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Superhéroes y Ciencia: Sangre, sudor y lágrimas

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Según nos dicen los Evangelios, la noche antes de su crucifixión Cristo, sabedor de su muerte, sudó sangre mientras oraba en el Huerto de los Olivos ¿Es un acto sobrenatural o se puede sudar sangre? La afirmación evangélica, sagrada y reveladora para los creyentes, no tiene porqué ser milagrosa. No es una cuestión de fe en sí.


Desde hace años este fenómeno es conocido en medicina como hematohidrosis. Sucede cuando los vasos capilares del rostro se rompen al contraerse y dilatarse de forma extrema, produciéndose hemorragias en la capa epidérmica más próxima a las glándulas sudoríparas. Las causas pueden ser varias: un agotamiento o miedo extremos, gran ansiedad, estrés, debilidad física, graves heridas, etc. Así la sangre se mezcla con el sudor y brota por la piel. Por tanto, en principio, sudar sangre es sólo un síntoma del Cristo hombre. No del Hijo de Dios.

Tan conocida es esta sintomatología médica que ha servido, incluso, de inspiración en la literatura de misterio. En concreto, Edgar Allan Poe empleó la hematohidrosis en “La máscara de la muerte roja”, una novela donde las víctimas de una extraña plaga medieval exudaban su sangre por los poros del rostro. Ciencia ficción de la buena.

¿Se puede llorar sangre?

Pues sí. Las personas sí pueden llorar sangre. También lo hacen las ratas, bueno, no exactamente. Se lo explico. Las ratas no expulsan auténtica sangre. Se trata de un fenómeno llamado cromodacriorrea y las lágrimas sólo están teñidas de color rojo. La ticción es debida a la porfirina, un compuesto segregado por la glándula harderiana, que está situada tras la cavidad ocular. Es la única causa conocida entre los animales irracionales.

En el caso de los seres humanos, hasta donde me he podido informar, existen dos posibles orígenes para este anómalo y desconocido fenómeno. Son escasas, por suerte, y privadas las personas que lo padecen, pero el cine ha hecho pública a una de ellas. Es un personaje muy conocido: el villano de ‘Casino Royale’, la última película de 007.

El malvado LeChiffre

Ni los hombres por ser santos ni las ratas lo hacen, pero él sí. LeChiffre. Un malo que mola mucho, con su cicatriz y un extraño síntoma: llora sangre. No es un malhechor al uso. No es un loco. Ni es un megalómano. Tampoco es un científico con ansias de dominar el mundo. No tiene en sus manos alta tecnología para vender a Korea y desatar un holocausto nuclear. No. Es más sencillo que todo eso.

Le salen mal sus trapicheos en la bolsa y pierde un dinero que no es suyo, con el consiguiente cabreo de sus dueños, que ya se lo imaginan son de coco y huevo y quieren que se lo devuelva ¿Solución? Jugar y ganar una partida de poker, en la exclusiva timba de un superlujoso casino de Montenegro. Y hasta aquí les puedo contar de la ficción peliculera. Pero a lo que íbamos. En los momentos de tensión de la partida, a LeChiffre le sangra un ojo, ¿es esto posible? ¿Qué dice la ciencia al respecto?


Dice que sí. Que una de las posibles razones sería porque padeciera de dacriohemorrea: emisión de sangre mezclada con lágrimas, de etiología postraumática o tumoral. El malo en la ficción podría supurar sangre en la realidad, a causa de un tumor en el lagrimal. Un historial médico conocido. La otra posible causa estaría relacionada con una infección africana: sería una víctima del ébola. En 1976 los primeros médicos que estudiaron el virus en Zaire, manifestaron que los afectados parecían zombis que se desangraban por todos los orificios corporales, incluidos los ojos. Como el malandrín de LeChiffre de Casino Royale. Ahí está. Un ejemplo de buena ficción científica. Que como todo lo bueno cuesta sangre, sudor y lágrimas. Es un dicho.

Escrito por Carlos Roque Sánchez croque@supercable.es

Carlos Roque Sánchez

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1 Comentario

  1. Qué bueno pasar por este genial blog y estar al tanto del cine de superhéroes que por cierto nos deleita permanentemente con películas bastante seguido. Saludos!

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