Superhéroes y CienciaSuperman / Clark Kent

Superhéroes y Ciencia: Superman (11)

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(Continuación) El buen conocimiento que el alienígena Superman demuestra tener, en algunos de sus episodios, del Electromagnetismo no se queda en las entradas de hace unas semanas.

Hoy les traigo una más, si bien es cierto que no la protagoniza el Hombre de Acero. Bueno, en realidad, sí. Aunque no es el adulto, sino el adolescente, Superboy.

En cualquier caso un asunto menor. Una mera cuestión de viaje en el tiempo.

Lo que importa es que nuestro superhéroe acredita poseer un práctico conocimiento del electromagnetismo, y en concreto de una de sus cuatro leyes-pilares, la Ley de Ampere.

Aquella que explica la relación entre corrientes eléctricas y campos magnéticos. En particular la que hace referencia a que las corrientes eléctricas generan campos magnéticos.

En esencia resulta ser la base de uno de los instrumentos más útiles desarrollados por el hombre: los electroimanes.

Como nos enseñan en la Enseñanza Secundaria, no es más que un conjunto de espiras de metal enrollado (bobina) alrededor de una sustancia metálica ferromagnética, por ejemplo hierro o acero.

Y conectada, claro, a una fuente de alimentación eléctrica.


Superboy, nº 1

Algo así es lo que construye nuestro espabilado adolescente, ya en el primer número de Superboy. Con semejante entrada demuestra que viene dispuesto a pegar fuerte no sólo a los malhechores.

También lo quiere hacer con la mala ciencia-ficción. Y para ello pone los puntos sobre la “ies”, sobre las “ies electromagnéticas”.

No les digo más. El electroimán que se construye es hasta portátil.

Un detalle que al final le jugará una mala pasada y le hará acreedor de alguna corrección científica. Pero no adelantemos acontecimientos.

Por si no lo han leído, en dicho episodio el joven kriptoniano lucha contra una banda de ladrones, que utiliza para sus fechorías unos tanques que robaron de un almacén del ejército.

Un arma terrible contra la que la policía se encuentra poco menos que indefensa. Por eso acude al rescate nuestro superhéroe. Sin pensárselo dos veces.

No hay que olvidar que él es de los buenos, de los de antes. De los que tienen claro su papel en la Tierra. No como otros. No sigo, pero ya saben por donde voy.

Y lo hace, les decía, de una forma ingeniosa a la par que científico-técnica. Decide construir un potente electroimán para atraer magnéticamente los tanques, y así dejar desarmados a los pillos. Alta tecnología de la época que necesita, obviamente, de corriente eléctrica.

Por partes

De ahí que lo primero que busque sea una dinamo que la suministre. Y que encuentra en una estación transformadora próxima y monta en un vagón vacío, enganchado a una locomotora que coge de una estación de ferrocarril. Ya tiene el generador electromagnético.

Un generador no muy diferente de las dinamos de nuestras bicicletas. No exactamente pero, en principio, lo dejaremos ahí. Así que similar, sólo que más grande. Seguimos.

Ahora hay que construir el electroimán, por lo que necesita de una bobina sobre la que enrollar kilómetros y kilómetros de cable eléctrico. Conforme más mejor.

Fácil.

La bobina es la misma locomotora, y el hecho de enrollar el kilométrico cable, una labor que le toma pocos segundos, dada la supervelocidad que sabemos es capaz de desplegar cuando lo necesita.

Et voilà.

Conecta la bobina-locomotora a la dinamo y arranca la locomotora, que suponemos estaba provista del carbón necesario. Si es así, perfecto. Al menos por ahora.

Como él mismo confiesa, tiene en sus manos el mayor electroimán que se haya construido nunca. Puede que sí. (Continuará)

Carlos Roque Sánchez

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