Comentario

  1. Muy buen análisis… y si, es una suerte lo de que Peter no… “cague” telarañas.

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