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Superhéroes y Ciencia: Spiderman, un superhéroe atípico [2]

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Como simple mortal que es, Stan Lee, encarna al superhéroe en el cuerpo de un adolescente tímido, poco seguro de sí mismo y propenso a cometer errores. No muy distinto a cualquiera de los muchos chicos de todo el mundo. Pero esto es sólo apariencia. Desde el principio, el joven está agobiado con problemas personales, familiares y escolares, aunque lo sobrelleva con un fino humor. Un humor irónico, a modo de pequeño y cómplice guiño del guionista hacia el lector. Ese es el fondo.

Como superhéroe de cómic, cuentan que se lo imaginó al contemplar una mosca moviéndose por la pared. Así fue como le vino la inspiración; al menos eso dicen. Sería un joven capaz de trepar por los muros, si bien cambió de animal. No sería una vulgar mosca, sino una araña. Había nacido Spiderman, el Hombre Araña. Mientras, en el resto del mundo, los nuevos aires de cambio traían el movimiento hippy y el soviético G. Titov, a bordo del Vostok 2, se convertía en el segundo cosmonauta que surcaba el espacio. También nacían The Beatles y la Luna se presentía ya a tiro de piedra. Eran unos tiempos en lo que todo era posible. O lo parecía.

Comienza la Spidermanía
En un principio el héroe no gustó en Marvel. Le veían muchos inconvenientes: 1) las arañas no son animales que caigan, precisamente, bien a las gentes; 2) era muy heterodoxa la idea de un héroe adolescente, con una vida personal tan agitada; 3) además los jóvenes solían hacer de ayudantes de los héroes, no de los propios héroes de la historia. No. La gente no iba a comprar las aventuras de un adolescente problemático y sensiblero con un alter ego arácnido. No era negocio.

Sin embargo decidieron probar e incluyeron una historia en una revista poco rentable, que iba a ser cancelada, Amazing Fantasy. Contra pronóstico la prueba resultó todo un éxito. El guión de Stan Lee y los dibujos de un extraordinario Steve Ditko, causaron furor cuando aparecieron en el número 15 de la revista. Poco importó que comenzara con una periodicidad bimensual, el éxito de ventas hizo que pasara a ser mensual al poco tiempo. Pleno editorial.

Corría el ferragosto de 1962. Comenzaba la Spidermanía. Hoy día, cada ejemplar de ese mítico número 15 de Amazing Fantasy, me cuentan que se cotiza a 30.000 euros. Quien sabe. Es el precio que hay que pagar por el valor de la fama. En otro orden de cosas, por esos mismos días, la actriz Marilyn Monroe nos dejaba. Dicen que ya no tenía valor para pagar el precio de la fama. Que le agobiaba la mitomanía cinematográfica y le suicidaban los barbitúricos. Valor y precio.

Peter Parker, el joven
En la historia, Peter Benjamin Parker, es hijo de dos agentes de la CIA que mueren en una misión, motivo por el que queda al cuidado de sus tíos Benjamin y May, que viven en Forest Hills un barrio de Queens, Nueva York. Con el tiempo, el niño se convierte en un joven estudiante, amante de la ciencia, miope, enclenque, tímido y bastante inadaptado, de 16 años. Que debe soportar las bromas de sus compañeros de colegio, ya que la fuerza física no es lo suyo. Pero que, intelectualmente, tiene un cerebro brillante, con grandes aptitudes para la Física, Química y Biología. Un perfil humano poco abundante, es cierto, pero nada extraordinario.

Todo empieza a serlo cuando, presenciando una exhibición científica, el joven Peter es picado por una araña que había sido expuesta, de manera accidental, a unos experimentos radiactivos. Ya es casualidad, digo yo, pero vamos a lo que vamos. El líquido inoculado causa en el joven una serie de mutaciones fisiológicas, que le van confiriendo unas características, supuestamente, similares a las de una araña. Su fuerza, agilidad y velocidad aumentan de manera proporcional a las de una araña de su tamaño. Desarrolla un “sentido arácnido” que le avisa de peligros inminentes. Adquiere la habilidad de adherirse y desplazarse por cualquier muro o pared. Fisiológicamente su nuevo organismo tiene la capacidad de curar las heridas muy rápidamente, siempre que sean de gravedad media a moderada. Y además pierde su miopía. Nunca una picadura de araña dio para tanto.

Si a esto añadimos que, gracias a su privilegiada inteligencia (en esto no tiene nada que ver la arácnida picadura), se las ingenia para construir un mecanismo que le permite lanzar un viscoso producto químico, a modo de telaraña. Entonces no se puede pedir más. Con tantas habilidades especiales, el joven Parker ha adquirido poderes sobrehumanos. Él no lo sabe, pero va camino de convertirse en un superhéroe. El más desgraciado de los superhéroes (Continuará)

Escrito por Carlos Roque Sánchez croque@supercable.es

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Carlos Roque Sánchez

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