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Superhéroes y Ciencia: ¿Quién mató a John Wayne? (I)

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A causa de un cáncer de pulmón que se le había detectado en 1963, el famoso actor estadounidense fallecía en la madrugada del 11 de Junio de 1979. Como reflejo de su vida, en su tumba del Pacific View Memorial Park de Newport, reza el siguiente epitafio en castellano: “Feo, fuerte y formal”.

Aunque por desgracia, y dado lo frecuente de la enfermedad, esta muerte entre dentro de nuestra humana normalidad, en este caso había un detalle que, en principio, la hacía sorprendente y sobrecogedora, más que nada por lo trágica.

En un periodo de tiempo relativamente corto también fallecieron 81 personas, de las 220 que habían participado en la película El conquistador de Mongolia (The Conqueror), protagonizada por John Wayne y rodada 25 años antes. Demasiadas, para ser sólo azar ¿Leyenda negra? ¿Maldición cinematográfica? ¿Qué se sabe con certeza? Como solía decir el actor: “Habla bajo, habla despacio y no hables mucho”. Pues eso.

De rodaje en Utah

El rodaje de la película, que duró tres meses, comenzó en junio de 1954. Aunque estaba presupuestado que se rodara en los lugares históricos reales, debido a la entonces existente Guerra Fría, fue del todo imposible viajar a Mongolia. Así que se optó por filmar en Utah. Era la opción natural: el desierto de Escalante y el Snow Canyon eran muy parecidos al terreno y la vegetación de Mongolia. Hasta los indios “chivwit” del desierto se parecían al tipo étnico de los habitantes nativos. De hecho fueron contratados para que interpretaran a las hordas mongolas.

Una vez finalizado el rodaje, en octubre, unos operarios debieron volver al desierto para excavar y transportar, a los estudios de Hollywood, unas 60 toneladas de arena. Se tenían que rodar nuevas secuencias de exteriores y no había presupuesto para volver al desierto. Así que se optó por rodar en estudios. Con la iluminación adecuada y el empleo de potentes ventiladores industriales, capaces de levantar decenas de metros cúbicos de arena del suelo, se podían rodar escenas como si fueran exteriores reales. Algo normal en el séptimo arte. Lo que no lo era, es el resplandor rojizo con el que la arena brillaba en la oscuridad de la noche. Un fenómeno curioso al que nadie prestó atención, ni dio importancia alguna. Un grave error, como el tiempo se encargó de demostrar.


Comienza la pesadilla

The Conqueror fue estrenada en 1956 y resultó ser un fracaso absoluto de público y críticos. La recaudación en taquilla fue miserable y la crítica aplastante. Un negocio ruinoso para su productor, el magnate Howard Hughes, que no volvió a producir ninguna otra película. No obstante, esto no fue lo peor. Lo más terrible estaba por llegar. De las 220 personas que estuvieron en el desierto o pisaron los estudios cinematográficos decorados con su arena, 91 contrajeron cáncer en los siguientes 30 años. Y de ellos 46 murieron antes de 1980. Según la revista People, 150 de las 220 personas habían desarrollado ya un cáncer para 1984 ¿Cómo se podía explicar este horror?

Dejando de lado cualquier estulticia crédula -ligada al fraudulento mundo de lo esotérico y paranormal, más propia de beocios panfletarios como Cuarto Milenio o En tierra de nadie-, algunos investigadores atribuyeron esta mortal epidemia al habitual consumo de tabaco de la época. Una hipótesis factible si no fuera porque, la incidencia de cáncer en el equipo de rodaje resultó ser cuatro veces superior a la media de la población. Demasiado elevada para ser la posible causa mortal (Continuará).

Escrito por Carlos Roque Sánchez(croque@supercable.es)

Carlos Roque Sánchez

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2 comentarios

  1. Pero, no nos dejes en ascuas… pon el resto del relato… 😀

  2. jejeje, me temo que tendrás que esperar hasta finales de esta semana para quitarte la intriga :D.

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