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Superhéroes y Ciencia: Soy marxista, tendencia Groucho

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Estaba escrita en el muro de Berlín. Era una, entre otras muchas, de las frases que cayeron y desaparecieron con el derribado muro. Pero, a mi entender, ésta, tenía algo de especial. Se me hace que era un bello y magnífico homenaje a un cómico. Alguien de quien en 2007 se cumplen treinta años de su muerte, y que fue mucho más que un cómico.
Julius Henry Marx, “Groucho” Marx. Treinta años sin sonrisa inteligente. Y si fuera sólo eso. Pero no. También sin mucho más.

Sin los pensamientos, del más cínico e insolente de los filósofos. De muestra estos botones:
“A quién va a creer, a mí o a sus propios ojos”.
“No permitiré injusticias ni juego sucio, pero, si se pilla a alguien practicando la corrupción sin que yo reciba una comisión, lo pondremos contra la pared… ¡Y daremos la orden de disparar!”.
“Estos son mis principios. Pero, si no le gustan, tengo otros”.
“El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio… si puedes simular eso, lo has conseguido”.

Sin el acoso, del más irreverente de los seductores. En la película “Una noche en Casablanca”, cuando le declara apasionadamente a una de las protagonistas, que es la mujer más hermosa del mundo, y ella le pregunta si es cierto, Groucho replica: “No, pero no me importa mentir si con ello saco algo”. En otra ocasión, también espetó: “No piense mal de mí, señorita. Mi interés por usted es puramente sexual”.

Sin el sonido incansable, del charlatán más verborréico. Entre sus perlas dialécticas:
“La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte …”.
“Bueno, el arte es el arte, ¿ no es así? También, por otra parte, el agua es el agua Y el Este es el Este y el Oeste el Oeste, y si tomas arándanos y los conviertes en compota como la de manzanas, saben más parecido a las ciruelas que al ruibarbo. Ahora, uh… Ahora dime lo que sabes”.
“No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo”.

Sin el falso bigotudo, más famoso del mundo. Julius copió de otro comediante el llevar un puro como apoyo de sus escenas y dijo, que fue por casualidad, como ideó su hilarante caminar. “Durante una representación, sentí ganas de divertirme y empecé a andar de una manera rara. La conservé porque al público le gustó”.
Luego vinieron la levita, el enorme bigote pintado, las gafas y su nombre de guerra, Groucho. Un apodo puesto por Art Fisher, porque, decía que, hablaba emitiendo gruñidos. En realidad, sin bigote, levita, gafas y andares Groucho no era reconocido por la gente. Entonces sólo era Julius Henry Marx, un ciudadano muy parecido a los demás.

Sin toda una estrella del teatro. Donde llegó a declarar: “No estoy seguro de cómo me convertí en comediante o actor cómico. Tal vez no lo sea. En cualquier caso me he ganado la vida muy bien durante una serie de años haciéndome pasar por uno de ellos”.
“He disfrutado mucho con esta obra de teatro… especialmente en el descanso”.

Sin la presencia, del más infiel de los amantes. En “Un día en las carreras”, película en la que se pasa yendo detrás de casi todas las mujeres que encuentra, se defiende ante su prometida diciendo: “¿Que por qué estaba con esa mujer? Porque me recuerda a ti. De hecho me recuerda a ti más que tú misma”.
De él es la archiconocida: “¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?”

Sin un ocurrente actor de radio y televisión. Con plena vigencia hoy día. Vean si no:
“Yo encuentro la televisión bastante educativa. Cuando alguien la enciende en casa, me marcho a otra habitación y leo un buen libro”.
Y toda una leyenda del cine que, consciente del papel de la mujer, nos suelta: “En esta industria, todos sabemos que detrás de un buen guionista hay siempre una gran mujer, y que detrás de ésta está su esposa”. O no.
Ya que, otro sí, espeta: “Nunca voy a ver películas donde el pecho del héroe es mayor que el de la heroína”.

Y todo esto sin olvidar su faceta como escritor. De su ostrario particular:
“Desde el momento en que cogí su libro hasta que lo solté no pude dejar de reír. Algún día pienso leerlo”.
“Leer mi biografía es tan estúpido como escribirla”.
“Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre. Y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer”.

Todo esto fue Groucho Marx, un genial cómico judío de principios del siglo pasado. Cuentan que, cuando le dijeron que en cierta piscina no admitían judíos comentó: “Mi hijo es medio judío, ¿puede meterse hasta las rodillas?”
Entre su humor y nosotros, la Segunda Guerra Mundial, el Once de Setiembre, nuestro Once nacional … Mucho sucedido como para que su fina e hiriente ironía fuera aceptada y tolerada hoy. Por eso, yo también, soy marxista, tendencia Groucho.

Escrito por Carlos Roque Sánchez croque@supercable.es

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2 comentarios

  1. Hola, te escribo aquí en plena campaña electoral del concurso de blogs de 20 minutos. Mi blog, III República (http://3-republica.blogspot.com ), se presenta y estaría encantado de que lo visitaras y, si te gusta, lo votaras. Y si en vez de votarlo, lo que te apetece es leerlo de vez en cuando, estaré igualmente encantado.
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  2. Un verdadero genio y con un gran dominio de la ironia y el cachondeo.
    Muy buena la entrada FeLLoW

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