Investigando a Sherlock HolmesSuperhéroes y Ciencia

Superhéroes y Ciencia: Sherlock Holmes (X)

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(Continuación) Referente a los conocimientos de Anatomía, dice de ellos que son “exactos, pero no sistemáticos”. O sea, nada regulares y reglados.

Y los de Geología los califica de conocimientos “prácticos, pero limitados”.

Por ejemplo, nuestro superhéroe, es capaz de distinguir de un solo golpe de vista, a qué clase de tierra pertenece la muestra que tiene delante de sus ojos. Algo extraordinario.

Según Watson, con su profundo conocimiento de todos los barrios de Londres, le basta con ver su color y consistencia para hacerlo. Sólo.

De modo que es capaz de, al observar las manchas de barro del pantalón o de los zapatos de una persona, decirle en qué parte de la ciudad estuvo. De nuevo observación, conocimiento y deducción en marcha.

Algo en teoría posible pero, en la práctica, poco probable. En fin. Lo dejaremos pues se trata de ciencia-ficción. Y, al fin y al cabo, es también un superhéroe. Como Batman. O Iron Man ¿Dónde está la diferencia?

Únicamente en Química, Watson, califica los conocimientos de Holmes como “profundos”. Para él, es un químico experto. Es la impresión que da.

Por eso en las novelas se mencionan con deferencia, los trabajos químicos del detective. Se hace sobre las demás aplicaciones científicas que utiliza en la resolución de sus casos. Es más que notorio.

No obstante, tendremos que ver si hay razón para ello.

Deducciones lógicas personales (mías quiero decir)


Tras conocer en este informe de Watson y la nula formación en Astronomía del detective, no nos sorprende ya tanto la anécdota de la tienda de campaña de hace unas semanas.

No nos resulta tan extraño que Holmes, por la subjetividad de su psicología y la objetividad de su ignorancia en Astronomía, se fijara en la tienda que faltaba y no en el cielo estrellado que sí estaba.

Pero del que él parece desconocerlo todo. Y cuando digo todo es todo.

Ignoro que pensarán ustedes, pero una atenta revisión de tal bagaje de conocimientos, a mí no me inspira mucha confianza.

De un lado me hace dudar de la bondad de los resultados obtenidos, a partir de la incuestionable capacidad deductiva-detectivesca de Holmes, pero sustentada en tan cuestionables conocimientos.

Y de otro, me confirma que la formación científica de Conan Doyle era, más bien, demasiada escasa y en demasiadas disciplinas.

Lo que resulta demasiado pero, si lo pensamos, no en demasía.

Lo aclaro. Al fin y al cabo, él era médico. Ya me entienden. Hay ciencias duras, ciencias blandas y artes. Cada una con sus exigencias intelectuales. Eso es así. De modo que.

Paradoja astronómica


Antes de continuar, con su permiso, voy a dar un pequeño salto atrás en el tiempo. Lo hago para explicar, porqué Watson elaboró esa relación de conocimientos de su amigo y compañero de vivienda. Qué fue lo que le indujo.

Según el relato, la razón por la que Watson se planteó la necesidad de elaborarlo tomó cuerpo cuando se enteró que ignoraba, por completo, lo más básico de nuestro Sistema Solar.

No tenía ni idea de la existencia de la Teoría Heliocéntrica de Nicolás Copérnico de 1543. Desconocía la mayoría de los cuerpos celestes.

Él, un hombre de su inteligencia y con sus inquietudes. Y a finales del siglo XIX. Es decir 400 años después.

Increíble pero cierto, según Watson. O lo que es lo mismo Conan Doyle. (Continuará)

Carlos Roque Sánchez

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